Filosofía en español 
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Tratado XVI. De otros estados, y oficios particulares


Capítulo III

De las obligaciones, y estado de los Médicos

11  P. Acúsome Padre, que vivo con algún escrúpulo, sobre si tengo la suficiente ciencia, para ejercer mi oficio.

C. ¿No ha cursado v. m. los años, que se acostumbran, en artes, y medicina, y graduádose, y sido examinado del Proto Médico, y practicado sus dos años con algún Médico?

P. Sí Padre, por toda esa carrera he pasado, como los demás.

C. Pues si v. m. está examinado, supongo, que tendrá la ciencia necesaria, y si después acá no ha sido omiso en estudiar, ya sabrá v. m. lo que conduce, para la expedición de su oficio.

P. Padre muchas veces nos disimulan a los de nuestra profesión en los exámenes; ya por cruzarse algunos medios poderosos, ya por algunos obsequios, y también porque tienen esperanzas, de que juntando a lo teórico lo práctico, nos pondremos mejor en las materias, y en el método de curar a los enfermos.

C. El Médico, que no teniendo la ciencia suficiente, ejerce su oficio, peca mortalmente, y está obligado a restituir los daños, que al enfermo se siguieren por su ignorancia. Ita Sylvestre verb. Medicus q. 1.

12  Dígame v. m. ¿se hallaba v. m. conducido en alguna aldea pobre, o montaña, en que no hubiese, ni pudiese haber otro Médico más docto, que curase? Porque en lugares tristes, en que no pueda hallarse Médico suficiente, no pecaría gravemente el Médico, que ejerciese su oficio, aunque no sea demasiado literado, ni docto. Machado en la suma tom. 2. lib. 6. part. 8. tract. 1. doc. 2. num. 2.

P. Otros Médicos había en el lugar más peritos y prácticos, que yo.

C. ¿Y ha muerto algún enfermo por su ignorancia de v. m.?

P. Padre, a uno tengo por cierto, que por haber errado la curación le maté.

C. ¿Y tenía el enfermo herederos, que con su muerte quedasen damnificados?

P. No Padre.

C. Gravemente peca el Médico ignorante, que ejerce su oficio, aunque el enfermo sane, pues eso es per accidens, y ya se puso a peligro de matarle; y si le mata, está obligado a restituir a los hijos, o padres, o mujer el daño, que de la muerte procedió; menos que se excuse por no tener el enfermo herederos, o por alguna otra razón, como dije en la 1 part. de la pract. tract. 5. cap. 3. num. 21. & sequent. pag. 44. y si por su ignorancia el Médico es ocasión, para que el enfermo, ya que no muera, gaste la hacienda en medicinas, o haga mucho tiempo en cama, debe restituirle esos gastos, y lo que dejó de trabajar, y ganar con su oficio, por haber estado tanto tiempo en cama; y no puede ser absuelto el Médico ignorante, si no trata de desistir de su oficio, hasta saber lo necesario para la recta expedición de su cumplimiento.

13  P. También me acuso Padre, que he sido negligente en estudiar.

C. Aunque el Médico sea docto en su facultad, está obligado a estudiar algunos ratos, pues se ofrecen muchas curaciones difíciles, y enfermedades complicadas, para las cuales no siempre es bastante la ciencia adquirida, sic Navarro en la sum. cap. 25. num 60, y no debe encargarse de tantos enfermos, que le embaracen el estudiar, o le sean estorbo, para poder visitarlos a sus tiempos; ni tampoco puede con buena conciencia prolongar las curas, sea por omisión, o porque le paguen más: y en todos estos casos está obligado a restituir los daños, que por su culpa se ocasionaren.

14  P. Acúsome Padre, que he sido negligente, en aplicarme a la curación de los pobres.

C. ¿Está v. m. conducido en algún Pueblo, con obligación de curar a los pobres? Porque si lo está de esa manera, pecará gravemente, si no los visita, y asiste.

P. No estoy conducido, ni me incumbe por mi oficio tal obligación de justicia.

C. ¿Habría otro Médico, que los curase? Que si otro Médico suficiente los curase, no tenía v. m. obligación de cuidar de ello, aunque haría una obra de mucha piedad, en asistirles con caridad.

