Punta Europa
1956-1967
artículos

Punta EuropaRevista mensual publicada en Madrid entre 1956 y 1967 (números 1 a 128), en un entorno ideológico católico cercano al tradicionalismo, promovida por Lucas María de Oriol y Urquijo y dirigida por Vicente Marrero Suárez. El número 1 (enero de 1956) señala que la redacción y administración están en la calle General Oráa 59, de Madrid (Apartado de correos 13.008), y está impreso en Artes Gráficas C.I.M. En 1965 inició una nueva etapa –ver Lucas María de Oriol y Urquijo, «Ante la nueva etapa de Punta Europa»– dejando de publicarse en 1967 (el último número aparecido, el 128, corresponde a diciembre de 1967).

Desde enero de 1958 la dirección postal de la revista pasa a la calle Montalbán 14, de Madrid, domicilio que también figura en los libros publicados por Ediciones Punta Europa. [En 2003 en Montalbán 14 de Madrid se mantiene la sede principal del Grupo Talgo, la principal empresa privada española de ferrocarriles; y es también domicilio de la Fundación Universitaria José Luis de Oriol y Catalina de Urquijo, padres de Lucas María de Oriol y Urquijo, quien a sus 93 años ocupa la presidencia de honor de la empresa Patentes Talgo SA, que fundó en 1942 su padre, José Luis de Oriol y Urigüen, y preside ahora su hijo, Lucas María de Oriol y López-Montenegro.]

El nombre de la revista lo llevó también una editorial, Ediciones Punta Europa, donde aparecieron, por ejemplo, los siguientes libros: Santiago Ramírez, Ortega y el núcleo de su filosofía (Madrid 1959, 64 págs.); Horia Stamatu, La juventud, hoy (Madrid 1959, 97 págs.); Vicente Marrero, La guerra española y el trust de cerebros (Madrid 1961, 683 págs.); Vicente Marrero, Teoría de una posibilidad española (Madrid 1964, 306 págs.); Lucas María de Oriol y Urquijo, España, aire nuevo. Proyecto para una generación (Madrid 1965, 248 págs.); Domingo Paniagua, Revistas culturales contemporáneas (Madrid 1970, 127 págs.).

Punta EuropaAl terminar su tercer año de publicación, en 1958, figuran los siguientes nombres como cargos de la revista: Lucas María Oriol Urquijo (Presidente del Grupo Fundador), Vicente Marrero Suárez (Director), Domingo Paniagua (Secretario de Redacción) y Carlos Murciano (Administrador). Las secciones habituales consolidadas en la revista eran las siguientes: I. Editorial (normalmente sin firma, aunque el del nº 23-24, por ejemplo, «Tenemos que hablar», lleva la firma de Lucas María de Oriol), II. Lengua de fuego (fragmento normalmente de una página tomado de autores como Romano Guardini, Pío XII, San Juan Crisóstomo, Georges Bernanos, Ramiro de Maeztu, Donoso Cortés, Jaime Balmes, Jean Danielou, Santiago Ramírez, Teilhard de Chardin, Charles Moeller, Juan XXIII, &c.), III. Crónica internacional (sección firmada casi siempre por Juan Alba), IV. Crónica española (luego llamada Puertas Adentro, en la que suelen firmar Vicente Marrero, Manuel María Salcedo, Amalio García-Arias, Lucas María de Oriol, Jesús López Medel, Carlos Luis Alvarez, Francisco Verdera, &c.), V. Pliego literario (conteniendo poesías, narraciones y estudios, por José Hierro, José García Nieto, Manuel G. Cerezales, Francisco Elías de Tejada, Jorge Tzebrikov, Carlos Murciano, Antonio Murciano, Dolores Medio, Carmen Conde, &c.), VI. Ensayos, VII. Actualidad social y económica, VIII. Criba y comentarios, IX. Notas al paso (sección escrita por Carlos Murciano), X. Horizontes abiertos (semblanza y entrevista a un coetáneo, del que se ofrece un texto inédito: de las seis primeras entregas cuatro estuvieron dedicadas a filósofosAntonio Millán Puelles, Roberto Saumells Panadés, Alejandro Díez Macho y Miguel Oromí Inglés– y dos a poetas –Rafael Morales y José Hierro–; los seis nacidos entre 1911 y 1922, todos por tanto de la «generación de 1916» o de los «excombatientes»), y XI. Caña y mosca (sección escrita por Domingo Paniagua).

Todavía no había cumplido la revista su primer año de vida cuando ya se vio precisada a negar su vinculación orgánica con el Opus Dei. ¿Excusatio non petita, accusatio manifesta...? Formalmente no, pues se trataba de responder a lo que había asegurado una revista católica francesa: en la página 6 del número 11 (noviembre 1956), bajo el título: «Nota: Punta Europa y el Opus Dei», puede leerse:

«Con el ánimo de evitar equívocos y por puro amor a la verdad, creemos nuestro deber desautorizar una afirmación referente a nuestra revista, que se hacía en el número que Esprit dedicó recientemente a España. Punta Europa no es una revista del Opus Dei. Ni sus fundadores, ni su director, ni los miembros de su Consejo de Redacción pertenecen a dicho Instituto. El hecho de que, en algunos casos, nuestras actitudes hayan sido juzgadas como inspiradas por el Opus Dei, o que en nuestras páginas hayan colaborado algunos de sus miembros, no demuestra sino el afán de Punta Europa de estar abierta a todo lo que de noble, eficaz y constructivo quiera decirse en sus páginas. Tampoco queremos que nuestros desaciertos, negligencias y faltas se le imputen –al amparo de un equívoco al que no hay lugar– a una Institución que viene desarrollando una actividad espiritual que ha de dejar su honda huella en el mundo, y también en España.»

