φñZeferino GonzálezHistoria de la Filosofía (1886)

tomo tercero:5051525354555657585960Imprima esta página

§ 56. Filosofía de Malebranche

En su calidad de discípulo de Descartes, Malebranche comienza por demostrar ontológicamente la existencia de Dios, porque «las pruebas de la [251] existencia de Dios, sacadas de la idea que tenemos del infinito, son pruebas de simple vista», dice en la Investigación de la verdad. Pero Malebranche va más lejos que Descartes en este punto; porque, después de sentar que para conocer que Dios existe basta pensar en él (il suffit de penser à Dieu pour savoir qu'il est), añade que el conocimiento que tenemos de Dios es un conocimiento inmediato y directo, sin intervención de cosa alguna creada (Dieu que nous voyons d'une vue immediate et directe sans l'entremise d'aucune créature), afirmación que excluye hasta la idea innata de Descartes. Por lo mismo que Dios es un ser infinito e ilimitado, el ser universal y absolutamente perfecto, no puede ser representado por medio de cosa alguna finita.

Así como el espacio es el lugar de los cuerpos, Dios es el lugar de los espíritus, los cuales en í‰l viven, se mueven y son, y en Dios ven o conocen las cosas más bien que en sí mismas. Este Dios o ser infinito, si no es la única substancia y el único pensamiento o espíritu,{1} es ciertamente la única causa eficiente y verdadera, pues la razón de causa, la actividad, es perfección tan superior, tan exclusiva y tan propia de Dios, que ni siquiera puede comunicarla a las cosas creadas (il n'en peut faire de véritables causes), de la misma [252] manera y por la misma razón porque no puede hacer que sean Dios; y esto se verifica, no ya sólo con respecto a los cuerpos, si que también con respecto a los espíritus y a las inteligencias puras: Dieu ne peut même communiquer sa puissance aux créatures; il n'en peut faire de véritables causes; il n'en peut faire des dieux. Corps, esprits, pures intelligences, tout cela ne peut rien.

La consecuencia lógica de esta doctrina es el ocasionalismo universal, consecuencia que no rechaza Malebranche, antes bien la reconoce, afirmando a la vez el ocasionalismo antropológico y el ocasionalismo cosmológico. Tomando por punto de partida la teoría psicológica de Descartes, y desenvolviendo el dualismo absoluto que entraña, afirma, no ya sólo que el cuerpo no influye o no obra sobre el alma, ni ésta sobre aquél, sino que el cuerpo no es causa de sus movimientos, ni el alma de sus actos, inclusos los de entender y querer, en atención a que todos son producidos por Dios, única causa eficiente verdadera, y a que no hay ni puede haber relación alguna de causalidad, ni de un cuerpo a un espíritu, ni de éste a un cuerpo, ni de los mismos entre sí.{2} De aquí se infiere lo que he apellidado ocasionalismo cosmológico; porque, en realidad, para Malebranche el mundo no es ni puede ser otra cosa más que un vasto mecanismo, cuyas partes no tienen más relación, unión y dependencia entre sí que la voluntad de Dios, la cual es la única razón [253] suficiente de lo que llamamos orden y leyes de la naturaleza. Las operaciones y movimientos que observamos en las substancias que componen el universo, no proceden de facultades, fuerzas o cualidades residentes en las mismas, sino de la voluntad de Dios (je dois recourir à la cause générale qui est la volonté de Dieu, et non à des facultes ou à des qualités particulières), de la cual depende igualmente el enlace o sucesión que se observa entre los fenómenos naturales (destrucción del principio de causalidad), y que se apellida orden de la naturaleza: Il n'y a point... d'autres lois naturelles, que les volontés efficaces du Tout-Puissant.

A fuer de pensador que quiere permanecer católico, Malebranche procura poner a salvo la libertad humana de alguna manera, siquiera sea poniéndose en contradicción con sus propios principios filosóficos, y especialmente con las exigencias lógicas de su ocasionalismo rígido y universal. Al efecto, hace consistir la libertad humana en la facultad o fuerza que tiene el espíritu de dirigir y aplicar a los bienes particulares la inclinación natural y espontánea al bien universal e indeterminado.