P. Padre si no asistía yo, no había otro que les asistiese.

C. ¿Estaban esos pobres en grave, o extrema necesidad?

P. Sí Padre.

C. Obligación tiene por caridad el Médico de visitar, y asistir graciosamente a los enfermos pobres, que están en grave, o extrema necesidad, como dice Trullenc sobre el Decal. tom. 1. lib. 4. cap. 1. dub. 11. n. 6. in fine. Y lo mismo dice con Filiucio de los enfermos, que son ricos, aunque no paguen puntuales, pues puede después obligarles por justicia a que le paguen su trabajo.

15  P. Me acuso Padre, que algunas veces he obrado con alguna perplejidad en la aplicación de los medicamentos.

C. ¿Y algunas veces ha dejado v. m. de aplicar el medicamento, que sabía tenía cierto su efecto, por aplicar el que solo era probable, o dudoso? Porque no es lícito al Médico, dejado el medicamento cierto, aplicar el dudoso, o probable.

P. Nunca he dejado el medicamento cierto por el probable, o dudoso.

C. ¿Y aplicó v. m. algún remedio dudoso, para hacer experiencia de si era provechoso, o dañoso el tal remedio? Porque no es lícito al Médico, aplicar un medicamento dudoso, para hacer experiencia, de si es dañoso, o provechoso, aunque el enfermo esté desahuciado. Sic Palaus p. 1. tract. 1, disp. 2. p. 9. n. 3. cum Azor, Córdoba, Sayro, & aliis.

P. Tampoco Padre he aplicado los remedios, con ánimo de hacer experiencia de ellos con los enfermos.

C. ¿Era dudoso el efecto, que podía hacer el medicamento?

P. Sí Padre.

C. ¿Y era dudoso, que podía dar salud, y cierto que no podía dañar? Porque el Médico, que no tiene otro medicamento más cierto, ni probable, puede aplicar el dudoso como sepa ciertamente, que no puede dañar, aunque dude si podrá ser de provecho, o no.

P. No era cierto, que el medicamento no podía dañar, sino dudoso, que podía dañar, y dudoso, que podía aprovechar.

C. ¿Estaba ya el enfermo desahuciado de poder ya vivir?

P. Sí Padre, yo hice juicio, que infaliblemente se moría, si con aquel medicamento dudoso no mejoraba.

C. Cuando el enfermo está desahuciado, y el Médico no tiene remedio cierto, ni probable, que aplicar, sienten algunos Doctores, que puede aplicar medicamento dudoso, con la duda de que puede dañar al enfermo, acelerándole la muerte, o que le puede mejorar. Así lo enseña con Valencia, Tomás Sánchez en la Sum. tom. 1. lib. 1. cap. 9. n. 39. Y es la razón, porque de dos males se ha de escoger el menor: Sed sic est, que estando desahuciado el enfermo, es menos mal exponerle al peligro de que se le acelere un poco la muerte, que privarle de la esperanza de cobrar la salud con el medicamento dudoso: Luego estando ya el enfermo desahuciado, y no habiendo remedio cierto, ni probable, se podrá aplicar el medicamento, aunque se dude si aprovechará, o dañará. La contraria opinión es comunísima, y más probable, y la enseña con Ángelo, Salas, Vazquez, y otros muchos, Palao ubi supr. num. 5.

Los cuales enseñan, que en caso de duda, de si aprovechará, o dañará el medicamento, no es lícito al Médico aplicarle, aunque el enfermo esté desahuciado. La razón es; porque como habemos dicho antes, y tienen los Doctores comúnmente, no es lícito al Médico aplicar medicamentos dudosos, para experimentar el efecto, que pueden hacer al enfermo, porque le expone a peligro manifiesto de acelerarle la muerte: Sed sic est, que cuando aplica un medicamento, con duda de si dañará, o aprovechará, se pone a peligro de acelerarle la muerte al enfermo: Luego no se podrá aplicar el medicamento, dudoso de si aprovechará, o dañará, aunque el enfermo esté desahuciado de la vida.

16  También me acuso Padre, que otras veces he aplicado a los enfermos medicinas, siendo solo probables, que podían sanar.

C. ¿Tenía v. m. medicina cierta, que aplicar? Que como se ha dicho, no es lícito aplicar el medicamento probable, dejado el cierto, y seguro.

