Federico Alberto Lange (1828-1875)
 
Historia del materialismo, Madrid 1903

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Segunda parte. Periodo de transición. Capítulo primero:

Las religiones monoteístas
en su relación con el materialismo

Federico Alberto Lange, Historia del materialismo, Madrid 1903, tomo 1, páginas 183-202

Federico Alberto Lange, Historia del materialismo, Las religiones monoteístas en su relación con el materialismo Desaparición de la civilización antigua. – Influencia de la esclavitud, de la fusión de las religiones y de la semicultura. – Incredulidad y superstición; el materialismo de la vida; los vicios y las religiones se multiplican. – El cristianismo. – Caracteres comunes a las religiones monoteístas. – Doctrina mosaica de la creación. – Concepción puramente espiritual de Dios. – Oposición enérgica del cristianismo contra el materialismo. – Espíritu más favorable del mahometismo; el averroísmo; servicios, que han prestado los árabes a las ciencias físicas y naturales; librepensamiento y tolerancia. – Influjo del monoteísmo en la concepción estética de la naturaleza.

La destrucción de la civilización antigua, en los primeros siglos de la era cristiana, es un acontecimiento lleno de importantes enigmas a los cuales todavía no se ha dado completa solución; las dificultades de abarcar de una ojeada los tan complicados acontecimientos del período de los emperadores romanos, y de orientarse en medio de los hechos más salientes, aumentan al apreciar en toda su extensión los efectos de las modificaciones casi imperceptibles, pero infinitas en número, que se produjeron en la vida cotidiana de las naciones, en el seno de las capas inferiores de la sociedad y en el hogar de familias obscuras, así del campo como de las ciudades; y, sin embargo, es lo cierto que no se puede explicar esta gran revolución más que por el estado de las clases medias e inferiores de las poblaciones. Por desgracia se está habituado a mirar lo que en filosofía se llama la ley de desarrollo como una fuerza independiente de la acción casi mística que lleva al espíritu humano de la cumbre de la ciencia a la noche de la superstición, para comenzar el mismo juego bajo nuevas y más elevadas formas; la fuerza que desenvuelve á los pueblos se asemeja á la que rige a los organismos; existe, pero sólo como resultado de todas las fuerzas naturales particulares, y, admitiéndola, se facilita el estudio de los hechos, pero también encubre nuestra ignorancia y se cae en muchos errores si se la convierte en un principio nuevo y complementario de explicación al lado de las fuerzas elementales de las que no es más que el conjunto.

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