Triunfo
Madrid, 8 de abril de 1972
 
año XXVII, número 497
páginas 47-48

arte letras espectáculos

Manuel Pizán

«La civilización, en la encrucijada»

Radovan Richta, en su La civilización, en la encrucijada{1} –obra, en realidad, compuesta por el equipo multidisciplinario del Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de Checoslovaquia, en la primavera del 68–, nos ofrece algo extremadamente rico, complejo, incisivo y, por supuesto, polémico.

Podríamos dividirlo, no formalmente por capítulos, sino por contenido, en cinco partes:

a) Exposición de qué es, y cómo llegó a serlo, la revolución científico-técnica.

b) Las tendencias previsibles en su desarrollo.

c) Los cambios sociales cualitativos que ya desde ahora está provocando.

d) Su aplicación concreta a Checoslovaquia.

e) El planteamiento ideológico general, lo que podríamos llamar su teoría política.

A Joan Senant Josa, Richta le recuerda «a algunos teóricos de la Segunda Internacional (Kautsky, por ejemplo), que se esforzaban en buscar la causa determinante del desarrollo de las fuerza productivas en los avances de la ciencia, o más bien a aquellos futuristas ilusionados por el porvenir de la ciencia, en la primera revolución industrial, que nutrieron las filas del socialismo utópico, y que también creyeron, como algunos ahora, que la ciencia iba a solucionar todos los problemas de su época». Es una definición que, por exacta, es compleja. Incluye, en efecto, el aspecto ideológico-reformista, pero también el otro, positivo, de confianza en una ciencia que desborda y hace explotar todos los esquemas tradicionales, convertida no sólo en una fuerza productiva directa, sino en un dinamizador social extraordinario.

Así nos explica que «la RCT es, de hecho, una revolución cultural en un nuevo sentido, más profundo y más amplio, pues no se limita a tal o cual cambio en el seno de la cultura, sino que modifica radicalmente el lugar de la cultura en la vida de la sociedad, haciendo depender directamente la producción de las condiciones materiales de la maduración expansiva de las fuerzas humanas», con lo que sube no sólo «el nivel de vida, sino también el nivel de la vida», apareciendo como nuevo valor el de «tiempo disponible». Este proceso se relaciona con el crecimiento vertiginoso de un nuevo sector económico, el cuaternario: ciencia, investigación y desarrollo, que consolida el que la ciencia se vaya imponiendo como una fuerza decisiva. Esta, sin embargo, se apoya cada vez más, a efectos operativos, en la cibernética y en la información, que permiten una autorregulación creadora de la sociedad.

Los planteamientos ideológicos de Richta presuponen un humanismo vulgar, es decir, abstrayéndolo de la clase social. De aquí a abandonar la lucha de clases, a escala nacional, y la lucha anti-imperialista, a escala internacional, sólo hay un paso, que Richta amaga. «La batalla decisiva por el socialismo –a escala mundial– se librará de hoy en adelante en el terreno de las condiciones del progreso de la producción, de la técnica y de la ciencia», reduciendo, en cierto fatalista modo, problemas políticos a economicismo y desarrollismo. «La ciencia se abre su propio camino independiente como fuerza motriz revolucionaria», porque «está por encima de las fuerzas de cualquier clase, en conflicto con otra clase». Presupone, pues, la abolición de los antagonismos de clase, pero, ¿por medio de la colaboración de éstas? También la cooperación universal de los hombres, pero, ¿abstrayendo las diferencias entre países capitalistas y socialistas? Su tesis de que la organización de vanguardia obrera debe tener por principal objetivo la promoción de la RCT, y que hoy un papel del socialismo es hacer de «despertador del capitalismo» cuando «el impulso tradicional del capitalismo tendía a estancarse», ¿no supera el marco de la mera utopía? Asimismo, el atribuir a la civilización industrial en general algunos de los peores males del capitalismo y del centralismo burocrático, ¿es casual, mero «despiste» científico?

Dentro del abandono del internacionalismo, que llega a proponer vergonzosamente un despegue científico-técnico en solitario de Checoslovaquia, el tercer mundo queda en una posición muy ambigua.

En muchos de los planteamientos ideológicos aquí reseñados hemos visto una tendencia al reformismo, así como un permanente escamoteamiento del problema de fondo, político. Decir que hasta los años cincuenta «en los países socialistas las ciencias humanas no han avanzado», ¿no podría convertirse en un claro abordaje del problema del stalinismo? Richta presenta como marxismo estrecho al que hace abstracción de la RCT, y tiene razón, pero tener en cuenta sólo la RCT es marxismo utópico. El primero puede conducir, como postula Richta –prácticamente, lo reduce a un subproducto de la industrialización socialista, lo que es excesivo fatalismo–, a Stalin, pero el segundo, a un reformismo tecnocrático que renuncia al presente en nombre del futuro, con lo que pierde no sólo el presente, sino también el futuro. De hecho, sólo una vez, de pasada y entre paréntesis, se enfrenta con el problema básico político: con «el centralismo democrático escamoteado por una limitación burocrática de los derechos de los trabajadores y de su participación en las decisiones».

Tener esto más en cuenta hubiera quizá permitido a Richta y su equipo evitar algunos de los sinsentidos enunciados. Pero, en cualquier caso, no se empaña su mérito fundamental: exponer de manera global los cambios fundamentales que esperan a la Humanidad en el curso de la revolución científico-técnica y exponer cómo ésta sólo puede desarrollarse plenamente en determinado sistema político, que, a su vez, la necesita para consolidarse económica y humanamente. Esta parte, la mayoritaria del libro –y por ello es importante leerlo–, es enormemente positiva, en cuanto que es un canto a la democracia política, económica, social y cultural de los hombres, en un mundo en el que el libre reino de la abundancia habrá sucedido definitivamente al duro reino de la necesidad.

Manuel Pizán.

——

{1} Radovan Richta, La civilización, en la encrucijada. Obra realizada por el equipo multidisciplinario del Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de Checoslovaquia. Prólogo de Daniel Lacalle. Artiach Editorial, Madrid 1972, 420 páginas.

19720408 La civilización, en la encrucijada, de Radovan Richta · Manuel Pizán
  19720429 La civilización en la encrucijada [respuesta a Manuel Pizán] · Rafael Pla
  19720506 La Revolución científico-técnica, Richta y Pla · Manuel Pizán

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