El Sol
Madrid, viernes 24 de julio de 1925
 
año IX, número 2.484
página 1

Angélica Palma

Del Perú

Influencia extranjera

Angélica Palma es una joven poetisa suramericana que continúa desde Lima la gloriosa tradición literaria iniciada por su padre (D. Ricardo) con esa primorosa colección recientemente editada en Madrid, que se titula: «Tradiciones peruanas».

Se ha desarrollado Angélica Palma, física y espiritualmente, entre dos opuestas perspectivas que vienen siendo los polos de orientación hacia donde la sensibilidad se convierte desde las más remotas manifestaciones líricas: la montaña y el mar. La visión brava y recia de los Andes y la otra más sosegada y plácida del Pacífico. Angélica Palma logró graduar el diafragma de los sentidos, para que, en lugar del contraste, se produjera la armonía. Su empeño culminó al mezclar la euforia del mar con el trágico clamor de la sierra, y dando entonces cara a la cultura de Occidente, se abrió a todas las emociones, y creóse una estética propia. Merced a ella, ha sido consagrada hace tiempo en el corro magnífico de las poetisas suramericanas, que preside el ídolo tutelar de Gabriela Mistral.

Angélica Palma inaugura hoy, con el siguiente artículo, sus funciones de corresponsal de El Sol en el Perú.

En los últimos días de mi residencia en ese amabilísimo, inolvidable Madrid, me impresionó tristemente la carta del Sr. Lugones sobre hispanoamericanismo y panamericanismo, publicada en El Sol, y comentada muy acertadamente en un editorial del mismo periódico titulado «Una carta desconsoladora». Ahora, en los primeros días de mi grato regreso a la patria, vuelve a imponerse a mi atención el importantísimo tema con motivo de un artículo del preclaro pensador español Luis Araquistain, reproducido en El Comercio, decano de la Prensa peruana, artículo muy leído y discutido en los círculos intelectuales.

Lejos de mí el propósito de intervenir en la discusión trascendental entablada entre tan altas personalidades contemporáneas, tan sólo deseo apuntar algunos datos referentes a mi país, exponer sencillas observaciones de la vida cuotidiana, que contribuyan a hacer conocer la situación y las tendencias del Perú en este debatido asunto de perenne actualidad.

Desde luego, el capital y la industria norteamericanos tienen aquí indudable influencia; las amplias y hermosas avenidas abiertas en los últimos años que unen a Lima con el puerto del Callao y las lindas poblaciones campestres de las inmediaciones, la sustitución de la tracción animal por la mecánica, muchas de las empresas mineras y agrícolas establecidas en diversas regiones de la República expresan elocuentemente lo que el evidente progreso material de la nación debe al influjo yanqui; pero éste no es absoluto: nuestro sistema monetario, a base del patrón oro, no se relaciona, como el argentino, con el dólar, sino con la libra esterlina, y el dinero y el trabajo de Inglaterra, Italia, Alemania, Japón y China –y en grado inferior de Francia y de España– tienen muy activa participación en nuestra vida comercial. El Perú, país joven, rico, de escasa población, poco explotado, abre de par en par sus puertas al extranjero.

Sin embargo, este cosmopolitismo, lógico en América, es más externo que intenso, no llega a lo íntimo. Nuestra literatura, nuestro arte incipiente, buscan en el arcaísmo incaico motivo de inspiración, y en lo esencial de la existencia peruana predomina el criollismo, esto es: España trasplantada a América, o para no generalizar y cumplir con la promesa de limitarme a lo mío, al Perú. Eso significa el criollismo: el espíritu de España modificado por la acción del medio y del contacto con otras razas a las que ha dejado las indelebles improntas de la religión y del idioma.

Refiriéndonos sólo a lo externo, la persistencia del criollismo se ve en nuestros edificios; no únicamente en las antiguas casas de patios sevillanos, que aún alegran muchas de las calles de Lima, sino en las flamantes construcciones de las avenidas modernas y de los balnearios, en las cuales predomina el estilo colonial. Justo es decir que el buen ejemplo viene de arriba: lo ha dado el Gobierno comprando para sede del ministerio de Relaciones Exteriores, y restaurándolo atinadamente, el viejo, hermosísimo palacio de los marqueses de Torre-Tagle, y escogiendo para la reconstrucción del arzobispal el proyecto arquitectónico que, ya realizado, embellece la plaza de Armas, con la elegancia barroca de su fachada, decorada con balcones de primorosa talla.

Esa feliz perduración de lo propio tiene otra manifestación más decisiva: el fracaso de las misiones educadoras yanquis. Mucho hay por hacer y por reformar en nuestro centro de instrucción, y, con anhelo de mejoramiento, se llamó a profesores de los Estados Unidos; pero esa cultura, tan diferente al acervo heredado, no era planta de posible arraigo en esta tierra peruana, y el desengaño, que para muchos no fue sino confirmación de sus previsiones, vino pronto.

No quiero ocuparme del imperialismo norteamericano, tan contrario a la ideología nacional peruana, y que es objeto de las simpatías del Sr. Lugones y de las censuras de D. Luis Araquistain. El absurdo laudo de los Estados Unidos en la cuestión de Tacua y Arica es irritante comprobación de él, y menoscabo y vergüenza de los ideales americanistas. El Perú, fiado en su derecho más que en la imparcialidad del arbitro, concurrirá al plebiscito. De la organización y expectativas de éste me ocuparé en otra correspondencia; ahora sólo he intentado comprobar, con el humilde aporte de mis observaciones personales, que esta patria mía no es fácil de desnaturalizar y contrahacer como algunos pretenden, y que el noble propósito de mi amigo Edwin Elmore sobre la formación de un Congreso de trabajadores intelectuales hispanoamericanos, que ha ocasionado la controversia de Araquistain y Lugones, se abrirá camino si se acierta a encauzarlo.

Formulemos votos por su logro, promesa cierta de ventajas prácticas y espirituales; traerán éstas de la mano a aquéllas; la difusión de los libros de lengua española, el mutuo conocimiento, la compenetración intelectual, el culto del idioma dando a nuestros pueblos positivo valor comercial y civilizador, convertirán en realidad viable ese hermoso y necesario ideal hispanoamericanista que el Sr. Lugones, hoy fanático partidario de la tiranía y de la fuerza, se niega a aceptar.

Angélica Palma

Miraflores (Lima), 15 de junio de 1925.

——
Un Congreso libre de trabajadores intelectuales · Leopoldo Lugones
Lo explicable y lo inexplicable del Sr. Lugones · Luis Araquistain

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