Filosofía en español 
Filosofía en español


Mercurio Peruano

Mercurio Peruano

Mercurio Peruano se presenta en Lima, capital del Virreinato del Perú, a finales de 1790, en pleno esplendor del Imperio Español, mediante un “Prospecto” (firmado por Jacinto Calero Moreira, escrito por José Rossi Rubí, alias Hesperiófilo), que anuncia su aparición, desde el día 2 de enero de 1791, en la forma de un pliego de ocho páginas en cuarto, dos veces a la semana. En el Prospecto asume la autoría una Sociedad de Amantes del País, un “congreso de filósofos” que antes de un mes se dice Sociedad Académica de Amantes del País (al desvelar su génesis y principios, que no sus nombres, envueltos en “misterioso grecismo”), y se renombra Sociedad Académica de Amantes de Lima en la portada de su primer tomo cuatrimestral. Tras cuatro años de actividad, quedan de Mercurio Peruano más de 3.500 páginas en doce tomos (el XII culminado con retraso, ya entrado 1795).

La primera relación de suscriptores, encabezada por los agentes del trono y del altar (Virrey, Regente, oidores, alcaldes y fiscales, el Arzobispo, &c.), prueba que Mercurio Peruano era novedad esperada y aceptada por la compleja y sofisticada estructura político administativa virreinal (desde hacía tres meses ya contaba Perú con el Diario de Lima, octubre 1790), que homologaba a Lima con la Corte: el “Prospecto” menciona diez periódicos de Madrid, dos de Cádiz (con un recuerdo a La Pensadora) y tres de México: “Lima ha empezado ya a entrar en este predicamento. Tiene un Diario Económico, que siguiendo la prudente dirección que se le está dando, extiende el Plan de los asuntos interesantes a la vida sociable. Un Papel de Historia, Literatura, y Noticias públicas puede contribuir a amplificar este proyecto, y a perfeccionarlo. Esta es la obra, a la que se disponen unos hombres estudiosos, y verdaderos amantes de la Patria: en su nombre, y en el mío la anuncio a este respetable Público; y desde luego procedo a explicar los objetos que abraza, y los trámites de su publicación.”

Los doce tomos de Mercurio Peruano

tomonúmerosfechaspáginas
I1-341791 enero-abril316
II35-681791 mayo-ago321
III69-1031791 sep-dic316
IV104-1381792 enero-abril301
V139-1731792 mayo-ago288
VI174-2081792 sep-dic298
VII209-2421793 enero-abril311
VIII243-2781793 mayo-ago301
IX279-3121793 sep-dic286
X313-3461794 enero-abril284
XI347-3821794 mayo-ago297
XII[383-411]1794 sep-[1795]247

Mercurio Peruano, primer gran periódico doctrinal publicado en el Perú, ha sido objeto de muchos estudios, unos pocos muy interesantes, y sigue sirviendo para que unos cuantos ideólogos, ingenuos o irresponsables, y algunos doctrinos suyos, despistados o confundidos, puedan ejecutar delirios interpretativos a la moda, con los que ir cimentando estériles, aunque hemorrágicas, carreras académicas hodiernas.

La interesante conjunción de asuntos reunidos en este periódico, resultante del empeño del curioso congreso de filósofos formado por unos pocos jovenes agentes del Imperio español y varios religiosos, clérigos y hasta un obispo; distanciados todos ellos de “tanto filosofastro”, “ateísta ciego”, “sectarios de Cartesio”, “eruditos del siglo”, &c.; y defensores en cambio de la filosofía cristiana (“no hay filosofía plausible sin Religión”, deja escrito José Rossi, su ideólogo principal, citando a San Pablo), inmersos en la que muy pronto quedará definida como derecha primaria, que se estaba cristalizando precisamente en esos años, tras parir el Antiguo Régimen de la Francia el revolucionario primer género de la izquierda; Mercurio Peruano y sus autores, decimos, serán vistos, con gran distorsión de los hechos, como precursores de la independencia peruana, representantes de un pensamiento nacional peruano, sintetizadores del alma nacional y hasta ideólogos del nebuloso rótulo historiográfico dicho “Ilustración”, que hoy mantiene su vigor como “idea fuerza del presente”.

El imperialismo británico siempre tuvo sus ojos puestos en el Perú… y el embrionario expansionismo imperialista germano procuraba emularle. Joseph Skinner vierte al inglés en Londres 1805 una selección estratégica de textos –The Present State of Peru– ofrecidos graciosamente por Mercurio Peruano. En un año esta obra ya ha sido vertida al alemán: Hamburgo 1806. Más meticulosos, deciden en Weimar profundizar más en los informes difundidos por Mercurio Peruano, complemento estupendo de las noticias recopiladas por exploradores espías (como el eficiente Alejandro Humboldt, viajero americano de 1799 a 1804). Nuevos artículos sobre historia natural, mineralogía, comercio, geografía y topografía redactados por Mercurio Peruano son traducidos al alemán, y en 1807 y 1808 aparecen en Weimar dos tomos (de XIV+574 y XXVIII+380 páginas + dos mapas): Peru, nach seinem gegenwärtigen Zustande dargestellt aus dem Mercurio Peruano. En el tomo primero Ch. Weyland traduce del inglés al alemán la antología publicada en Londres 1805; en el tomo segundo, E. A. Schmidt traduce del español al alemán una selección de los últimos seis tomos de Mercurio Peruano, que no habían interesado al inglés.

Mercurio Peruano ha sido una publicación nunca olvidada, reeditada y hoy de sencilla consulta libre en facsímil por internet. Setenta años después de su publicación, y transcurridos cuarenta de la independencia del Perú, la mayor parte de los textos de Mercurio Peruano fueron transcritos y reordenados por Manuel Atanasio Fuentes Delgado (1820-1889), abogado y catedrático de medicina legal de la Universidad de San Marcos, bajo el rótulo Biblioteca Peruana de Historia, Ciencias y Literatura (Lima 1861-1864, 9 volúmenes). Cien años después, en 1964-66, la Biblioteca Nacional del Perú publica en facsímil impreso sobre papel los doce tomos de Mercurio Peruano, con una presentación, arquetípicamente ideológica, “1791 en 1964”, firmada por Carlos Cueto Fernandini (1913-1968), entonces director de la BNP y después Ministro de Educación del Perú (reedición impresa de 1964 reproducida, a su vez, en 2004 y sólo en imagen, por cervantesvirtual). Google Libros desde 2008 y Archive desde 2010 ofrecen libremente magníficas reproducciones digitales íntegras, de colecciones originales de Mercurio Peruano, con texto sin corregir extraído mecánicamente (mejor imagen la de Archive, mejor OCR el de Google). Desde enero de 2011 el periódico Mercurio Peruano está presente en esta Hemeroteca del proyecto Filosofía en español.