Si el universo mundo depende de la libre voluntad de Dios por parte de su constitución y leyes naturales, con mayor razón dependerá de la libre voluntad en cuanto a su existencia y origen ex nihilo; pero como la voluntad de Dios se halla regulada por su sabiduría infinita, y ésta quiere o elige siempre lo mejor, debemos pensar que el universo mundo actual es el más perfecto entre todos los posibles (negación de la omnipotencia divina, necesidad del mal), y, por consiguiente, son inevitables las imperfecciones y los males [254] particulares. La oración, pues, que tiene por objeto impedir estos males, «sólo es buena para los cristianos que conservan el espíritu de los judíos».

La creación de los seres finitos presupone la existencia de ideas arquetipas en Dios, las cuales no son otra cosa más que la misma esencia divina, en cuanto imitable y participable de diferentes modos y en diferentes grados. Las verdades metafísicas que contienen y expresan las relaciones y contenido de estas ideas divinas, y por consiguiente de las esencias de las cosas creadas y existentes en armonía con aquéllas, son verdades absolutamente necesarias e inmutables, y, en el concepto de tales, son independientes de la voluntad divina. Dios pudo crear o no crear el mundo; pero en la hipótesis de su determinación a crearle, no puede dejar de crearlo, a causa de que su voluntad excluye toda mutación y toda sucesión. Después de haber creado el mundo, Dios lo conserva continuamente, de manera que la conservación de las cosas es una creación continuada de las mismas.

La teoría psicológica de Malebranche es uno de los puntos que ofrecen más confusión y oscuridad, en atención a las direcciones y afirmaciones contradictorias que se encuentran en sus escritos sobre esta materia. Unas veces sigue la dirección de Descartes, y confundiendo o no distinguiendo entre los sentidos y el entendimiento, comprende bajo este último nombre la imaginación, los sentidos y hasta las pasiones, y aun puede decirse que va más lejos que Descartes con respecto a la voluntad, la cual se reduce, según él, a cierta capacidad para seguir determinadas inclinaciones e impresiones, y a la cual más de una vez parece [255] confundir e identificar con el entendimiento y el juicio. Otras veces, por el contrario, Malebranche insiste sobre la distinción entre el conocimiento intelectual y el de los sentidos y la imaginación, y nos habla de percepción pura o del entendimiento, de percepción de la imaginación y de percepción de los sentidos, sin contar la percepción de conciencia; por cierto que atribuye a esta última menos importancia filosófica que Descartes, puesto que la conciencia, según Malebranche, sirve para conocer la existencia del alma, pero no para conocer su esencia y atributos. De aquí infiere que la idea que tenemos de la extensión y de los cuerpos, es más clara que la que tenemos del pensamiento (on n'a pas une idée claire de la pensée comme l'on en a de l'étendue) o del alma en cuanto conocida por medio de la conciencia interna. Por lo demás, para Malebranche, lo mismo que para Descartes, su maestro, la extensión y el cuerpo son una misma cosa, puesto que la primera constituye la esencia del segundo.

De todos modos, y sea de esto lo que quiera, el punto capital de su psicología, y aun pudiéramos decir de su Filosofía toda, es su teoría del conocimiento, la cual puede compendiarse en los siguientes puntos:

1.º El espíritu humano puede conocer y conoce de hecho las cosas de cuatro maneras, que son:

a) Conocer un objeto en sí mismo y por sí mismo;

b) Conocer las cosas por sus ideas o en sus ideas;

c) Conocer una cosa por medio del sentimiento interior, o sea la conciencia;

d) Conocer un objeto por conjetura.

2.º Dios es conocido por nosotros de la primera [256] manera, o sea por medio de la simple visión de su ser. Conocemos los cuerpos con todas sus esencias y propiedades del segundo modo, es decir, por medio de sus ideas arquetipas divinas, y por consiguiente vemos los cuerpos y sus propiedades en Dios. Nuestra alma nos es conocida por medio de la conciencia, al paso que los demás espíritus y las almas de los demás hombres nos son conocidos por conjetura.

