Biblioteca Las Sectas
Editorial Vilamala, Barcelona 1935
número 12
páginas 9-12

La revolución de octubre de 1934
 

Por vía de prólogo
 

España acaba de atravesar un momento de los más críticos de su historia desde hace más de veinte siglos. La revolución de octubre de 1934 pudo cambiar el curso de la vida española, si la vida española no fuese más de lo que algunos se figuraban creyéndola desvertebrada, juzgándola acatólica, proclamándola sin pulso vital, calumniándola como insensata seguidora de las normas exóticas que querían hacer fructificar en este país recio e indómito a imposiciones que no se conformen con su modo de ser, en esta tierra que María Santísima santificó con sus plantas y los apóstoles Santiago y San Pablo engendraron para Jesucristo, en este pueblo que a veces parece dormido, no muerto, pero que en un momento dado sabe alzarse con gallardía y si no vence con Viriato sucumbe gloriosamente en Numancia, y si se ve traicionado por sus mismos dirigentes no le faltan arrestos para alzarse el 2 de mayo y arrojar ignominiosamente de la Península al que había destronado reyes y emperadores y cambiado el Mapa de Europa. España, pese a quien pese, ha demostrado una vez más ser una nación vertebrada, católica, amante de sus tradiciones y contraria a todos esos exotismos que pretenden arruinarla.

Era empeño del marxismo, unido a la masonería judaica, hundir a la España católica, hacer de ella un conejo de Indias en que experimentar las delicias paradisíacas de otra Rusia soviética, arrancar del alma de los españoles la fe y la religión a sus tan diversas regiones. Era la guerra [10] declarada a Cristo en una de las naciones que siempre ha tenido como timbre de gloria ser católica por antonomasia, para implantar el ateísmo diabólico de los sin Dios. Era la consigna del odio internacional contra nuestra patria, que algún día fue maestra de naciones y foco de cultura, que descubrió nuevos mundos, que dio vida a veinte nacionalidades en los continentes desconocidos, que aun se siente con energías para continuar una tradición gloriosa que para sí quisieran muchos pueblos de los más adelantados. Y contra España se levantaron las sectas, los partidos izquierdistas, los ambiciosos y desnaturalizados que llamándose «internacionales» reniegan de su madre y la hieren a traición, los comodones que dejaron obrar impunemente haciéndose así tan reos como los mismos enemigos que la acometieron de frente. Pero se levantó otra vez España, y demostró que no quiere dejarse ahogar y no sufre imposiciones de tiranos o verdugos.

La revolución de octubre es una página sangrienta, triste, desconsoladora; pero es al mismo tiempo una página gloriosa, llena de promesas y esperanzas, que ojalá no se frustren por falla de los Gobiernos. La revolución de octubre ha sido la prueba más evidente de las intenciones de la masonería española e internacional, el fracaso más rotundo del marxismo socialista y comunista, un borrón de ignominia para estos partidos y para el anarquismo feroz que alimentan hienas sin corazón y con brutales instintos, un estigma perpetuo para el separatismo insensato de quienes van contra la corriente de la historia y de la realidad, una condenación de ciertos métodos de gobierno seguidos desde que se implantó el nuevo régimen, el repudio más eficaz del laicismo [11] que sólo produjo odios y perversidades que ahora se pusieron en evidencia, y la eliminación completa de los ídolos encumbrados sobre la muchedumbre, sin otros méritos que su cinismo, su desvergüenza, su criminalidad.

Sobre tantas ruinas, sobre tantos escombros, sobre los ríos de lágrimas y de sangre se levanta de nuevo España, la España tradicional, la España católica, la España verdadera que quiere vivir su vida propia no mediatizada por internacionalismos sectarios, que quiere vivir su vida católica no envenenada por doctrinas sectarias, la España tradicional que es una en sus varios matices adecuados a sus diversas regiones. España se dispone a eliminar ese cúmulo de toxinas con que le han envenenado, y en mano de sus Gobiernos está el que se cumplan o se frustren estos anhelos de España.

LAS SECTAS no podía por menos de dedicar alguno de sus tomos a esta revolución, que será histórica. La historia de esta revolución no se puede escribir de momento. Pasarán algunos años hasta que se pueda decir toda la verdad de este hecho, a pesar de lo mucho que la prensa viene publicando diariamente desde que ha comenzado. Una gran parte, la más importante, de los documentos que pueden dar la razón de los hechos o ha desaparecido, o está oculta o en manos de los tribunales y de las autoridades. El tiempo nos los irá haciendo saber. Pero hay que convenir que sin estos documentos será muy incompleta cualquier relación que se haga. Por eso no intentamos escribir una historia propiamente dicha de la revolución de octubre; sólo nos propusimos reunir ciertos hechos que ha publicado la prensa y darles una forma adecuada al carácter de LAS SECTAS. Hechos que recogieron los periódicos de [12] diversos sectores, y algunos que nosotros hemos podido añadir y que son completamente verídicos. Nuestros comentarios serán poquísimos; los hechos se comentan solos, ellos hablan y dicen más de lo que pudiéramos decir nosotros. Nuestras deducciones serán sencillas y breves.

Como seguramente entre la composición de esta obra y su publicación transcurrirán algunos meses durante los cuales muchos de los sucesos que aquí se tocan se habrán dilucidado y aparecerán detalles importantes a nuestro propósito, conviene notar que este libro lo terminamos en los primeros días de diciembre; por lo tanto no se extiende más allá nuestra búsqueda.

También queremos advertir que al citar las fechas de días, si no añadimos el mes, se sobrentiende que nos referimos al mes de octubre en que tuvo lugar la revolución.

Ojalá que las páginas de este libro sirvan para llevar un rayo de luz a algunas inteligencias obcecadas y las mueva a buscar la verdad en la Iglesia de Jesucristo.

Barcelona, 8 de diciembre de 1934.


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