La importancia atribuida a Mercurio Peruano en el proceso de constitución de la ideología nacional política peruana en las primeras décadas del siglo XIX, en plena transformación del Imperio Español en las repúblicas hispanohablantes americanas, queda confirmada por el hecho de que el rótulo Mercurio Peruano fue utilizado para denominar un diario de izquierda liberal [¡aunque algunos amentes o imbéciles digan hoy, anacrónicamente, que fue un diario “conservador”!], publicado en Lima entre 1827 a 1840 (aparecía todos los días, excepto los domingos, desde el 1 de agosto de 1827 al 2 de enero de 1840, aunque no se publicó entre el 9 de marzo de 1834 y el 31 de mayo de 1839). El Mercurio Peruano de 1827 fue fundado por José María de Pando (Lima 1787-1840) [autor en 1838 de unos famosos y pioneros Elementos de derecho internacional], diplomático español (destinado en 1822 en la embajada de París, fue expulsado con toda la legación cuando los Cien mil hijos de San Luis) y Secretario de Estado en España (al final del trienio liberal), vuelve a Perú en 1824, donde Simón Bolívar (que dijo de él: “Pando es el único hombre de talento que tiene la América. Político como ninguno, inflexible, severo, él solo siente no tener unas charretelas”) le nombra ministro de Hacienda y luego de Asuntos Exteriores en la República del Perú (de 1826 a 1833), vuelve a España en 1835 al poder beneficiarse de los decretos de amnistía, donde se le reconoce una pensión como ex Ministro de Estado, &c.

Importancia ideológica refrendada en el siglo XX por quienes en 1918 fundan Mercurio Peruano. Revista mensual de ciencias sociales y letras (1918-1978), dirigida por Víctor Andrés Belaúnde (1883-1966), donde escriben Mariano Ibérico, Edwin Elmore, José Carlos Mariátegui, &c. Adviértase cómo se olvidan del Mercurio Peruano de 1827 quienes en 1918 dicen reanudar una segunda época de Mercurio Peruano:

«Al publicar esta revista queremos realizar un ideal siguiendo una tradición. En la penúltima década del siglo XVIII las más brillantes personalidades intelectuales del Perú formaban la Sociedad Filarmónica, llamada después “Amantes del País”. Dos rasgos caracterizan la fisonomía intelectual de esa sociedad: una viva inquietud por las ideas nuevas y un sincero y profundo deseo de conocer y reflejar nuestra realidad nacional. Este último rasgo se destaca principalmente en la revista que le sirvió de órgano, el célebre Mercurio Peruano, la más antigua de las revistas de América, tronco y origen de nuestra moderna cultura. […] Convencidos nosotros de que nuestro medio necesita una revista que sirva de órgano a los estudios serios y a los ensayos de carácter nacional, hemos buscado afanosos la colaboración de las más distinguidas personalidades literarias, científicas y políticas; y asegurada esta colaboración, iniciamos hoy la segunda época del Mercurio Peruano. Al revivir en nuestras columnas con orgullo el heráldico lema, al poner nuestra obra bajo los auspicios de esa fecunda tradición, realizamos un homenaje a los muertos ilustres y contraemos un austero compromiso. Por más alto que sea el ideal, por seguro que sea el convencimiento de que no ha de llenársele cumplidamente, hay el deber de seguir su huella y de aproximarse con denuedo a la meta que señala. Deseamos seguir ahondando en el suelo patrio, penetrar en los secretos de nuestra vida pasada, plantear nuestros problemas desde el difícil y único punto de vista, para contemplarlos, que es el punto de vista propio; hacer que renazca el sentido de los trabajos hechos sinceramente y sin el propósito de alcanzar deslumbramientos efímeros. Queremos, por último, que nuestra inspiración literaria, que languidece de exotismo y de artificio, se remoce acudiendo a las eternas fuentes de la tierra y de la historia.» (“Palabras iniciales”, Mercurio Peruano, Lima, julio 1918, nº 1, págs. 1-3.)

Respecto del rótulo Mercurio Peruano es obvio su parentesco nominal con una tradición ya entonces secular de mercurios periódicos: Mercure françois (París 1611-1648), Mercure Galant (París 1672-1724), Mercure historique et politique (La Haya 1686-1782), Mercure de France (París 1724-1823); y en el ámbito hispano, además del efímero Mercurio de México (1742, continuador de la Gazeta de México, 1728-1739), el longevo Mercurio histórico y político (Madrid 1738-1820) –fundado por Salvador José Mañer como versión del “Mercurio de La Haya”, periódico oficial desde 1756, renombrado Mercurio de España en 1784; que hasta gozaba de acepción propia en el real diccionario académico de 1817: “Mercurio. 3. Papel periódico que se publica en Madrid todos los meses…”–. ¿Por qué no le dijeron Mercurio del Perú, por analogía con el Mercure de France 1724, el Mercurio de México 1742 o el Mercurio de España 1784? Quizá porque en 1790 “mercurio del Perú” ya iba sustituyendo al clásico “azogue del Perú” (“Minas de mercurio del Perú, examinadas de orden del Excelentísimo Señor Don Antonio de Valdés”, se titula una memoria recopilada en los Anales del Real Laboratorio de Química de Segovia, tomo 1, Segovia 1791).

Indice de Mercurio Peruano

Buena parte de los textos publicados por Mercurio Peruano llevan como firma esotéricos nombres simbólicos, de resonancias griegas, escogidos por los autoproclamados académicos filolimeños para dar publicidad a sus escritos. Otros no llevan firma alguna en el pliego en el que fueron impresos y difundidos, y los menos, sobre todo al final, van suscritos por nombres propios, conocidos por los lectores del entorno. Sin embargo, cada cuatro meses, se entregaba a los suscriptores el “Índice de las materias que contiene el tomo” completado (índices dispuestos con tanta meticulosidad como las relaciones de “Erratas” recopiladas por Chrysippo). En esos índices, al lado de cada una de las materias, para hacer “distinción de los Académicos que las escribieron” publican el heterónimo correspondiente. Así, el curioso limeño que a finales de abril de 1791 se fijase en el índice de materias del tomo primero, sabría que el “Prospecto”, difundido en diciembre de 1790 firmado por “Jacinto Calero y Moreira”, aparece ahí atribuido a Hesperióphylo, el mismo autor del texto inaugural, “Idea general del Perú”, publicado sin firma. Podría suponer entonces que “Jacinto Calero y Moreira” y Hesperióphylo compartían mano de escribir (aunque se confundiría…).

A finales de enero los académicos amantes deciden desvelar colectivamente, sin firma, la propia “Historia de la Sociedad Académica de Amantes del País, y principios del Mercurio Peruano”, sugiriendo vagamente al intrigado lector: “Lo que todavía quedará envuelto en un misterioso grecismo, es la positiva enumeración de los Socios, y sus nombres verdaderos: puede que no pase mucho tiempo sin que nos demos a conocer aun por esta parte”. Al lector curioso, por los índices del tomo primero, le dicen también que fue Hesperióphylo quien contó esa historia (autor que, por cierto, había utilizado ahí grafía más moderna para hablar de sí mismo: Hesperiófilo), y haciendo cuentas podrá saber que al tal Hesperiófilo corresponden cuarenta entradas, casi la mitad de todas las publicados en ese tomo.

