Filosofía en español 
Filosofía en español


Vicisitudes y Anhelos del Pueblo Español

Introducción ❦ Sociografía Analítica

§ IV
Las investigaciones sociológicas en España

El indagador español.– El recelo del público hacia los investigadores.– Cultivadores de la Psicología colectiva.– La inercia del pueblo.– Valor de la investigación.– El despertar.– La finalidad de las investigaciones.
 

EL INDAGADOR ESPAÑOL.– Refiriéndonos a España, se ha de confesar que sobran teorizantes y faltan hacedores, y que sólo el esfuerzo acometedor puede triunfar, ahora como siempre, dentro de la lucha obstinada y sangrienta de los «intereses creados» y de las necesidades imperiosas, de la opulencia y la miseria.

 
EL RECELO DEL PÚBLICO HACIA LOS INVESTIGADORES.– Desde hace poco más de una década, han comenzado a interesar los problemas nacionales que, explorando con solicitud y tras dilatado examen, se descubren en lo íntimo de la intrahistoria de nuestro pueblo. La gente superficial ha designado a los investigadores con el mote de eruditos, tal vez con el deliberado intento de restar lectores a los publicistas que consagraron su esfuerzo a una labor tan ardua como la que supone el irradiar luz en el pasado para descubrir los tesoros ocultos en lo más hondo de la tradición. No cabe duda que en España la imputación de un calificativo cualquiera tiene una fuerza incontrastable, y que en ocasiones el solo temor de ser víctima del ridículo detiene a no pocos escritores en sus propósitos.

 
CULTIVADORES DE LA PSICOLOGÍA COLECTIVA.– Sin embargo, ha habido un núcleo de espíritus audaces que han proseguido con perseverancia la tarea magna de devolver al acervo común, por medio de sus libros, fruto pacientísimo de constantes indagaciones, los conocimientos adquiridos después de dilatados estudios y de haber cotejado los datos recogidos en archivos, bibliotecas, museos, viajes, &c., en donde buscaron los elementos indispensables para poder comprobar las observaciones que les había sugerido la intuición intima respecto a la manera de ser del pueblo español. Joaquín Costa, Ángel Ganivet, Macías Picavea, Altamira, Unamuno y Cejador, entre los maestros, y Maeztu, Gabriel Alomar, Eloy Luis André, Gay, Albornoz y Salaverría, entre los jóvenes que conquistaron una personalidad más relevante, han contribuido poderosamente a la investigación de los acontecimientos que permanecían ocultos para los soi disant historiadores, que no supieron ver los fenómenos sociológicos a que dieron lugar las hondas crisis por que había atravesado el espíritu público, en la génesis y desenvolvimiento de la nacionalidad española, hasta llegar a su constitución actual.

 
LA INERCIA DEL PUEBLO.– Para explicarse el desvío y el recelo con que aquí se mira cuanto concierne a los estudios de psicología colectiva, hay que tener en cuenta los defectos característicos de un pueblo pobre, atrasado, que diríase se empeña en vivir fuera de la órbita de la civilización. ¿Cómo, si no, sería posible comprender la absoluta falta de simpatía por la tarea que realizan en silencio los contadísimos espíritus animosos que trabajan constantemente, sin más estímulo que el goce de trasladar al libro, dando forma plástica a los ensueños, condensando los sentimientos de la muchedumbre y seriando fielmente los ideales, las aspiraciones que laten en lo íntimo del alma popular? ¿Quién que se precie de haber cultivado un tanto la propia personalidad, desconoce el gran valor energético, la indiscutible importancia que en todo proceso de la evolución social representa el sentir vago e indeterminado de las multitudes?

 
VALOR DE LA INVESTIGACIÓN.– Todas las disciplinas modernas hallan su apoyo precisamente en el dato obtenido por medio de la observación. La Psicología contemporánea es hija del experimentalismo. La producción mental es por completo debida a la sagacidad y al espíritu de sacrificio que derrocharon los precursores de las disciplinas sociales. De cuantas manifestaciones ofrece al espectador de nuestra época la iniciativa individual, la de más transcendencia, por la variedad y riqueza de los matices y por la alteza de su finalidad, es la del ingenio aplicado al descubrimiento de los complejísimos fenómenos sociales. ¡Qué de maravillas no representan la creación del novelista, el descubrimiento del biólogo o la arenga del agitador!

 
EL DESPERTAR.– Para llegar a un estado de relativo desarrollo en la opinión pública de cualquier país, es preciso que los organismos colectivos hayan adquirido energías bastantes para darse cuenta de la misión que les compete. En España no se han advertido más que ligeros signos de desperezo del cuerpo social; y aun examinando con detenimiento las escasas manifestaciones que surgen a la superficie, el observador dotado de mediana sagacidad y un poco versado en la observación del dinamismo social, adquiere la firme convicción de que casi todos los movimientos son meramente esporádicos y reveladores del malestar en que se halla sumido el pueblo. Pero, es muy difícil, casi imposible, conceder a los distintos intentos que se han llevado a cabo para cambiar de posición, el valor ético que permitiría formular una apreciación exacta acerca de los mismos. A pesar del buen propósito que anima al investigador para sintetizar su juicio relativo al resurgir del alma española, hay que confesar que se carece de elementos bastantes para afirmar que existen fuerzas latentes capaces de determinar una verdadera corriente renovadora en la manera de ser de la nación. Es notorio que nos falta el sentido amplio que permitiría reconocer, siquiera en principio, no sólo los grandes yerros cometidos, sino también el ansia de buscar pronta y eficaz enmienda a los mismos. Nada que induzca a abrigar tales suposiciones, transciende al exterior. Si existen en la subconsciencia tales elementos, es forzoso declarar que no han encontrado medios adecuados para romper la dura corteza de la atonía general que sume al país en la inercia.

 
LA FINALIDAD DE LAS INVESTIGACIONES.– Al proponerse recopilar con solicitud las distintas concreciones de la actividad individual y colectiva de un pueblo determinado, el sociólogo ha de procurar que sus estudios respondan a una orientación definida, dirigiendo el esfuerzo investigador no sólo a recoger los datos, las observaciones, las estadísticas y todos aquellos factores que puedan servirle para formular sus inducciones, sino para ordenarlas con sagacidad, a fin de descubrir lo enigmático que existe en los procesos sociales. Sólo entonces tendrán una base sólida sus apreciaciones, puesto que estarán apoyadas en fragmentos de realidad palpitante.