Filosofía en español 
Filosofía en español


Biblioteca del sacerdote

El carácter del ministerio y la posición obligan al sacerdote a hacer todos los esfuerzos posibles por vencer la ignorancia, madre de todos los errores. De aquí nace la necesidad para el sacerdote de formarse una buena biblioteca, si no muy numerosa porque esto no lo permite el precio excesivo de los libros en nuestra España, a lo menos compuesta de libros escogidos, con cuya lectura pueda atender al cumplimiento de su ministerio, a la exposición de la verdadera doctrina, y a la refutación de los errores. Creemos, pues, hacer un servicio al clero joven, especialmente al que sale de los Seminarios, indicándole las principales obras que deben formar su biblioteca. No excluimos obra alguna de las aprobadas por la Iglesia, pues en todas ellas se encuentra algo bueno, pero en la imposibilidad indicada de adquirirlas todas, señalaremos unas pocas obras entre las más fáciles de adquirir y más útiles.

He aquí, pues, aquellas que debe comprar y consultar con preferencia:

Sagrada Escritura. La Sagrada Biblia, traducida y anotada por el P. Scio de San Miguel o Amat. Esta es preferible.

Manuale isagogicum in Sacra Biblia, por el Sr. Caminero, uno de los principales colaboradores de este Diccionario, presentado actualmente para Obispo de León.

Introductio ad Sacram Scripturam, por Lamy.

Concordantiae Bibliorum: las más breves y fáciles de manejar son la de Raze.

Thesaurus Biblicus, por Mertz.

Diccionario de la Biblia, por Calmet.

Entre los expositores deben adquirirse por más compendiosos, Menoquio, Tirino, Mariana y Frassen.

Santos Padres. Thesaurus Patrum, edición de Vives en 1842.

Biblioteca portátil, de Tricalet.

Patrología, por Fessler o por Yus.

El mejor método de leer los Padres, por Argonna.

Entre las obras de los Santos Padres deben adquirirse, si es posible, las obras de San Agustín, Confesiones, Soliloquios y la Ciudad de Dios, las de San Isidoro de Sevilla, las de San Juan Crisóstomo, las de San Bernardo, especialmente el libro de Consideratione, &c.

Sagrada Teología. Summa Theologica de Santo Tomás, edición Valentina, anotada por el Sr. Perujo, Director de este Diccionario.

Prelectiones Theologicae, por Perrone: obra excelente, sobre todo en el tratado de Lugares teológicos.

Theologia Universa, por Charmes, añadida por Albrant, rector de la Universidad de París.

Uno de los mejores y más recomendables compendios de la teología, es Elementa theologiae dogmáticae, por Schoupe.

Como obras más latas pueden adquirirse Institutiones Theologicae, por el P. Alberto Bulsano, y las de Billuart o Gotti.

El presente Diccionario de Ciencias Eclesiásticas es más completo que el Enciclopédico alemán de la teología por Wetzer y Welte.

Para el estudio de la teología moral: Theologia moralis por San Alfonso de Ligorio, anotada y añadida por el ilustrado presbítero D. Miguel Sánchez; la Teología moral por Scavini, edición de Milán de 1882; y los excelentes compendios de Gury, y de D. Ramón Alsina, profesor del Seminario de Solsona.

Historia eclesiástica. Debe recomendarse en primer lugar la del Barón de Henrion, publicada bajo la dirección del Padre Baldú, y los dos tomos que este añadió relativos a España.

Como excelentes compendios, merecen ser recomendadas las obras de historia eclesiástica del Padre Rivas, del Ilmo. Sr. Aguilar, actual Obispo de Segorbe, y el Wouters, edición de Nápoles de 1862. Para dilucidar algunos puntos de historia se recomiendan el citado Wouters en sus disertaciones in selecta Hist. Eccles. capita, edición de Lovaina de 1868, y las Praelectiones de J. B. Palma, con la continuación del Sr. Perujo.

Para historia eclesiástica de España, la mejor es la del erudito crítico y sabio profesor de la Universidad de Madrid D. Vicente Lafuente, distinguido colaborador de este Diccionario, edición de Madrid de 1873, en seis tomos.

Derecho canónico. Corpus Juris canonici por Pedro y Francisco Pithoeo, edición de 1779. A falta de esta, que no se encuentra fácilmente, puede servir la edición de Lancelotti.

Entre los comentadores, merece citarse en primer lugar, González Tellez, Comment in quinque libros Decretalium, edición de 1737, y como compendio Collegium universi juris canonici, por Engel. Las obras de Barbosa son preciosísimas. La Biblioteca prompta de Ferraris es un arsenal donde se encuentra con facilidad lo principal que se busca sobre cualquier materia canónica. Entre los modernos canonistas deben citarse las obras de Bouix, Philips y De Angelis.