Salones, sacristías y cafés de Lima escucharían esos meses entretenidos chismes y rumores sobre los verdaderos autores e instigadores de un periódico que, en poco tiempo, alcanzó los cuatrocientos suscriptores, en relaciones difundidas entre ellos con nombre, apellidos, títulos y cargos, pues por sólo catorce reales al mes se podía ingresar en ese gotha selecto de la capital del virreinato, el de la élite lectora que jueves y domingos, a las ocho de la mañana, recibía un pliego para comulgar novedades literarias y no quedar fuera del curso de los tiempos. Pocas, pero Mercurio Peruano también tuvo suscriptoras: Rita Unamunzaga, Javiera Alerse, Ignacia Jiménez, &c.

Como los índices se elaboran después de las entregas que culminan cada tomo, cabe atribuir aquí más certeza a la autoría que figura en el índice: el “Prospecto” lo habría escrito Hesperiófilo y no Jacinto Calero y Moreira, &c. Así, por ejemplo, el índice del tomo tercero atribuye a Sophronio la autoría de la “Carta sobre los maricones” que, al ser publicada en la entrega 94, va firmaba por un tal Filaletes (ni Sophronio ni Filaletes figuran, entre los académicos fundadores, en la historia desvelada en enero): Mariano Felipe Paz Soldán identifica, en su Biblioteca Peruana de 1879, a Sofronio con el presbítero José Mariano de Aguirre Mayora (1760-1835), por ejemplo.

 


Selección cronológico bibliográfica sobre el Mercurio Peruano

1861-64 “Biblioteca Peruana de Historia, Ciencias y Literatura. Colección de escritos del anterior y presente siglo de los más acreditados autores peruanos, por Manuel A. Fuentes”, 9 tomos: “Antiguo Mercurio Peruano I a IX”. Felipe Bailly Editor, Librería Central, Portal de Botoneros nº 196; tomos 1-6, Lima 1861; tomos 7-9, Lima 1864. Tomos primero a cuarto: “Escritos sobre historia, viajes, misiones y descripciones geográficas y políticas”, 315, 359, 332 y 321 págs.; tomo quinto: “Escritos sobre química, mineralogía y botánica”, 318 págs.; tomo sexto: “Escritos sobre botánica, agricultura, comercio y navegación”, 328 págs.; tomo séptimo: “Escritos sobre religión, educación, geología, meteorología, física, geografía, estadística, economía política y policía”, 359 págs.; tomo octavo: “Escritos sobre literatura, bibliografía y variedades”, 385 págs.; tomo nono: “Escritos sobre variedades”, 325 págs.

Introducción

La alta y merecida reputación que, no solo en América sino en Europa, han alcanzado los escritos de algunos de nuestros ilustrados compatriotas, me inspiraron desde ahora mucho tiempo la idea de hacer una colección de aquellos que casi han desaparecido y que, por su escasez, no pueden conseguirse sino a subidos y caprichosos precios.

Al tratar de semejante empresa, natural era fijarse en el antiguo Mercurio Peruano, periódico cuyos ilustrados escritores hicieron de él una abundante fuente de noticias históricas y una recopilación importante de artículos sobre artes y ciencias. El Mercurio es una enciclopedia que presta preciosos datos sobre la historia y progresos del antiguo virreinato del Perú, y en la cual se ha tratado todo género de materias con una erudición profunda y con el juicio propio de hombres estudiosos y científicos.

Para hacer más ordenada la obra, he reunido las materias que se hallan diseminadas en diversos tomos de la original.

Como importa mucho a los pueblos conservar los trabajos literarios de sus hijos que fueron bastante felices para darles gloria y esplendor, no dudamos que será bien acogido un trabajo que aparte de la utilidad que puede reportarse de su lectura tiende a perpetuar escritos que dentro de breves años hubiera sido imposible proporcionarse.

Los hombres amantes a las letras tendrán en esta biblioteca obras de los miembros de la Sociedad de Amantes del País, del esclarecido Peralta, de la Riva, y de otros cuyos nombres no pueden ser hoy recordados sin el respeto que por más de un título merece su memoria.

Lima, enero de 1861.

Manuel A. Fuentes

(Biblioteca Peruana de Historia, Ciencias y Literatura, Felipe Bailly, Lima 1861, tomo 1, págs. 1-2.)

1879 «484 Mercurio Peruano (El), de historia, literatura y noticias públicas que da a luz la sociedad académica de “Amantes de Lima” y en su nombre D. Jacinto Calero y Moreira; bisemanal. Lima 1791. El Prospecto se publicó en 1791 en la imprenta Real de los niños expósitos, sin fecha del mes, ni día; el núm. 1º. Enero 2 de 1791, dice que la Sociedad se titula “Amantes del País” continuó la Sociedad con el tomo XI hasta el núm. 381 en que terminó el 28 de Agosto de 1794. El P. Cisneros publicó en 1759 el tomo XII con los materiales que quedaron de la extinguida Sociedad. 12 vol. cada número de 8 páginas de 160 por 108. Redactores de El Mercurio y sus seudónimos:
Cephalio – D. José Baquíjano y Carrillo, Presidente de la Sociedad de Amantes del País.
Hesperiophilo – D. José Rossi y Rubi, Vice-presidente de dicha Sociedad.
Teagnes – R. P. Tomás Méndez y Lachica, del Oratorio (San Pedro).
Aristio – D. José Hipólito Unánue.
Hermágoras – D. José María Egaña.
Chrissippo – D. Jacinto Calero y Moreira, Redactor Gerente.
Thimeo – R. P. Francisco González Laguna, religioso de la Buena Muerte.
Hypparco – P. Francisco Romero (Buena Muerte).
Meligaria – P. Gerónimo Calatayud (Merced).
Nerdacio – D. Ambrosio Cerdan, Oidor.
Hyerotheo – Ilmo. Pérez Calama, obispo de Quito. Escribió bajo su firma.
Sofronio – El Cura D. Mariano Millán de Aguirre.
Archidamo – R. P. Diego Cisneros (Gerónimo del Escorial).
Homótimo – D. Demetrio Guasque.
Anticiro – D. Bernardino Ruiz, Administrador de la Imprenta da Huérfanos, donde se publicaba El Mercurio.
Los siguientes no usaron seudónimos: D. José Manuel Bermudez, Cura de Huánuco y después Canónigo – R. P. Fray Manuel de Sobreviela, guardián de Ocopa – P. Girbal de la misma Comunidad y misionero del Ucayali.
El Dr. D. Manuel Atanasio Fuentes reimprimió la parte principal de El Mercurio, titulándolo: Biblioteca Peruana, de Historia, Ciencias y Literatura. Colección de escritos del anterior y presente siglo de los más acreditados autores peruanos. – Lima 1861, en 9 volúmenes.» (Mariano Felipe Paz Soldán, Biblioteca Peruana, Imprenta Liberal, Lima 1879, páginas 40-41.)

1936 Estuardo Núñez Hague [Lima 1908-2013], «La versión alemana del Mercurio Peruano”, Boletín Bibliográfico de la Biblioteca Central de la Universidad Mayor de San Marcos, Lima 1936, año IX, nº 1, págs. 27-30.