P. Padre, no tenía en esos casos medicamento cierto.

C. ¿Y tenía v. m. medicamento probable, que podría aprovechar, y no dañar? Porque si hubiese probabilidad de dos medicamentos, que podían dañar, o curar, y constase de otro, que no podía dañar, y era probable, que podría aprovechar, se había de aplicar este, dejados aquellos, que probablemente podían dañar, y probablemente podían aprovechar. Sic Caspensis tom. I. tract. II. de conscient. disput. 3. sect. 8. numer. 62.

P. Todos los medicamentos, que en el caco podían aplicarse, eran probables, que habían de aprovechar, y en mi dictamen no podían dañar.

C. ¿Y eran unos más probables, que otros?

P. Sí Padre.

C. ¿Aplicó v. m. el que le parecía más probable?

P. Como hay tantas opiniones en nuestra facultad, los medicamentos, que unos Autores califican de más probables, otros los tienen por menos probables.

C. ¿Pero según el dictamen de v. m. no aplicaba el que juzgaba más probable?

P. No siempre Padre; porque aunque yo hacía juicio, que sería más probable, sabía que otros Autores lo tenían por menos probable.

C. Dudan los DD. si es lícito al Médico aplicar medicina probable, dejada otra más probable. Tomás Sánchez supr. n. 41. siente, que peca contra caridad el Médico, que aplica medicina probable, dejada la más probable; porque está obligado a curar del mejor modo, que pudiere: Atqui, aplicando la medicina probable, dejando otra más probable, no le cura del mejor modo, que puede: Luego, &c. Lo contrario tiene con Azor, Aragón, y otros, Juan Sánchez en las Selectas, disp. 44, num. 16. Porque obrando con dictamen probable, se obra razonablemente; y porque sería cosa dura obligar a los Médicos a andar pesando cada instante la probabilidad de las opiniones. Lo otro, porque como la probabilidad de las opiniones pende del juicio de los hombres, los que tienen una opinión por más probable, otros la juzgan por menos probable. Si la opinión fuese más probable en el juicio común de los Autores, entonces bien creo, que el Médico estaría obligado a seguirla, dejando lo que comúnmente se reputa por menos probable.

17  P. Asimismo Padre me acuso, que he recetado comúnmente los medicamentos en la oficina de un Apotecario, a quien tenía algún afecto, y amistad.

C. ¿Y los enfermos estaban asalariados con otro Apotecario? Porque estándolo, haría v. m. agravio en no recetar en su botica.

P. Padre, no estaban asalariados, sino que cada cual podía libremente acudir con las recetas, adonde le pareciese.

C. ¿Y el Apotecario adonde v. m. las enviaba, daba buen recado?

P. Sí Padre.

C. Gravemente pecan los Médicos, que recetan para las boticas, en que no se gastan las medicinas de la bondad, que es justo, o que las adulteran, o minoran los Apotecarios; y así no debe fiarse el Médico de cualquiera Apotecario, ni recetar en su botica, sino en la que conociere ciertamente, que es de persona de buena conciencia, y perita en su arte; Machado ubi supra docum. 3. num. 3. Pero si el Apotecario adonde enviaba v. m. las recetas era persona fiel, y que daba buen recado, y medicinas de satisfacción, no pecaba v. m. en enviar allí las recetas por la amistad, que con él profesaba, no estando en otra parte asalariados los enfermos: con tal que v. m. no procediese con fraude, diciendo, que en otras partes de gastaba mal recado, y que solo lo daba bueno su amigo, no siendo así la verdad.

18  P. Acúsome Padre, que algunas veces he quedado con algún escrúpulo, dando licencia a algunos enfermos para comer carne.

C. ¿Tenían necesidad bastante para dispensarles? Porque así como peca gravemente el Médico, que sin causa da licencia, para comer carne, o no ayunar, o no oír Misa, o no rezar: También obra lícitamente dispensando en estas cosas, no sólo cuando la causa es cierta, sino también cuando se juzga probable.

P. Padre, comúnmente he dado licencia, haciendo juicio práctico de que la necesidad era bastante; solo una ocasión dispensé, estando dudoso de la suficiencia de la necesidad.