Llama la atención el interés que el historiador Florentino Pérez Embid (personalidad relevante dentro del Opus Dei, entonces Director General de Propaganda del Ministerio de Información y Turismo) demostró por la revista Punta Europa recién aparecido su primer número. En efecto, en el folleto titulado Revistas culturales de postguerra (nº 215 de Temas Españoles, Madrid 1956, 30 págs. –el único folleto que escribió Pérez Embid en esa colección, auspiciada desde la Dirección General que dirigía–), se le dedica un espacio dominante en la cubierta y de las cuatro portadas que se reproducen una corresponde a Punta Europa, una revista recién nacida a la que sin embargo dedica ya más de dos páginas:

«Por último, en los mismos días finales de 1955, en los que se cierra este folleto, ha salido el número inicial de una publicación cultural nueva, del mismo tipo de las hasta aquí reseñadas: Punta Europa es su título, y su director, Vicente Marrero. En la línea del pensamiento tradicional, y aun con un marcado carácter tradicionalista en cuanto a tendencia política desde el primer número, que lleva ya fecha de enero de 1956, promete, por la selección de los colaboradores, la atención a temas literarios y artísticos, el vigor cultural de su contenido y su presentación cuidada y sobria, ser el pórtico de una manifestación más, entre las importantes, de la nueva vitalidad y del sentido actual de la cultura católica en España. Christopher Dawson, Juan R. Sepich, Gaspar González, José Hierro, Manuel G. Cerezales, Antonio Pacios, Francisco Elias de Tejada, Lucas María de Oriol y Antonio Millán Puelles escriben en el primer número. He aquí el editorial de presentación: [y se transcribe íntegro ese texto].»

En el editorial «Punta Europa en su tercer año» (número 25, enero 1958) tuvieron que volver los mentores de la revista a proclamar su independencia respecto del Opus Dei: «...podríamos, igualmente, hablar de aquellos que, ignoramos con qué intenciones, nos siguen colgando el sambenito de el 'Opus Dei', como si la nota que publicamos en la página 6 de nuestro número 11 no fuese absolutamente sincera, &c.» Para quienes es suficiente una descripción de la realidad con la brocha gorda del simplismo podrá dar lo mismo, pero nosotros preferimos no perdernos esa riqueza de irisaciones ideológicas que conforman el pretérito y por supuesto nuestro presente...

«Domingo Paniagua hacía periodismo en Madrid y era jurídico del Aire. En calidad de tal intervino en un juicio sumarísimo del que resultó pena de muerte para un civil que había asaltado un furgón militar que transportaba dinero. Fue un asalto con sangre. Paniagua logró introducirme confidencialmente entre quienes presenciaron la ejecución, como siempre, al amanecer. Al reo le dieron garrote vil y fue una cosa limpia, pero sonó.
Con aquel amigo escribí en la revista Punta Europa. Allí escribían también el rumano Vintila Horia, que me hablaba de la música nunca oída del castellano, y Vicente Marrero, que era el director de la publicación y tenía la confianza del propietario, Lucas María de Oriol. La revista era muy integrista, muy católica. Discurría por los cauces de Menéndez y Pelayo, de Vázquez de Mella y de una escolástica tardía que llegó a representar allí un fraile teólogo, el padre Ramírez, que tenía un poco de los frailes de Galdós, como aquella su paternidad de fray Salmón, a quien por lo visto se debió la introducción de las almejas en la paella valenciana. Para Marrero, era un maestro el padre Ramírez y entrambos eran antiorteguianos furibundos. Marrero había estudiado en Alemania. Escribió un libro, Ortega, filósofo mondain, en el que venía a decir que Ortega no era un filósofo y se unió al fraile erudito que publicó por aquella época dos tomos que eran como dos jaulas de grillos chirriando contra Ortega y la razón vital. La razón vital, decía el padre Ramírez, es la filosofía de las raposas. También atacaba a Laín, a Aranguren y, sobre todo, a Julián Marías. Con Marías se enzarzó en una polémica absurda acerca de si Dios es o no una cosa. Creo que fue por aquel tiempo cuando apareció una obra póstuma de Ortega, Principio de la razón en Leibnitz, y yo me dediqué a desentrañarla mientras contemplaba tranquilamente aquel zurriburri orteguiano.
La revista Punta Europa, tan integrista, no podía hacer sombra a publicaciones como Ínsula o Índice, de mucho compromiso con el pensamiento de la izquierda. Así que desapareció. En otra parte he escrito que murió de derechismo y de «odium theologicum», pero ahora no lo creo, de eso no se muere. Más sencillamente, Oriol se cansó de pagar facturas. Vicente Marrero era una especie de buey suelto dentro de los cuadros intelectuales de la derecha, que no solían tratarle bien, aunque Millán Puelles (con quien yo jugué bastante al ajedrez durante un verano que pasé en Fuengirola) colaboraba a veces en la revista. Me decía: «La Historia es la forma en que se desarrolla la naturaleza». Y movía un peón. No sé si al decir «desarrollo» quería decir «degradación», «caída». Tengo hoy la sensación de que llamaba Historia al desenvolvimiento de una serie de abstracciones, a una Historia, digamos, sin experiencia, y no a una Historia realmente vivida. Cuando se cerró Punta Europa, Marrero acentuó su actividad política y, después de algunos escarceos ensayísticos y literarios de los que tuve noticia, no volví a saber de él. Finalmente reapareció en la secretaría particular o en el gabinete de prensa de Camilo Alonso Vega cuando el general fue ministro de la Gobernación.» (Cándido [Carlos Luis Álvarez], Memorias prohibidas, Ediciones B, Barcelona 1995, págs. 193-195 [de la edición de Círculo de Lectores, Barcelona 1996].)

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