Filosofía en español 
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Vaticano · Juan XXIII

Responsabilidad - Santos Ángeles

Discurso 9 agosto 1961
A los conductores de “cinemóviles”


Cinemóvil Fiat 618
[Cinemóvil Fiat 618, de 1936, dotado de proyector Victoria V para películas de 35 mm y equipo sonoro Balilla de 1935. Tras el fascismo los cinemóviles operaron durante los años cincuenta, adaptando sus películas y documentales. Esta unidad (restaurada en 2002 y en el Museo de la Industria de Brescia) se mantuvo activa hasta el año 1964.]

Queridos hijos:

1. Estos encuentros de vida pastoral que se suceden en Roma y aquí en la residencia veraniega de Castelgandolfo entre el Papa y sus innumerables hijos espirituales son motivo de profunda alegría y conmoción. Y lo son también a la hora del mediodía de los domingos y fiestas, al toque del Angelus Domini nuntiavit Mariae, et concepit de Spiritu Sancto. Prosiguen con la invocación del diálogo entre el Mensajero celestial y la dulce Madre de Jesús y Madre nuestra, el cual resume el más alto misterio de la vida y de la historia, diálogo seguido de la invocación dulcísima: Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis, que infunde en el corazón una ternura, una exaltación que es ya como el gusto anticipado del Paraíso.

En verdad hemos sido formados de la tierra, hijos del hombre, pero todos suspiramos por el cielo.

Nuestra vida es una peregrinación que nos lleva de un punto a otro del globo terráqueo. El término de nuestro caminar brilla desde lo alto y es el Paraíso para el cual hemos sido creados; y nuestros años, los años de cada cual, se suceden por los diferentes senderos que surcan el mundo habitado.

Vivir es moverse, encontrarse; es alentarse mutuamente hacia cuanto es alegría y prosperidad de aquí abajo.

Sin embargo, este encuentro no siempre es serenidad y alegría; no es sólo encuentro agradable, sino muchas veces terrible y funesto.

2. ¿Acaso no es verdad que jamás como en estos tiempos nuestros se alcanzó tanta perfección de medios eficaces y expeditivos para proseguir este caminar por las rutas de la tierra, del mar y de los cielos? Mas es igualmente frecuente y doloroso haber que comprobar cómo el drama del caminar desenlaza en tragedia de muerte y de llanto.

En efecto, ante Nos tenemos las estadísticas impresionantes de los muertos y heridos en accidentes de carretera, hasta el punto de que igualan casi a los desastres de las guerras de tiempo pasado.

Los progresos de la ciencia y de la técnica sitúan, por lo mismo, a la humanidad ante un inesperado problema que se añade al grande y tremendo problema de las actuales inquietudes humanas, cuya solución se revela incierta y amenazadora.

El que es depositario de la doctrina celestial, que Cristo enseñó a los hombres, se alegra de todo progreso conseguido por la ciencia y por la técnica. Pero al mismo tiempo no se deja sorprender ni turbar por espejismos que encierran amenazas y engaños. El sentido de su responsabilidad le obliga a decir y proclamar que los deberes de la vida se agravan a medida que el hombre logra nueva capacidad y poder de obrar y de arriesgarse.

3. La predicación del buen Jesús fue toda, en su conjunto, una doctrina de vida, que corresponde a una altísima y valiosísima concepción. Cuanto el hombre se refiere en el orden natural y sobrenatural, en su vida espiritual y corporal –alma y constitución física, inteligencia, voluntad, sensibilidad–, según la doctrina de Cristo, todo es sagrado y merece respeto.

El cristianismo en su conjunto doctrinal y aliento misionero quiere ser un caminar en todos los pueblos, en todos los hogares, al lado de cada hombre para repetir aquellas arcanas palabras que son invitación universal para servirse aun de la vida del cuerpo y de su conservación, de las energías espirituales y corporales al mismo tiempo, que aseguran el recto disfrute de la hora presente y de los bienes eternos.

¡Queridos hijos!, os comprendemos. En relación con el uso y el abuso de los derechos de la carretera hay, pues, un misterio de vida y de muerte que compromete la responsabilidad de cada hombre, responsabilidad a las que ninguno puede sustraerse.

Precisamente las leyes civiles de la convivencia humana refuerzan la gran ley del Non occides, no matar, que resplandece en el Decálogo de todos los tiempos y para todos es sagrado precepto del Señor.

4. Pues bien, queridos hijos, permitidnos ahora que, al recordar los deberes de conciencia en torno a los peligros de la carretera, señalemos, conforme a la doctrina de la Iglesia, una protección celestial segura y valiosísima, que representa uno de los puntos más esplendentes de la enseñanza cristiana, a saber, la intervención de las falanges angélicas creadas por Dios para su servicio y enviadas por la Santísima Trinidad para proteger a la Santa Iglesia y a sus hijos de todo el mundo.

Esta protección es, en la práctica de la buena vida cristiana, una devoción que ocupa en el ánimo de quien sabe profundizar en ella un puesto de especial honor y es motivo de dulzura y de ternura.