1945 «As idéias filosóficas não são fenómeno novo no Perú. Durante o Vice-reinado, nas várias universidades oficiais –Lima, Cuzco, Huamanga– e nos diversos colégios superiores –reais, episcopais, de jesuítas, dominicanos, franciscanos, &c.– se ensinaram e debateram as doutrinas escolásticas e renascentistas, quer nas lutas entre tomistas, escotistas e augustinianos, quer nas disputas dos cartesianos contra os partidários da Escola. Ao findar o século XVIII, propôs-se o problema filosófico em novos têrmos, graças à aparição da “Sociedad Amantes del País”, em Lima, e da Revista “Mercúrio Peruano”; as idéias do século das luzes (no seu aspecto teológico e político e como enciclopedismo, em geral) entraram em jògo, provocando luta e reacção, e prepararam a independência do país (jurada, em 1821). Naqueles tempos, tinha o Perú homens de ciência e filósofos, uma Société savante e uma publicação científica, conhecida na Europa e citada com aplauso por homens da envergadura de Alexander von Humboldt.» (Alberto Wagner de Reyna [Lima 1915-París 2006], “A Filosofia no Perú contemporâneo”, Revista Portuguesa de Filosofia, tomo 1, fascículo 4, octubre-diciembre 1945, págs. 368-369.)

1954 «El clérigo Ignacio de Castro es un auténtico representante provinciano de nuestra cultura dieciochesca. […] Castro es también un personaje cuya vida no rebasa el lapso fidelista, pero cuya actuación y nuevas actitudes lo unen a la generación posterior que aflora, tanto que formará parte del grupo que publicó el Mercurio Peruano.» «Por esto, los peruanos progresistas de aquel lapso son regalistas y tienen sendos combates en la vida pública y en la Universidad. Todavía son todos monárquicos, sin actitudes separatistas. Todos creen poder actuar “desde arriba”. Unos, para seguir aferrados a la rutina tradicional; otros estudian la realidad nacional para mostrarla e inferir rumbos nuevos. Los regalistas se agrupan en la Sociedad de Amantes del País, cuyo órgano es el Mercurio Peruano, publicado bajo la égida del virrey Francisco Gil de Taboada y Lemus. Entre los peninsulares que contribuyen al movimiento de renovación cultural, recordaremos al jeronimita fray Diego de Cisneros, el Obispo Pedro José Chávez de la Rosa, maestro de Luna Pizarro, y al cosmógrafo Cosme Bueno.» «Morales Duárez era un jurista, catedrático de San Marcos y asesor de virreyes en cuestiones importantes, como Unanue. Pasó a España en edad madura para representar un papel tan brillante en las Cortes, que ocupó la presidencia de este cuerpo representativo del imperio español. Su vida transcurre durante los lapsos fidelista y liberal. Los cuatro [el limeño José Baquijano y Carrillo (1751-1818), el chachapoyano Toribio Rodríguez de Mendoza (1750-1825), el arequipeño Hipólito Unanue (1754-1833) y el limeño Vicente Morales Duárez (1755-1812)], tres laicos y un clérigo, serán colaboradores del Mercurio Peruano, típico órgano fidelista, con aliento precursor de peruanismo, vocero de la Sociedad de Amantes del País. Es menester no olvidar que este tipo de sociedades impera en la España de este periodo. Hay que recordar asimismo que en España el último tercio del siglo XVIII se caracteriza por el incremento de las publicaciones periódicas.» (Daniel Valcárcel [Lima 1911-2007], “Fidelismo y Separatismo en el Perú”, Revista de Historia de América, nº 37-38, enero-diciembre 1954, págs. 133-162.)

1960 «Gil de Taboada y Lemus (1790-96) tiene particular interés para el incremento cultural del Perú a fines del XVIII. Durante su lapso de gobierno florece un ambiente intelectual caracterizado por la presencia de grupos de matiz ilustrado, entre los que perdura la Sociedad Amantes del País; el nacimiento de nuestro periodismo, caracterizado por la edición del Diario Erudito y muy especialmente del Mercurio Peruano –órgano de dicha Sociedad–; el impulso al progreso de la medicina, representado por la fundación del Anfiteatro Anatómico; y los contactos con expediciones científicas que enriquecieron la visión algo aislada de nuestros intelectuales, incrementaron su progreso y produjeron una saludable reacción en el seno de nuestras instituciones superiores de cultura.» «Como reflejo de lo que ocurría en España, aparecerá en el Perú un inicial periodismo dieciochesco. Tiene un propósito predominante y novísimo de informar acerca del Perú, de difundir su cultura, y aun también de encarar algunos tópicos genéricos. Iníciase con la publicación limeña del Diario Erudito (octubre de 1790), dirigido por Jaime Bauzate y Meza, primer periódico propiamente dicho editado en el virreinato peruano. Pero la contribución más importante y perdurable está constituida por el Mercurio Peruano, administrado por Jacinto Muñoz Calero. Es el vocero de los miembros de la Sociedad Amantes del País, Institución cultural que agrupa a nuestros intelectuales progresistas, constituido a semejanza de análogas instituciones metropolitanas. Su proyecto de creación fue aprobado por el virrey Gil Taboada y Lemus, apareciendo la famosa Revista limeña el día inicial de 1791. Llegó a sumar 12 volúmenes hasta 1794, costeado el último por el benemérito fray Diego de Cisneros.» «Cuando el Mercurio Peruano se extingue, brotará un periodismo de circunstancias, principalmente destinado a precaver infiltraciones, combatir posibles ecos doctrinarios provenientes de la revolución francesa y revivir una general adhesión al régimen monárquico-absolutista imperante. Será una etapa de transición hacia un futuro periodismo de explícita orientación política.» (Carlos Daniel Valcárcel [Lima 1911-2007], “Perú Borbónico y Emancipación”, Revista de Historia de América, nº 50, diciembre 1960, págs. 315-438.)

1964 Mercurio Peruano (1791-1794), edición facsímil, Biblioteca Nacional del Perú, Lima 1964-1966, 12 vols., presentación de Carlos Cueto Fernandini:

1791 en 1964

A partir de 1943, la Biblioteca Nacional del Perú ha venido acumulando tesoneramente colecciones de libros, periódicos y revistas, documentos y fotografías de valor precioso para la historia del país en todos sus aspectos. No ha sido la primera vez que la Biblioteca ha debido erguirse por encima de la adversidad para reconstruir, rasgo a rasgo, el alma histórica de la nación. Semejantes esfuerzos de reconstrucción constituyen testimonios alentadores de la obra que el Perú puede llevar a cabo en la intimidad de sus instituciones más vitales, independientemente del halago y de la censura, de la recompensa y del olvido. La Biblioteca constituye hoy, dos décadas después de un incendio incurioso, el repositorio más importante del mundo sobre asuntos del Perú. Gobiernos y autoridades, Directores y personal de la Institución, particulares y organismos del país y del extranjero, han contribuido a la forja de la tercera Biblioteca Nacional. Durante los últimos años, un nuevo y decisivo factor la ha asentado sobre bases aun más firmes que el empeño de personas y de grupos: el país mismo, representado en proporciones cada vez más crecientes por ciudadanos de todos los niveles, hace uso de los fondos bibliográficos guardados en ella. La Biblioteca ha ingresado definitivamente en la etapa en que se transforma en una institución social, no reservada a las minorías del poder, descubierta a todos aquellos que por una razón o por otra mantienen abierta una pregunta sobre el Perú. La reconstrucción de la Biblioteca es así un producto de los nuevos tiempos, en que el desarrollo del país constituye, cómo debe ser, una experiencia colectiva y un esfuerzo mancomunado.

