Renovación. Órgano de la Federación de Juventudes Socialistas de España
Madrid, 30 de septiembre de 1933
 
Cuarta época, número 111
página 3

[ José Laín Entralgo ]

Todo el Poder al Partido Socialista

La última crisis ha servido maravillosamente –algo bueno había de tener– para contrastar la firmeza de las instituciones, de los partidos, de las conductas, de las disciplinas. Que la autoridad en todas estas cosas no se adquiere porque sí, ni la venden en ningún establecimiento. Se gana trabajosamente, demostrando diariamente, y con especialidad en las ocasiones solemnes, la licitud con que es poseída. Por eso hay que observar las ocasiones. Hay que contrastar con la realidad a los partidos y a los hombres antes de otorgarles títulos inmerecidamente.

La última crisis ha servido para esto. Ha sido un reactivo excepcional. Ha servido para discernir dónde estaba, dentro de la amalgama del Gobierno anterior, el metal noble que daba consistencia al conjunto, y dónde el material falsificado que brillaba con luces reflejas. Después de estas pocas semanas pasadas, ¿qué es lo que queda de la revolución iniciada en los movimientos de diciembre de 1930 y abril de 1931? Los falsos prestigios, llenos de oprobio; las fuerzas del republicanismo histórico, entregadas abiertamente a la reacción y traicionando –una vez más– los compromisos adquiridos; las instituciones fundamentales del régimen republicano, menguado su prestigio por sus propios errores. Los nuevos núcleos republicanos, deshechos, disgregados, sin personalidad y sin masa. Sólo, entre este caos informe, se levanta una fuerza: la del Partido Socialista.

Nuestro Partido no se ha visto arrastrado al movimiento de desintegración que ahora aqueja a las fracciones republicanas. Al contrario: ha aumentado su fuerza moral y material: ha apretado sus filas forzando la disciplina. Se ha fortalecido. Es la única institución, el único partido, la única disciplina que se ha salvado. Aún más: que se ha acrecido. Representa hoy en día el Partido Socialista la única garantía de continuidad de la revolución española, cobardemente traicionada por el resto de los grupos y de las personas. Al triunfo de la revolución democráticoburguesa contribuyeron muy diversos elementos. Todos, menos el Socialismo, se han visto arrastrados por la fuerza de los acontecimientos; cosa lógica, por lo demás. Nosotros nos situamos en un terreno firme, inconmovible; en el terreno económico; en el terreno de la lucha de clases. El resto de los partidos republicanos se fundamentan en una base ideológica arrumbada por inútil: en las revoluciones democráticas del siglo pasado. Ellos están condenados al fracaso. Nosotros tenemos descontado el triunfo.

El ciclo revolucionario no puede quebrarse. La revolución ha de seguir su marcha. No puede detenerse, porque tiene su origen en la entraña económica de nuestro país. Ha de llegar, por el contrario, a su culminación. Ha de saltar de la revolución democrática a la revolución económica; de la revolución política a la revolución socialista. Y esto solamente puede hacerlo el único partido que ha demostrado en el curso de los acontecimientos su capacitación material e intelectual para la empresa. El Partido Socialista debe hacerse cargo del Poder íntegramente, en toda su amplitud, para continuar la labor revolucionaria. Todo el Poder debe ir a parar al Partido Socialista.

Frente a la traición republicana, los […]

Han de hacerse a la idea de que se encontrarán solos en las luchas futuras. Ya somos los únicos que encarnamos la continuidad del movimiento revolucionario. Por ello hemos de reclamar con prontitud y firmeza el Poder. Todo el Poder. Sin cortapisas legales que no tenemos por qué respetar, ya que quienes más autoridad tenían no lo han hecho. Y una vez obtenido el Poder, por el medio que sea a laborar intensamente por la edificación del Socialismo. […]

¡Jóvenes socialistas! Nuestro Partido representa la continuidad del movimiento revolucionario. […] para nosotros la dirección del Estado. Los grupos pequeñoburgueses vuelven grupas y abandonan los objetivos que tanto prometieron. Ocupemos nosotros su lugar, impidiendo que por segunda vez nos traicionen. Dirijamos nuestra proa a la revolución socialista. ¡todo el poder al partido socialista!

José Laín

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