C. Cuando la causa, para dar licencia de comer carne, es dudosa, siente con Azor, Ángelo, Rosella, y Silvestro, Fagúndez in 4 precept. Eccles. lib. I. cap. 9. num. 3, que el Médico no puede dar dicha licencia, porque en caso de duda pertenece la dispensación al superior. Otros Autores sienten, que en este caso puede dispensar el Médico, lo cual se ha de entender, dice Juan Sánchez in Select. disp. 51. numer. 9. in fine, cuando el daño, que se duda, si sucederá, o no, dejando de comer carne, fuese grave; y tal, que si actualmente se diese, excusaría de comer de ayuno; pero si el daño, que se duda puede provenir, no fuese tan grave, y fuese tal, que aunque de hecho sucediese, no excusaría de comer de ayuno, no puede el Médico dar licencia para comer carne. La razón de esto segundo es, porque el daño, que no es grave, no excusa del ayuno: Luego menos excusará la duda del mimo daño. La razón de lo primero es, porque no hay obligación de exponer la salud a riesgo grave de perderse: Atqui, habiendo duda, que podía dañar mucho el alimento de pescado, no se diese licencia para comer carne, se exponía la salud a riego grave de perderse: Luego en caso, que se dude, que el alimento de ayuno puede hacer grave daño a la salud, podrá el Médico dar licencia para comer carne. Tengo por muy probable esta opinión con la limitación referida. Y para proceder con menos escrúpulo, si el paciente tiene la Bula de la Santa Cruzada, podrá de conejo del Confesor, y Médico comer carne, aunque la causa sea dudosa. Sic Trullenc in Bullam, lib. 1. §. 4, dub. 1. num. 8 y 9. Y no es necesario, que el Confesor de el consejo en la confesión, puede darlo fuera de ella; como tiene con Rodríguez, Villalobos en la Suma, tom. I, tract. 27. Claus. 6. n. 2. Ni es necesario, que sea Párroco, basta que sea cualquiera Confesor aprobado para oír confesiones.

Advertencia

19  Relajadísima está la materia del ayuno entre los Cristianos: muchísima es la facilidad, con que los Médicos dan licencias para comer carne: muchas veces, lo hacen por contemplaciones humanas, llevados de dependencias de la tierra, por complacer a los Nobles, por no disgustar a los amigos, por tener gratos a los poderosos, y por otros muchos fines particulares, que ellos se saben: y es brava lástima, que quieran se los lleve el diablo, por lo que otros se comen, y regalan. También suele ser muchas veces culpa de los dolientes, que ponderan demasiado sus males, y encarecen sus accidentes. Y el Médico, que muchas veces se gobierna, por lo que alega el paciente, o pretendiente, y no tiene indicios para poder verificar la calidad del achaque, puede ser que proceda con buena fe, y que toda la culpa sea del que informa mal. Celen los Padres Confesores con espíritu esta materia, ponderando a los Médicos su obligación; y a los pacientes exhortarlos a la tolerancia, y a pasar un poco de trabajo, cuando el accidente es muy penoso.

20  P. Acúsome Padre, que llegando a curar una mujer preñada, que estaba de peligro, le apliqué unos remedios, de que se siguió el abortar.

C. ¿Y directamente procuró v. m. que abortase? Porque ello no es lícito, como dice Lesio lib. 4. cap. 3. dub. 14 sub num. 96. in fine.

P. Padre, yo no procuré directamente que abortase, sino darle los remedios, que eran precisos para su salud, aunque de ellos per accidens, indirectamente, &c., praeter intentionem se siguiese el aborto.

C. ¿Había esperanza de que el niño podría alcanzar el Bautismo? Porque habiendo probable esperanza de que el niño podrá nacer con vida, y lograr el Bautismo, si no se aplican tales remedios; aunque se haya de seguir de no aplicarlos, la muerte de la madre, no deben aplicarse; pues se ha de apreciar más la vida espiritual del niño, que la corporal de la madre: Ita Petrus de Navarra lib. 2. de restit. cap. 3. num. 134. Aunque Tomás Sánchez lib. 9. de matrim. disp. 20. num. 15. siente, que es moralmente imposible, que estando la madre doliente, con enfermedad mortal, pueda nacer el niño con vida, pues viciados los humores de la madre, de que el niño se alimenta, es casi milagro, dice, que el feto no perezca. Pero el año pasado de 37 me consta nació un niño con vida, y alcanzó el Bautismo, estando su madre con una recia enfermedad, y tan peligrosa, que dentro de media hora murió.