En conformidad con esta teoría, Malebranche enseña que, si bien conocemos más perfectamente la esencia de los cuerpos que la del alma, no sucede lo mismo con respecto a la existencia de los primeros, cuya demostración es imposible (il n'est possible de demontrer en rigueur qu'il y a des corps), y que sólo conocemos su realidad con certeza por medio de la revelación divina.

Como complemento y a la vez corolario de su concepción cosmológica y de su teoría sobre la visión de las cosas en Dios, Malebranche proclama la infinidad del mundo de la naturaleza y del mundo del espíritu, y determinadamente la infinidad del alma humana. En efecto: Malebranche, después de afirmar la infinidad actual y perfecta del espíritu, de la materia, del número y del tiempo{3} o duración; después de añadir que las esencias son infinitas (las essences sont infinies), concluye afirmando que el alma del hombre es infinita, por lo mismo que su esencia es una en sí y separada de las demás substancias: l'í¢me de [257] l'homme est infinie, parce que son essence est une en soi, et separée de tout le reste des autres substances.

Por medio del cuerpo, nuestra alma se pone en comunicación con una parte de la materia, utilizándola y sirviéndose de ella, o sea de la naturaleza material en sus funciones; pero siendo infinita esta naturaleza, o sea el universo, es preciso admitir en él infinidad de tierras habitadas por seres inteligentes,{4} o, mejor dicho, habitadas por hombres: les habitants des planètes sont des hommes.

Lejos de detenerse en este camino por las dificultades u objeciones teológicas fundadas en la encarnación del Verbo, el filósofo cartesiano las aborda de frente, reconociendo y afirmando terminantemente que en todos esos planetas tuvo lugar la unión hipostática del Verbo con el hombre (dans chaque planète le Verbe Eternel s'est uni hypostatiquement à un homme), lo mismo que en nuestra tierra. Si los habitantes de alguno de estos planetas no habían pecado, como los de nuestra tierra o de otros planetas, en ese caso, la encarnación del Verbo debió verificarse en la forma ordinaria de la generación humana, y no en la extraordinaria en que se verificó entre nosotros, sin concurso de varón.{5}

——

{1} Malebranche confiesa que se veía tentado a considerar su propia substancia como una parte del ser divino, y su pensamiento como un modo del pensamiento de Dios: «Je me sens porté à croire que ma substance est eternelle et que je fais partie de l'étre divin, et que toutes mes diverses pensées ne sont que des modifications de la raison universelle». Afortunadamente para el filósofo francés, el Cristianismo, o sea el principio católico, le impidió precipitarse por esta pendiente panteísta, en la cual le había colocado el principio cartesiano que le arrastraba, como arrastró a Spinoza, hacia el panteísmo.

{2} «Il n'y a nul rapport de causalité d'un corps à un esprit. Que dis-je? il n'y en a aucun d'un esprit à un corps. Je dis plus, il n' y en a aucun d'un corps à un corps, ni d'un esprit à un autre esprit.» Entret. sur la metaphys., 4.º

{3} «Nous disons donc hardiment, que tout ce qu'il y a dans la nature, matière, esprit, nombre, durée, est actuellement et positivement infini.» Traité de l'infini créé, pág. 51.

{4} «Les hommes de cette terre ne pouvant profiter que d'un espace fort borné de l'univers, il faut nécessairement qu'il y ait d'autres créatures intelligentes qui profitent du reste: or, le reste étant infini, il doit y avoir une infinité de terres parsemées dans l'univers, et dans chacune des hommes qui profitent de l'espace oí¹ ils se rencontrent... Nous ne disons pas que le nombre des planètes est indéfini, mais qu'il est infini.» Traite de l'infini créé, pág. 93.

{5} «Nous inférons de tout cela, non seulement que le Verbe s'est incarné dans toutes les planètes, mais que dans celles oí¹ le peché n'est point entré, il est né comme les autres hommes.» Ibid., pág. 112.