φñZeferino GonzálezHistoria de la Filosofía (1886)

tomo segundo:12345678910Imprima esta página

§ 4. Escuela separatista o africana

Si se exceptúan San Melitón de Sardes y Atenágoras, la mayor parte de los apologistas, y con particularidad los africanos, manifiestan cierta hostilidad y una repulsión universal y pronunciada contra la Filosofía greco-romana, a la que consideran inútil y hasta nociva para el cristiano. El hombre debe buscar la verdad en los libros santos que contienen la palabra de Dios; en los profetas y los Apóstoles, y no en los [14] filósofos; en la enseñanza de la Iglesia, y no en las Academias filosóficas; en Jerusalén, y no en Atenas: Quid Athenis et Hierosolymis? escribía Tertuliano: quid Academiae et Ecclesiae?

Aunque San Ireneo, San Justino y algunos otros participaron más o menos de esta dirección separatista, es incontestable que sus más genuinos representantes son los apologistas africanos Minucio Félix, Tertuliano, Arnobio y Lactancio.

Así es que vemos ya al primero en su Octavio, diálogo en que el pagano Cecilio y el cristiano Octavio discuten sobre la verdad y excelencia de sus respectivas religiones, llamar la atención sobre la inferioridad de la Filosofía pagana respecto de la doctrina cristiana, principalmente en el orden práctico. Non eloquimur magna, sed vivimus, decía, y al hablar de las opiniones y teorías de los principales filósofos gentiles, como Pitágoras y Platón, acerca del alma humana, supone que la parte de verdad que contenían era sombra y reminiscencia de la doctrina revelada y enseñada por los profetas{1}, doctrina anterior y superior, de la que los filósofos gentiles sólo alcanzaron vislumbres y como una sombra e imitación: umbram interpolatae veritatis imitati sunt. [15]

Pero esta tendencia separatista y de hostilidad contra la Filosofía pagana, que en Minucio Félix comienza a dibujarse de una manera concreta, adquiere cuerpo y se ostenta con decisión y energía en sus compatriotas de ífrica, pero especialmente en Tertuliano y Lactancio, que son, a no dudarlo, los principales representantes de la Filosofía cristiana en este concepto, aunque no los únicos, puesto que el profesor de retórica Arnobio, natural de Sica, en ífrica, se explica en el mismo sentido y sigue esta dirección en su tratado o libro Contra los gentiles.

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{1} «Animadvertis, escribe, philosophos eadem disputare quae dicimus, non quod nos simus eorum vestigia subsecuti, sed quod illi de divinis praedicationibus Prophetarum, umbram interpolatae veritatis imitati sunt. Sic conditionem renascendi, sapientium clariores Pytagoras primus, et Plato praecipuus, corrupta et dimidiata fide tradiderunt. Nam corporibus dissolutis solas animas volunt et perpetuo manere, et in alia nova corpora saepius commeare... Non philosophi sane studio, sed mimico vitio digna ista sententia est.» Bibliotheca Patr., t. III, pág. 252.