Ninguna oportunidad históricamente más propicia que la presente para llevar adelante la publicación de las obras y documentos que, por su rareza, por su importancia, por su influencia o por ser el objeto de las solicitaciones reiteradas del público, se conservan en la Biblioteca Nacional.

La edición facsimilar del Mercurio Peruano es la primera de una serie de obras que, en presente etapa, la Biblioteca Nacional del Perú ofrecerá a quienes tan decisivamente contribuyen a su desarrollo. Muchas de estas obras deben ser conocidas por grupos muy amplios de lectores y han de difundirse entre quienes no tienen acceso a la Biblioteca. Algunas de ellas no constituyen, por ahora al menos, empresas con las cuales puedan atreverse razonablemente los editores comerciales. Animada por el propósito de concordar su acción con la naturaleza genuinamente social que va adquiriendo, la Biblioteca difundirá, en un programa sin término, aquellas unidades bibliográficas en que el país se haya expresado intensamente y que, sin embargo, están todavía apartadas y puestas lejos de lectores interesados en conocerlas.

En el momento que se decidió la ejecución de un programa de esta índole, varios títulos fueron considerados con sumo cuidado. Entre todos, ninguno pareció más oportuno, como pórtico, que el Mercurio. Hay, entre loe editores de ese papel periódico y los peruanos de hoy, un rasgo esencial común: el interés por el Perú. En 1791, tal interés se circunscribía a un núcleo animoso de gentes. En 1964, la inclinación vehemente por el tema del Perú arrastra una abundancia mucho mayor de voluntades y mentes individuales. A fines del siglo XVIII, el fervor por el país circulaba a través de las ideas universales de la Ilustración. En la segunda mitad del siglo XX, el Perú torna a ser el eje alrededor del cual giran doctrinas económicas y sociales de tránsito internacional. En ambos casos, escritores y públicos se encuentran a la expectativa de experiencias históricas nuevas y de responsabilidades inéditas. La obra iniciada de manera sistemática en 1791 perdura en 1964. El destino del Mercurio fue el de muchas empresas intelectuales del Perú: aparece vigorosamente en un momento determinado y luego se sepulta, como un río ánade, bajo el suelo de los tumultos políticos, para reaparecer una y otra vez como cuerpo de doctrina aparentemente nuevo. En todo caso, con el Mercurio comienza un esfuerzo sistemático por hacer del Perú el compromiso fundamental del pensamiento peruano.

Ninguna analogía más profunda, sin embargo que la intención común a ambos hitos (1791 y 1964) de animar el pensamiento con la acción. Los escritores del Mercurio, sin darse cuenta de ello, inauguran en el país una revolución de actitudes. La educación y su término institucional, el diploma profesional, habían sido y continúan siéndolo en gran medida, un instrumento destinado a potenciar el status social de su tenedor. El pensamiento y la palabra escrita han sido y son en el Perú un instrumento de lucimiento personal, un signo de que el individuo es capaz de evolucionar graciosa e inútilmente en el firmamento de una cultura sin raíces. De aquí que los sistemas educativos persigan tan obstinadamente propósitos formalistas y formularios, y propugnen, contra toda realidad, enciclopedismos falaces. Los editores del Mercurio, en intención al menos, propugnan la tesis de que las ideas deben ser órganos políticos, de análisis de la realidad y de transformación social del país. No hay duda de que el Perú de 1964 ha restablecido definitivamente la concordia entre el pensamiento y la voluntad, entre el propósito y la obra, entre el individuo y la sociedad. Las profesiones dejan de ser paulatinamente sellos que peraltan la dignidad de la persona para convertirse en instrumentos de servicio social y en actividades y organizaciones de efectos prácticos. El examen del Perú con la finalidad de organizar una política que abra paso a la participación colectiva y al cultivo de una sociedad históricamente nueva, es posiblemente el hilo que más sólidamente une el Mercurio con el país de hoy.

Mucho se ha escrito sobre el Mercurio tanto para exagerar su importancia como para quebrantarla. Algunos han de cuestionar la decisión de reactualizar la obra; su escepticismo y su crítica estará montada, sin duda, en buenas razones. Queda en pie, de todos modos, un hecho real: los estudiantes de hoy acuden en gran número a la Biblioteca Nacional con la avidez de consultar sus páginas. Consciente o inconscientemente, los jóvenes de nuestros días renuevan, con sus consultas, la fe que tienen en todos aquellos que han deseado hacer del Perú una Patria de pensamiento y de trabajo, de esperanza y de acción. Quizás el Mercurio tenga una importancia fundamental no solamente en la historia de las ideas. Es posible que en él se revelen, de manera espontánea y muy profunda, las características del alma nacional, con todas sus virtudes y defectos, sus expectativas y frustraciones, sus posibilidades y limitaciones. Probablemente las afinidades electivas acercan las generaciones de hoy a sus antepasados del Mercurio.

Publicamos ahora los tres primeros volúmenes del Mercurio Peruano. Los siguientes se publicarán en 1965 y 1966.

La Biblioteca agradece muy de veras la valiosísima labor que en la publicación de esta edición facsimilar han cumplido: el personal del Departamento de Bibliografía y Ediciones, quienes han trabajado con el celo y la competencia que les son habituales; el doctor Raúl Rivera Serna, distinguido catedrático e investigador, quien en colaboración con la bibliotecaria Elena Guevara de Schultz, cuida que la edición que ahora está en las manos del lector contenga realmente todas las piezas que hace más de ciento cincuenta años conformaron los originales del periódico, piezas que, una y otra, suelen faltar en uno y otro de los pocos ejemplares hoy existentes en bibliotecas públicas y colecciones particulares.

El Mercurio Peruano es sin duda uno de los caminos que conducen al Perú permanente.

Carlos Cueto Fernandini.

(Mercurio Peruano, Biblioteca Nacional del Perú, Lima 1964, tomo 1, págs. III-V.)

