Filosofía en español 
Filosofía en español


Un buen libro

Lo es el que con el título Nuestras costumbres acaba de publicar el licenciado Pedro Gotor de Burbáguena, seudónimo bajo el que se oculta un nombre que no estamos autorizados para revelar.

En cinco libros divide el autor su obra: «Condición de la mujer», «El matrimonio», «La familia», «El Catolicismo» y «El dinero», y todos ellos son una crítica despiadada de la sociedad actual.

No consienten las dimensiones de el socialista dar gran extensión a esta que sólo podemos llamar noticia bibliográfica; así que hemos de limitarnos forzosamente a señalar algunas de las materias de que la obra trata, como ligera muestra del fino espíritu de observación que el autor posee y el concienzudo estudio que de la actual organización social ha hecho.

En el libro primero el autor arremete briosamente contra los enemigos de la emancipación de la mujer, rebatiendo los argumentos que el Dr. Mariscal aduce en su Higiene de la inteligencia (libro por lo demás muy digno de estima y de figurar en la biblioteca de todo hombre estudioso).

No niega el autor que la mujer sea frívola, insustancial, coqueta, pero justifica estos defectos y los atribuye muy cuerdamente a la viciosa educación que recibe.

Dice el autor, entre otras cosas: «La mujer se halla limitada a la vida de familia; el hombre sale, entra, se agita en el exterior, tiene asuntos en que se interesa su cabeza y su corazón, se preocupa un poco de los sucesos de la vida pública, y, en suma, está más ligado a los conceptos de ciudadanía, de patria, de bien común, &c.»

Y más adelante: «Se ha creído posible tener paralizado el cerebro de la mujer y mantener en la ociosidad su alma, sin saber que ésta no puede estar ociosa; necesita sorpresas, emociones, huir, salvarse del hastío, que es el moho del espíritu. Y como las hemos cerrado las puertas de la ciencia, del trabajo, del arte, ellas abrirán violentamente la puerta del libertinaje.»

En el libro segundo, «El matrimonio», como en el tercero, «La familia», el autor de Nuestras costumbres hace una disección acabada de ambas instituciones. Y tanto ahonda en esta disección, que algunas veces llega a crudezas de lenguaje que harán persignarse a los hipócritas y a los beatos; pero aparte de que a ello obliga la índole de la materia que trata, ni para unos ni para otros está escrito el libro que nos ocupa.

En la parte que dedica a «El Catolicismo» demuestra que no somos católicos, como lo prueba, entre otros, el hecho de que estando condenado el duelo por la Iglesia, la sociedad estigmatiza al que, en determinados casos, no acude «al campo del honor.»

Es curiosa, y muy exacta, la afirmación de que de la población rural, que no es ciertamente la más ilustrada, sale todo el contingente para la carrera eclesiástica, prueba de que no es la vocación la que lleva al hombre a ese estado, considerado el más perfecto por la Iglesia.

En el último libro, «El dinero», combate la propiedad individual con argumentos más de abogado que de economista.

¿Es socialista el autor de Nuestras costumbres? No lo sabemos, pero suyas son estas palabras que pone como comentario a unos párrafos que transcribe de cierto libro de Spencer: «La inmensa labor de reflexión que supone su obra, no podía menos de llevarle a conclusiones opuestas al individualismo que su temperamento inglés le dictaba en un principio. Bueno es que así conste, y si los socialistas logran hacerle entrar en su campo, buen redoble de tambores y buen despliegue de banderas deben hacer. El que se acerca a ellos, es un príncipe del pensamiento humano.»

Y en el resumen que hace de su libro hallamos este párrafo:

«El individualismo social y económico ha embrutecido a las masas con la imperturbable práctica de una vida mecánica. Ha hecho que por la poca participación que toma el individuo en los asuntos de interés general, por la atención de soslayo que les presta, reconcentrando toda su actividad en la familia y viviendo a estilo moruno en el interior, se opere un verdadero retroceso en las relaciones sociales. El individualismo no es ni más ni menos que una protesta contra el instinto de sociabilidad del hombre, cuya forma más elevada es el sentimiento de solidaridad. El individualismo va contra este sentimiento y contra aquel instinto; es un atentado contra ellos. Por eso se observa esa incongruencia en la época presente entre el progreso material y el progreso moral.»

Resumiendo: Nuestras costumbres, como obra de crítica social, es superior a Las mentiras convencionales, de Max Nordau; de ella salen hechas trizas todas las instituciones que contribuyen a sostener esta absurda y antinatural organización social. Es, pues, obra demoledora la que el autor ha hecho, y en ese sentido la recomendamos a nuestros lectores.