Renovación. Órgano de la Federación de Juventudes Socialistas de España
Madrid, 16 de julio de 1932
 
Cuarta época, número 55
página 4

[ Segundo Serrano Poncela ]

En el pensar de los días

Marxismo
II. Socialismo y democracia

Se refería el camarada Santiago Carrillo en su artículo «Democracia», del número anterior, a la frase de Engels: «La República democrática es la condición específica de la dictadura del proletariado.» Exacto. Es conveniente abundar en ella y extenderse más, hasta repetir textualmente las palabras del creador del Socialismo científico. Está la frase citada en una carta de Engels encontrada en los archivos y papeles de Liebknecht, y publicada en la Neue Zeit. Y antes dice así: «Puede creerse que la vieja sociedad podrá transformarse pacíficamente en la nueva en los países en que la representación del pueblo concentra en sí todos los poderes, en que puede hacerse constitucionalmente lo que se quiere desde el momento en que se tiene detrás la mayoría del pueblo.» Más tarde añade: «Si hay algo cierto, es que nuestro Partido y la clase obrera no pueden llegar al Poder si no es bajo la forma de la República democrática. Esta es la forma específica de la revolución del proletariado.»

He aquí perfectamente entendida y explicada la democracia. Puede observarse que, a través de la idea de Engels, se la considera como un medio, y no como un fin. Nuestros impugnadores nos la colocan como finalidad concreta, sin darse cuenta de que hasta el presente hemos aprovechado la democracia para todo aquello que nos ha podido dar juego, teniendo siempre presente que ésta puede encontrarse perfectamente dentro de las condiciones subjetivas de una revolución. Aquí, entre el objetivismo y el subjetivismo, está la equivocación y el punto desde donde quiere difamársenos. Marxismo primero, y después el logro de este marxismo, merced a la condicionalidad del país. Los comunistas no quieren ver estas diferencias en la subjetividad entre la revolución rusa y la española. Sin embargo, existen, perfectamente marcadas, como podemos observar.

Hay el hecho concreto de la distinción de las condiciones históricas en que se da el acto revolucionario de un país. Esto es esencial en el marxismo. La necesidad de reafirmar hoy los socialistas españoles nuestro uso de la democracia, nuestra adaptación a la democracia, es seguir las huellas de Marx a través del Manifiesto comunista en una ortodoxia pura. «El primer paso –dice Carlos Marx– es la transformación del proletariado en clase dominante, la conquista de la democracia.» ¿Puede decirse, hasta ahora, que nosotros no hemos sabido interpretar los cánones marxistas? Hay que darse cuenta de que nos encontramos todavía en el logro de este «primer paso», porque la revolución no ha terminado todavía, está en sus principios, y nosotros, dueños ya de garantías políticas, no hemos hecho más que afinar las armas. Si la revolución fuese conclusa, estancándose hoy en unas mejoras para la clase burguesa, y quedásemos satisfechos y reposados, entonces sí hubiésemos hecho traición a la causa del proletariado.

¿Se ve ahora en claro la relación existente entre la democracia y el Socialismo? Tenemos que seguir así, decía el camarada Carrillo, para tomar el Poder de manos de la burguesía, que no sabe sostenerlo. Examinadas detenidamente las condiciones subjetivas de nuestra revolución, hay un algo más, que el camarada prevé, pero calla, y que yo, en un artículo anterior a éste, expuse concretamente y ahora vuelvo e exponer. Y es una situación tal, que nos lleve a la conquista «jurídica» del Poder para la clase trabajadora. Con esto en perspectiva, ¿no es formidable arma para el logro de ello la democracia? No es que se pueda sentar como futura realidad la conquista «jurídica», sino como propósito. Un ensayo sobre las condiciones en que nuestra revolución ha de darse en España nos lleva a ello, vistas la poca consistencia de un capitalismo aún embrionario, la desarmonía existente entre los partidos políticos burgueses y nuestra fuerza presente y futura –que puede deducirse–, enmarcada en un conocimiento previo de la técnica –ya que técnica se está haciendo en la colaboración– y un arraigado espíritu disciplinario. Claro es que, apenas esbozada, muchos de nuestros camaradas no se han dado cuenta perfecta todavía de ella. No en vano los comunistas han estado llevando al tópico durante muchos años las «condiciones objetivas de la revolución».

Y regresando a la frase de Engels, bien se ve el sentido democrático que nuestro Partido da a la revolución española. Es cosa de plantearse la hipótesis siguiente: Una huelga general revolucionaria y un alejamiento completo de los resortes del Poder. Nada de Socialdemocracia y sí Socialismo leninista. El resultado, hoy, cualquier camarada de mediana inteligencia política lo puede prever. Estancar le revolución por una acción más que prematura, de táctica primitiva, y agotar posibilidades por no haberlas sabido dar a seguro. Y caer de marxistas en antimarxistas por un olvido imperdonable de la dialéctica de la Historia.

S. Serrano Poncela

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