1965 «El Mercurio Peruano, revista publicada en Lima en los años de 1791-1794, tiene un gran valor histórico y documental, además del de haber sido la primera revista de ese tipo aparecida en Sud América. Encontramos en ella un índice de los conocimientos científicos, históricos y literarios que el hombre culto americano del siglo XVIII había logrado atesorar y, por lo tanto, es una preciosa fuente de información para estudiar la época y la mentalidad de los hombres que vivieron en aquel siglo que se llama de “La Ilustración”. Con el correr de los años, los ejemplares de esta revista se convirtieron en joyas bibliográficas rarísimas y muy pocas personas podían consultarla si no acudían a unas escasas bibliotecas que poseían esos ejemplares en el Hemisferio Occidental. En 1861, el peruano Manuel Atanasio Fuentes llevó a cabo una reproducción de el Mercurio, pero era una versión un tanto antojadiza, porque suprimió lo que él juzgó por conveniente y redujo a 8 los 12 tomos de que consta y esa supresión la hizo sin explicación alguna. Hace poco tiempo se dijo también que la Unión Panamericana en Washington tenía el propósito de hacer una edición facsimilar, proyecto que quedó en nada. Ahora, el Director de la Biblioteca Nacional del Perú, Dr. Carlos Cueto Fernandini, en vista de las dificultades para consultar esta valiosa fuente de información, decidió que esa Institución llevase a cabo esta anhelada edición facsimilar, de la cual han aparecido en 1964 los cuatro primeros tomos. El Dr. Cueto precede con un breve prefacio el tomo I. Lo titula: “1791-1964” y dice que…» (Emilia Romero del Valle [Lima 1902-México 1968], “Mercurio Peruano, tomos I-II-III-IV…”, Revista de Historia de América, nº 59, enero-junio 1965, págs. 317-319.)

1978 «Si bien el espíritu subversivo tiene antiquísima tradición en América y no es necesario esperar la revolución de Francia para encontrar gritos de libertad en las Indias, es indudable que desde 1789 los descontentos encontraron un ejemplo de interés. Decir que fue el más importante en los pródromos de la independencia, es ignorar cómo recibió América los sangrientos actos de Francia. El Mercurio Peruano de Historia, Literatura, y noticias públicas que da a luz la Sociedad Académica de Amantes de Lima y que apareció en la capital del Perú desde 1791 a 1794, juzga así los sucesos de Francia: “nunca se ha conocido menos amor a la humanidad ni menos tampoco las obligaciones y derechos del hombre. Viéndolo estamos, y apenas lo creemos. Los desastres de la Francia nos manifiestan cuales han sido los frutos y los intentos de estos predicadores de la humanidad” (en t. XI, nº 369). Sólo debe aceptarse que los sucesos franceses constituyeron una de las muchas influencias que contribuyeron a intensificar el descontento, en especial entre las clases que sufrían discriminación. El criollo de estirpe hispana, debió horrorizarse ante la doctrina de la igualdad predicada des de Francia y ya vimos cómo una publicación culturalmente tan aproximada al enciclopedismo francés como el Mercurio de Lima, se espantaban por los sucesos políticos que asolaban al país europeo.» (Héctor José Tanzi [1939], “El tema ideológico de la Revolucion Norteamericana y su influencia en Hispanoamérica”, Revista de Historia de América, nº 86, julio-diciembre 1978, págs. 169-191.)

El hispanista francés Jean-Pierre Clément (1945), de la Universidad de Poitiers, discípulo de François Lopez (1938-2010), quien le dirige en Burdeos su tesina bibliográfica sobre Jovellanos (ampliada y publicada como Las lecturas de Jovellanos. Ensayo de reconstitución de su biblioteca, Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo 1980, 392 páginas), dedica su tesis al periódico limeño (sin poderse liberar, obviamente, de los resabios que siempre empañan la óptica hispanista francesa, la hispanófila y por supuesto la hispanófoba): “Mercurio Peruano et Edinburgh Review: une analyse libérale de la situation péruvienne à laveille de la guerre d'indépendance” (Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, 1978, nº 31, págs. 113-133); Indices del Mercurio Peruano (Instituto Nacional de Cultura, Lima 1979, 234 páginas); Bourgeoisie créole et Lumières: le cas du Mercurio Peruano (1790-1795) (Thèse reprographiée, 780 p. en 2 vols., Universidad de París III, 1983); “La Révolution française dans le Mercurio Peruano” (Caravelle, 1990, nº 54, págs. 137-151); El Mercurio Peruano, 1790-1795, Vervuert, Frankfurt & Iberoamericana, Madrid 1997-1998 (Textos y estudios coloniales y de la independencia, vols. 2-3), dos volúmenes (1. Estudio, 2. Antología).

1993 Luis Alberto Ratto Chueca, “Bibliografía de José Rossi y Rubí en el Mercurio Peruano”, Lexis, 1993, vol. XVII, nº 1, págs. 143-152.

2001 Joseph Dager Alva, “Hipólito Unanue en el Mercurio Peruano”, Revista de Historia de América, nº 128, enero-junio 2001, págs. 97-121.

2004 «Poco después de la derrota de la insurgencia del patriotismo dinástico incaico de Túpac Amaru II, el patriotismo criollo tradicional, siempre fiel a la monarquía española es reemplazado por el patriotismo ilustrado. Este transito fue producto tanto de la influencia del iluminismo científico de la época y de la reacción neo-escolástica a las reformas borbónicas. Este patriotismo ilustrado, tolerado y promovido por el absolutismo monárquico, es notorio en el periódico Mercurio peruano (1791-1794). Sus editores y autores criollos organizados en la “Sociedad de Amantes del País”, al igual que en la península, al mismo tiempo que estudiaban y exaltaban las riquezas del Reino del Perú, como amantes de la patria, mantenían la concepción colonial de nación para identificar a indios y españoles. Alternaban la dimensión espacial de la patria identificada con la ciudad de Lima o todo el Perú, pero como criollos seguían identificándose con la nación española, diferente a los otros grupos étnicos coloniales como mestizos o indígenas.» (Jesús Díaz-Caballero, “Las lecturas de los Comentarios Reales y el patriotismo criollo emancipador”, Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, año 30, nº 59 (2004), págs. 81-107.)

2007 «Muchos autores han estudiado el Mercurio Peruano en tanto obra colectiva. En el presente trabajo, por el contrario, se pone de relieve la ingente contribución de un hombre, sin cuyo concurso el periódico quizá no hubiera sido fundado. José Rossi y Rubí, joven italiano poseedor de una inquietud desbordante por desperdigar el conocimiento ilustrado, fue el artífice y principal promotor de una aventura intelectual que transcendió los linderos del virreinato del Perú. Estudiar su obra en las páginas del Mercurio es simplemente rendirle justicia. El caso de José Rossi y Rubí es bastante excepcional. Su condición de extranjero le permitió discurrir de temas sociales con cierta espontaneidad y, en algunos casos, con una desenvoltura extraña a los intelectuales coloniales de la época. Sus fiables conocimientos en historia, literatura, periodismo, artes, matemáticas, ciencias, geografía, salubridad, &c., dotaron de credibilidad a sus escritos. Su razón ilustrada impregnada de sentimiento, humanismo y catolicismo le creó adversarios. Su gran capacidad de trabajo y su empecinamiento por difundir el saber, despertar el interés por lo local y fomentar el amor patrio fueron los rasgos predominantes de una nueva sensibilidad que él se encargó de promover. Pero su gran utopía fue la búsqueda del lector ilustrado. Como todo intelectual, Rossi cinceló ideas y dentro de ellas preconcibió un lector a su imagen y semejanza. Sus progresivas representaciones del lector ilustrado crearon una distancia notoria con el lector concreto. Y sus loables intentos por ganarse éste último mediante estrategias periodísticas o simplemente queriendo agradarlo, anticiparon sendos desengaños. Sin embargo, nos quedan esos “rasgos” que, cual “monumentos de la ilustración”, nos ponen en evidencia que el lector ilustrado inventado en el Mercurio, empezó su larga marcha hacia la concretización en la mente de un inmigrante italiano que desembarcó en el Perú por “un engaño de la fortuna”.» (María del Rosario Solís, “La obra de José Rossi y Rubí en el Mercurio Peruano: búsqueda y creación del lector criollo ilustrado”, Tinkuy. Boletín de investigación y debate, Montréal 2007, nº 6, págs. 1-101.)