Dejad que Nuestra voz, al alzarse como aviso paternal y dolorido en pro del respeto a la vida humana, a toda vida, a la propia y a la ajena, torne a encontrar aquí, al término de esta Nuestra sencilla conversación, las primeras notas del lenguaje angélico, que Nos alegramos de repetir con los acentos más conmovedores, como el del Angelus Domini nuntiavit Mariae.

La evocación de los selectísimos espíritus que el cuidado solícito del Padre celestial colocó y pone junto a cada uno de sus hijos, infunde alegría y ánimo. Pues los ángeles del Señor escudriñan nuestro interior y ¡quisieran hacerlo digno de las divinas complacencias!

También a ellos fue confiada la misión de guiar nuestros pasos. Y ¿cómo no podría suscitar este pensamiento una justa emoción ante el espectáculo casi diario de la sangre que riega nuestras carreteras y clama al cielo misericordia para tantas preciosas vidas, vidas jóvenes tan prometedoras, truncadas inútil e inconsideradamente?

Por esto, el sentimiento de viva caridad paterna Nos ha movido a dar relieve especial a la invocación a los Santos Ángeles Custodios. Su presencia penetra y cubre la historia entera de los siglos: junto a nuestros padres, y luego junto a los jefes del pueblo elegido, a sus profetas, hasta el mismo Jesús y sus Apóstoles.

5. La humilde invocación a la intervención de los Ángeles, dados a nosotros como guardianes de nuestra infancia y del peregrinar –en toda edad y circunstancia de la vida y de nuestro obrar– ¿no creéis, queridos hijos, que logrará impresionar al que se deja llevar por la atracción engañosa y arrebatadora de la velocidad, hasta el punto de imponerle, en última instancia, el absoluto y universal respeto a las leyes que regulan el tráfico?

Ojalá –repetimos– que penetre dulce y delicadamente la devoción a los Ángeles y que sea propicia en las mentes y en las voluntades humanas y aun en las fuerzas mismas de la técnica que una mal entendida emulación y afán de ser los primeros puede convertir en ruinas.

Por ello, Nuestro deseo es que aumente la devoción al Ángel Custodio. Cada uno tiene el suyo y cada uno puede conversar con los ángeles de sus semejantes.

Bajo esta luz de cielo, que se refleja familiar y bienhechora en cada paso de la vida diaria, adquiere un relieve particular de elevado mérito la empresa del Ministerio Italiano de Obras Públicas que tiende a crear una conciencia más vigilante en todos los ciudadanos, mediante una información que llega a las capas más extensas de la población.

La íntima ceremonia de esta mañana en el comienzo de nuestra reunión es el coronamiento de semejante solicitud, que honra a quien la ha querido y convertido en realidad; y ha querido ser, por Nuestra parte, estímulo amable y sincero.

Cinemóvil Fiat 618

6. La bendición dada poco ha a los coches “cinemóviles” ha implorado, precisamente, la gracia de Dios Todopoderoso –sin la que nada puede prosperar– sobre los esfuerzos unidos y la buena voluntad de autoridades y ciudadanos, y sobre la obligación del mutuo respeto. Y para que el rito de esta mañana tuviese carácter más universal, hemos aceptado como acólitos a una representación de los queridos alumnos del Colegio Urbano de Propaganda Fide, cuya presencia siempre es una evocación de universalidad.

Id, pues, queridos hijos, id por toda Italia y cumplid vuestro cometido. Y, si en algunas naciones habéis sido precedidos en el excelente servicio, ojalá que en otras podáis ser imitados.

Escuchad las impresionantes palabras pronunciadas antes en la antigua lengua litúrgica de la Iglesia de Roma; acogedlas y meditadlas en vuestro corazón:

“Señor Dios Omnipotente…, derramad vuestra bendición sobre estos cinemóviles destinados a dar a conocer el código de la carretera. Que en virtud de sus normas vuestros siervos, que recorren los caminos a pie o en automóvil, aprendan la prudencia, la vigilancia y vuestro santo temor de Vos, y que así estén en condiciones de velar con toda seguridad por la integridad propia y ajena.

Apartad, Señor, todo mal que pueda sobrevenir a los hombres de las dificultades del viaje, del cansancio físico, de la velocidad inconsiderada… Y así como os dignasteis designar para el hijo de Tobías al Arcángel Rafael por compañero de viaje, librad a vuestros hijos de todo peligro de alma y cuerpo, para que, caminando rectamente en vuestra presencia por los caminos del mundo, merezcan llegar al puerto de la eterna salvación. Por Cristo Nuestro Señor. Amén”.


(Texto tomado de: Acción Católica Española, Colección de encíclicas y documentos pontificios, sexta edición, traducción e índices por Monseñor Pascual Galindo Romeo [1892-1990], Publicaciones de la Junta Nacional, Madrid 1962, documento CDXXIX, tomo II, páginas 2421-2423.)