P. Padre poca, o ninguna esperanza podía haber, de que el feto naciese con vida.

C. Y los remedios, que v. m. aplicó, ¿conducían más para la salud de la madre, que para la expulsión del feto? Porque si igualmente conducían para uno, y otro, sienten Rodríguez, y otros, que refiere Trullenc in Decalog. tom. 2. lib. 5. cap. 1. dub 3. num. 5. que no es lícito aplicar estos remedios; aunque Villalobos tom. 2. tract. 12. dific. 13 sub num. 2. § Y dice, tiene lo contrario, fundado en la razón referida de Sánchez, de que muera la madre, rara vez, y por maravilla nacerá viva la criatura.

P. Los remedios, que yo apliqué, más fuerza tenían, y mayor, y principal virtud para sanar a la madre, aunque también tenían alguna fuerza para matar a la criatura.

C. Supuesto eso, lícito fue aplicar los remedios, que directamente se ordenaban a la salud de la madre, aunque indirectamente se siguiese el aborto: Trullenc supra num. 4. y añade con Córdoba, Sánchez ibid. num. 15, que en este caso, en que es lícito a la madre, tomar esos remedios, no sólo puede el Médico aplicarlos, sino que está obligado a ello alguna vez; pues puede socorrer la vida de la madre, y hay tan poca esperanza, de que muriendo ella, pueda vivir la criatura.

Ni contra esto obsta el Decreto del Papa Inocencio XI, en la Proposición 34, porque en ella sólo condena su Santidad el decir, que era lícito a la mujer procurar el aborto, por temor de la infamia, o muerte, que podían darle sus parientes, u otros; pero nuestro caso es muy diferente, pues hablamos de la muerte, que ab intrínseco puede provenir a la madre, cuyo remedio se intenta por los medicamentos importantes, aunque estos per accidens puedan ser causa de aborto: lo cual no se condena en esa Proposición 34, como dije en la 1 parte de la Pract. tract. 10. num. 130. pag. 170.

21  P. También me acuso Padre, que a otro enfermo apliqué unos medicamentos, que tenían influjo, para expeler la materia ordenada a la generación).

C. ¿Y esos medicamentos se ordenaban de suyo directamente a la expulsión de esa materia? Porque si directamente influían en eso, sería procurar la efusión del semen. Y esto nunca es lícito, aunque importe para la salud, o para conservar la vida, como dice la común de los Doctores, y se puede ver en Tomás Sánchez lib. 9. de matrim. disp. 17. num. 15. y num. 16.

P. Padre, los medicamentos no miraban directamente a la expulsión de la materia generativa, sino a expeler otros humores, aunque de la conmoción de estos, se podía seguir la efusión del otro.

C. ¿Y había peligro de que el paciente consintiese en la delectación, que podía seguirse a la efusión de esa materia? Porque así como al paciente no es lícito tomar medicamentos, ni ejercer aquellas cosas, adhuc licitas, de las cuales prevé se ha de seguir la polución, habiendo peligro de consentir en su delectación, como dice Sánchez supra disp.. 45. num. 6. Así tampoco será lícito al Médico ordenar medicamentos, de los cuales se ha de seguir efusión de semen, si en el paciente reconoce peligro de consentimiento en la delectación venérea.

P. Padre, yo no reconocí tal peligro en el paciente, antes tenía mucho fundamento para pensar lo contrario, por ser persona devota, de buena conciencia, y temerosa de Dios.

C. Cesando ese peligro, lícito es al Médico aplicar aquellas medicinas, que directamente se ordenan a la salud del enfermo, aunque se prevea, que de ello se seguirá praeter intentionem, la efusión de la materia ordenada a la generación: Tomás Sánchez ibid. num. 9. Juan Sánchez in Select. disp.. 21. num. 33. Y cuando la materia generativa está infecta, y dañada, y se puede temer justamente, que inficione al cuerpo, es lícito al Médico ordenar medicamento, que mire a la expulsión de ese humor viciado, aunque accidentalmente se siga efusión del semen no dañado; lo cual tiene por probable Trullenc tom. 2. in Decal. lib. 6. cap. unic. dub. 8. §. 1. n. 14. La razón es, porque no es ilícito vacar a algunas obras lícitas, v. g. a oír confesiones, aunque de ello se siga efusión de semen, no procurada, ni con peligro de consentir en la delectación: Luego siendo lícito atender a la salud del cuerpo, expeliendo los viciados humores, no será pecado ordenar, ni recibir bebidas, o medicamentos ordenados directamente a la expulsión de los humores viciados, aunque indirectamente se siga la polución, que no se procura, no habiendo peligro de consentir en la delectación venérea.