2008 «Este artículo busca dar cuenta de dos territorios de enunciación en relación con el cuerpo femenino en uno de los periódicos ilustrados más distintivos del Perú tardocolonial: Mercurio Peruano de historia, literatura y noticias públicas. Se propone abordar la maternidad y el travestismo como dos lugares enunciativos de ideologemas propios de lo que se ha venido a denotar como modernidad ilustrada y que hemos preferido denominar y connotar aquí, de modo preliminar aun, colonialidad ilustrada.» (Carol Arcos Herrera, “Maternidad y travestismo: cuerpos de mujeres en el Mercurio Peruano de historia, literatura y noticias públicas (1791-1795)”, Arenal, 15:2, julio-diciembre 2008, págs. 297-323.)

José de la Puente Brunke, “El Mercurio Peruano y la religión”, Anuario de Historia de la Iglesia, Pamplona 2008, págs. 137-148.

2009 «Frente a lo que han sido los diferentes tipos de recepción de la prensa periódica hasta ahora –como canteras de datos para los historiadores, como expresión del arraigamiento y la inevitabilidad de las construcciones nacionales decimonónicas para los políticos, como obras de segundo o tercer rango, carentes del principio de coherencia que provee el autor (aunque sea colectivo), para los literatos–, se esboza la necesidad de tomar en cuenta la especificidad de este discurso tal como se va organizando, como conjunto de enunciados discontinuos, en términos materiales, estilísticos, temáticos, pero también pragmáticos e ideológicos. Y no por ello menos interesantes ni menos importantes para la dinámica cultural americana.» (Catherine Poupeney Hart, “Hacia una cartografía ideológica de la Ilustración americana: los pliegues de la escritura en el Mercurio Peruano”, Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, año 35, nº 70 (2009), págs. 165-182.)

2010 «En este sentido, ciertos autores como Macera (1955), ven en el Mercurio una manifestación de una “conciencia nacional” balbuceante. Sin estar en total desacuerdo con ello, consideramos que se trata más bien de una “identidad peruana patriótica”. Hablamos de identidad porque nos parece atrevido pensar en una conciencia nacional si se entiende la nación en sentido moderno: efectivamente los actores del Mercurio nunca cuestionaron su fidelidad a la Corona española ni tampoco la pertenencia del Perú a ésta. Lo que sí es manifiesto en el Mercurio es un patriotismo y un orgullo por la región peruana: los contenidos expresados en sus páginas contribuyeron a consolidar una identidad peruana, defendiendo y promoviendo especificidades regionales. De cierto modo, al defender y promover la idea de la asimilación del indio en las páginas del Mercurio, los Amantes del País introdujeron elementos que servirían más tarde para la construcción nacional del Perú. Así, este patriotismo de los Amantes del País podría considerarse como pre-nacional, en términos cronológicos, evidentemente, como así también en términos identitarios. Es interesante constatar que las ideas de asimilación del Mercurio anticipan la declaración que hará San Martín en 1821: “en lo futuro, los aborígenes no serán llamados indios ni nativos; son hijos y ciudadanos del Perú, y serán conocidos como peruanos” (cit. en Anderson 1993: 80). En este sentido, el Mercurio contribuyó a la formación de una comunidad que un cuarto de siglo después se repensará en términos nacionales.» (Nicolas Beauclair, “La instrumentalización del indio en el desarrollo de una identidad peruana patriótica: el caso del Mercurio Peruano”, Tinkuy, Montreal 2010, nº 14, págs. 35-56.)

«Como evidencia la hermenéutica realizada sobre los materiales concretos visitados, las peregrinaciones del padre Girbal fueron leídas más en clave luminaria que religiosa. Aunque no menospreciamos el compromiso católico de la élite intelectual mercurista (al menos de parte de ella), la salvación de las comunidades nativas es entendida, principalmente, en términos comerciales, de integración a una red mercantilista. Aceptar el catolicismo era aceptar las concepciones del bienestar occidentales. La peregrinación fue interpretada, según evidencian los textos del Mercurio, como la aventura del avance de la civilización, de su expansión, mientras la barbarie nativa debía reducirse, concentrarse, cambiar sus modos ancestrales de producción, relación e intercambio. La nueva épica del hombre ilustrado buscaba imponer la organización racional, exponiendo el cuerpo a la irracionalidad de la selva.» (Pedro Favarón, “Entrando en la montaña: visión de la Amazonía en el Mercurio Peruano”, Tinkuy, Montreal 2010, nº 14, págs. 57-78.)

«Contradictorio fue el destino de la capital del virreinato al caer en desgracia y a la vez modernizarse con la política borbónica, contradictoria será la suerte del Mercurio, su más importante manifestación ilustrada, que a pesar de terminar con un matiz más conservador y monárquico del que comenzó, había demostrado ya que existía una incipiente intelectualidad criolla y urbana que pronto ordenaría y controlaría por sí misma el resto del territorio.» (Pablo Salinas, “Lima imaginada por el Mercurio Peruano, la obsesión organizadora y ordenadora de la ciudad desde el balcón ilustrado”, Tinkuy, Montreal 2010, nº 14, págs. 79-94.)

«Es decir que el Mercurio Peruano, además de reflejar una realidad existente, coadyuvó ampliamente a construir aquella misma realidad. Si nos basamos en los artículos analizados en este trabajo podemos ver que, tanto en la representación reivindicatoria de la historia peruana, como en la exaltación de su geografía, los autores no “sólo” se han contentado con ser el portavoz del pensamiento elitista de la época, sino que han contribuido activamente a fomentar la idea de una “conciencia de sí” que años más tarde, y en contextos diferentes, se irá transformando gradualmente en conciencia nacional.» (Sebastián Wierny, “Reivindicación histórica y natural de los criollos ilustrados en el Mercurio peruano: el despertar de una 'conciencia en sí' en el Perú del siglo XVIII”, Tinkuy, Montreal 2010, nº 14, págs. 95-104.)

«Las imágenes de performancias femeninas anti-modélicas diseminadas por los articulistas en el Mercurio Peruano junto a otras que “representan” el ideal tradicional contribuyeron –tal como lo hicieron otras figuras femeninas negativas en la literatura de ficción, pensamos por ejemplo en las pícaras– a difundir variaciones en la configuración estilizada de la mujer que, por su carácter hiperbólico y caricaturesco, pudieron haber sembrado ciertas dudas acerca de la esencialidad de la anti-femineidad que retrataban y por extensión de su otra cara, la “femineidad”.» (Lise Sauriol, “La representación de 'lo femenino' en el Mercurio Peruano. Hacia perspectivas emancipadoras”, Tinkuy, Montreal 2010, nº 14, págs. 105-118.)