Para el estudio del derecho canónico, tal vez el mejor de los compendios, es Cursus juris canonici, por Maschat, y todavía más compendiado Expositio methodica juris canonici por Huguenin. Pero, sobre todo, los clérigos han de procurar adquirir, como obra que les será más útil, los Procedimientos eclesiásticos, por Salazar y Lafuente, edición de Madrid, 1868, en cuatro tomos.

Concilios. Concilium Tridentinum, es recomendable la edición de Madrid de 1785, en latín y castellano, traducción de Ayala. Entre los expositores y anotadores, aunque lacónicos, es bueno Gallemart. La obra titulada Colección de cánones y concilios de la Iglesia española dedica todo el tomo IV al Concilio Tridentino, y es de bastante interés para los españoles. Compendio de Cabasutio: Notitia ecclesiástica et conciliorum, y para los concilios españoles debe citarse en primer lugar el compendio de Villanuño, Summa conciliorum Hispaniae, y después de este Carranza y Villodas, que se encuentran fácilmente en cualquiera librería antigua. Quien encuentre la obra en dos tomos en folio que lleva por título Delectus actorum Ecclesiae universalis debe adquirirla. Migne publicó en francés un Diccionario de todos los Concilios.

Controversia. Comprendemos bajo este título muchas obras de polémica, apologética, teología, &c., que pueden servir como lectura instructiva, y que se relacionan con alguna de las ciencias arriba indicadas. En general son recomendables para esta sección todas las obras publicadas por la Librería religiosa de Barcelona. Además ha de ocupar un lugar preferente en la librería del eclesiástico; la Apología del cristianismo por Hettinger; la Religión católica vindicada de las imposturas racionalistas por el Padre Mendive; el Buen sentido de la fe, por Causette; los Heterodoxos españoles, por Menéndez Pelayo. Contestación a Draper por el Ilmo. P. Cámara; el Catolicismo comparado con el protestantismo, por Balmes: Ensayo sobre la indiferencia, por Lamennais; todas las obras de Augusto Nicolás; y como compendio, recomendable en especial al clero joven, el Apologista católico o Manual del apologista, por Perujo. También debe adquirirse la obra Respuesta a las objeciones, por el P. Franco.

Predicables. Recomendamos en primer lugar la Biblioteca concionatoria por Houdry; las Homilías del Emmo. Sr. Cardenal Monescillo, Arzobispo de Valencia; las Misiones evangélicas del Cardenal de la Lucerna; las Escuelas de los milagros y las Conferencias de Raulica; el Diccionario apostólico de Montargon, añadido por Buldú, y las Homilías de D. Bonifacio Martin Lázaro, Lectoral de Toledo. Afortunadamente, o por desgracia, son tantos los sermonarios que hay en España, que con facilidad pueden adquirirse muchos y baratos, pero los que hemos citado son los mejores para la época actual.

Mística. En esta parte no hay quien compita con los españoles, y basta citar las obras de Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Fray Luis de Granada, el P. Alfonso Rodríguez, el P. Luis de la Puente para indicar lo mejor que se ha escrito acerca de esta materia. Además no debe faltar en la biblioteca de un sacerdote, Kempis, Imitación de Jesucristo; Molina, Instrucción de sacerdotes; Señeri, El Cura instruido, y Gaume, Catecismo de perseverancia, obra muy completa y que puede sacar al cura de muchos apuros en los diversos casos de su ministerio: también son muy recomendables las obras del Padre Faber, útiles sobre todo para las personas piadosas. Sin embargo, la que lleva por título El Criador y la criatura, debiera estar en manos de todos.

Filosofía. Roselli.— González: Philosophia Elementaría: Estudios sobre la filosofía de Santo Tomás: Historia de la filosofía.— Balmes: Filosofía fundamental. Es también recomendable la Filosofía del Cardenal Zigliara, que ha servido de texto en muchos Seminarios.

Pero como dice Mach, “el mejor de todos los libros y repertorios se lo debe elaborar el Eclesiástico mismo. Al principio de su carrera, y aún mientras cursa teología, debería ya poseer un álbum, o libro en blanco, donde asentase por orden alfabético las ideas, ejemplos, sentencias, planes de discursos, divisiones felices, que le fuesen ocurriendo.

¡Qué ricos conocimientos no acaudalaría así un genio observador! ¡Qué felices inspiraciones e ideas no ocurren o se hallan en los sermones y libros que se oyen y leen, en el rezo divino, y en la misma conversación diaria con los hombres sabios! Aunque, solo apuntara los autores que tratan bien una materia, le sería ya esto de suma utilidad en lo sucesivo. Pues estos apuntes no solo graban en la memoria las bellezas e ideas preciosas que se encuentran en los autores, sino que desarrollan poderosamente las facultades intelectuales, y suministran luego un fondo inapreciable, de donde, sin la humillante nota de plagiario, puede cada uno sacar un inmenso partido.”

F. Sánchez de Luna, Magistral de Manila.