22  P. Acúsome Padre, que tengo algún escrúpulo de un enfermo, que se murió sin recibir los Sacramentos.

C. Obligación tienen los Médicos de avisar al enfermo, que reciba los Sacramentos; consta ex cap. Cum infirmitas, de poenit. & remis. que determinó, que antes de curar el Médico al enfermo de la dolencia corporal, disponga se sane de la espiritual, por medio de los Santos Sacramentos. Y también Pío Quinto en su Consitución, que empieza: Super gregem, ordenó, que si después de tres días no le constare por ecrito al Médico, que el enfermo se confesó, no vuelva más a visitarle, y que cuando se gradúan los Médicos, hagan juramento de guardarlo así; aunque no en todas partes se acostumbra hacer ese juramento. Dígame v. m. ¿era de peligro la enfermedad, que padecía ese sujeto?

P. No Padre, no indicó malicia grave, aunque después le sobrevino un accidente pronto, que le llevó de repente.

C. Aunque esos Decretos hablan con tanto rigor, y fundados en ellos, sienten algunos Doctores, que el Médico está obligado a amonestar al enfermo que se confiese, y disponga sus cosas; pero lo contrario tienen Rosella, Ángelo, Navarro, y otros, que cita Fagúndez tom. 2. in Decal. lib. 2 cap. 25. num. 11, los cuales dicen, que solo incumbe esa obligación, cuando la enfermedad es de peligro: y lo mismo es, cuando se duda, si la enfermedad es de peligro, o no, que también está obligado el Médico a amonestar al enfermo, que reciba los Sacramentos. Aunque no será necesario, que lo haga por sí, bastará que lo disponga por medio del Confesor, o amigos, o parientes del enfermo, como dice Sánchez en la Suma, tom. 1. lib. 3, cap. 16. num. 8. Y aun en su Decreto manda Pío Quinto, que si el enfermo está renitente, y no quisiere confesarse, le desampare el Médico lo cual se ha de entender no estando enfermo de peligro, que si lo estuviere, podrá el Médico asistirle, como con Suárez lo dice Villalobos en la Sum. tom. 1. trat. 9. dific. 27. n. 5. Y aunque los Médicos hagan juramento de avisar al enfermo, que se confiese, no serán transgresores del juramento, si no lo hacen cuando la enfermedad no es de peligro; porque el juramento, que dice Pío V han de hacer, se ha de entender según la costumbre, y uso, como dice Sánchez ibi. n. 15. y no hay costumbre, ni uso de amonestar al enfermo, que se confiese, cuando la enfermedad no es peligrosa.

23  P. También Padre me acuso, que soy algo pusilánime, en decir a los enfermos, que están de peligro, y desengañarlos, de que se mueren.

C. ¿Le ha sucedido eso con algún enfermo, que no tenía dispuestas sus cosas?

P. No Padre.

C. Cuando el Médico se persuade, que el enfermo está en buen estado, y que su desengaño no aprovechará, y tiene ya bien dispuestas sus cosas, no tiene obligación de desengañarle, que se muere, según Navarro en la Suma, cap. 25. num. 63. Aunque en todo caso conviene mucho, que el Médico por sí, o por otra persona, con buen modo, se lo de a entender al enfermo, para que confiado en que ha de vivir, no se descuide del importantísimo negocio de la salvación de su alma; y porque desengañado de que su vida temporal se acaba, solicite con más empeño la consecución de la eterna; como advirtió Machado tom. 2. lib. 6. p. 3. tract. 1. docum. 6. n. 2. Aquí se ofrecía tratar de la irregularidad, que incurren los Médicos, por el ejercicio de la facultad, pero esta materia no es muy necesaria para el confesonario, por eso la omito; puede el que la hubiere menester verla sucintamente tratada en Machado tom. 1. lib. 1. p. 3. tract. 18. doc. 9.

[ Práctica del confesonario (Pamplona 1686); según la octava impresión (Imprenta Real, Madrid 1690), “edición canónica”, páginas 357-361. ]