2012 «¿Cuál es el grado de impacto de la Revolución Francesa a través del Mercurio Peruano? Podemos considerar que el grado de impacto de los sucesos ocurridos en Francia fueron reflejados por el Mercurio Peruano de una manera tibia, más no porque estos hechos no afectaran en nada la vida política del virreinato, por el contrario los hechos ocurridos con la muerte de Luis XVI y el edicto de la Constitución Civil del Clero, remecían las bases del virreinato y de las misma Sociedad de Amantes del País, pero las medidas que optó esta asociación fue darle una cobertura mínima en sus primeros años, sin siquiera mencionarla en sus páginas dedicándose exclusivamente “a lo peruano”, hasta que la aparición de pasquines y diversas publicidades obligaron al diario a hacer notar su posición de condena y aborrecimiento. ¿Cuál es la influencia que recibió esta revista de estos hechos revolucionarios europeos? La revista condenó los sucesos de la Francia revolucionaria además se puede decir que la única influencia recibida es la de acrecentar las políticas reales sustentadas en celebrar la Real Cédula que declara la guerra a Francia, el intento de identificar esta guerra española con todos los habitantes del virreinato sustentándose en las tradiciones católicas del país. ¿Fue determinante en la germinación de una verdadera corriente de opinión nacionalista o criolla? Por el contrario a las tendencias historiográficas que mencionan que el Mercurio Peruano y la Sociedad Amantes del País son los precursores intelectuales del nacionalismo criollo y de la Independencia de 1821, se ve claramente que el Mercurio fue un órgano oficial y católico que no crítico al régimen español y que la tendencia de reflejar un amor al país era permitido por el tipo de gobierno español, el Mercurio fue totalmente antirrevolucionario con los hechos ocurridos en Francia por lo tanto bajo los mismos parámetros criticaba el desorden, el caos, la anarquía y la guerra preparando un clima apolítico que no terminariá en una independencia. La Revolución Francesa fue condenada por el diario más accesible e importante del país, este diario llego a una minoría de la población pues la demás era iletrada y los ánimos bajo el cual se guió sus noticias fueron de aborrecimiento y condena, en la generación o época del Mercurio Peruano, la Revolución Francesa no jugó un papel importante, su impacto como diría Claudia Rosas no fue inmediato debido a los diferentes procesos tanto en Francia como en Perú fue más bien un proceso lento que cuajaría después de la independencia del Perú.» (José Luis Rodríguez Toledo, “El impacto de la revolución francesa en el Perú a través de las páginas del Mercurio Peruano, 1791-1794”, Revista Historia Abierta, Bucaramanga, agosto 2011-marzo 2012, nº 2, págs. 184-197.)

2014 «El Mercurio Peruano (1791-1795) ha sido considerado por la historiogafía conservadora como un medio progresista, ilustrado y precursor de la Independencia peruana. Sin embargo, en los últimos tiempos estas aseveraciones se cuestionan tanto desde la perspectiva de la Filosofía como de la Historia. Este estudio busca establecer la medida en que los redactores y colaboradores externos de la revista se ciñen a los principios ilustrados en sus estudios acerca de la historia patria y de la sociedad peruana y encuentra elementos racionalistas en el análisis histórico, pero que en cuanto a la sociedad, mantienen concepciones neoescolásticas. Los textos históricos rechazan el providencialismo que caracteriza a la historiografía previa, consideran el devenir como una trayectoria civil y progresiva, tratan de basarse en evidencias pero su enfoque dista mucho de considerar el pasado andino como común. De otro lado, el análisis social insiste en basarse en las ideas corporativas y providencialistas de concepciones pre-ilustradas.» (Francisco Quiroz Chueca & Lleisen Homero Quiroz Cabañas, “El Mercurio Peruano (1791-1795): historia y sociedad”, Investigaciones sociales, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima 2014, vol. 18, nº 33, págs. 131-139.)

«Fray Diego Cisneros fue monje jerónimo del Escorial y bibliotecario de su Librería Real. En 1772 marchó a Perú como administrador de las rentas de unas encomiendas donadas por Felipe IV al monasterio como pago de la fundación de sufragios creada por el monarca, y para gestionar todo lo relacionado con la administración de los libros litúrgicos del Nuevo Rezado. Por su amplia cultura y espíritu abierto conectó con el grupo de intelectuales de Lima y formó parte de la Sociedad de Amantes del País, editora del periódico Mercurio Peruano (1790-1795) que fue un importante proyecto ilustrado de la última década del Setecientos.» (F. Javier Campos y Fernández de Sevilla, “El padre jerónimo Diego Cisneros, los libros prohibidos y el Mercurio Peruano”, Anuario Jurídico y Económico Escurialense, San Lorenzo del Escorial 2014, XLVII, págs. 629-654.)

2016 «En conclusión, la tesis tradicional según la cual el Mercurio Peruano fue un precursor de los movimientos independentistas en el Perú y que por dicha razón fue cerrado por unas autoridades españolas, temerosas de su impacto sobre la integridad de la Monarquía, carece claramente de sustento en los hechos históricos. Ni el contenido del Mercurio, ni las excelentes relaciones de sus promotores con el virrey, incluso después del cierre del periódico, ni las brillantes carreras de muchos de ellos en el seno de la administración española, concuerdan con esta interpretación. Además, de la documentación disponible se desprende palmariamente que la Corte se enteró del cierre del Mercurio más de un año tras su desaparición y que el virrey, a quien muchos han responsabilizado de su clausura, no sólo escribiría con nostalgia del mismo tras su cierre, sino que expresaría a su sucesor su deseo de que el Mercurio resucitara una vez concluidas las guerras en Europa y superada la penuria económica que éstas conllevaban. […] Lo que se desprende de los hechos aquí relatados es que los promotores del periódico no sólo no fueron víctimas de las autoridades virreinales, sino que se vieron premiados por éstas, optando los más conspicuos de entre ellos por abandonar el Perú en dirección a Europa, con la esperanza de así avanzar sus carreras en la administración española, en lugar de –como hubiera sugerido la visión tradicional del Mercurio–, permanecer en el Perú para fomentar una conciencia peruana de carácter antipeninsular. Y así, desde una perspectiva más amplia, la experiencia del Mercurio Peruano viene, si algo, a coincidir con la visión defendida en su día por Bonilla y Spalding sobre la ausencia de un movimiento independentista significativo en el Perú no ya a finales del siglo XVIII, sino incluso en el mismísimo momento en el que las tropas de Bolívar y San Martín derrotaban a los últimos resquicios del ejército realista en América. Coincide así la experiencia del Mercurio Peruano plenamente con la imagen que ofrece Guillermo Céspedes del Castillo del Perú tardocolonial como un “baluarte de la lealtad”.» (Iago Gil Aguado, “La clausura del Mercurio Peruano. Una perspectiva a contracorriente”, Revista de Indias, 2016, vol. LXXVI, n.º 267, págs. 481-507.)

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