Renovación. Órgano de la Federación de Juventudes Socialistas de España
Madrid, 20 de febrero de 1931
 
Cuarta época, número 5
página 2

[ Carlos Hernández Zancajo ]

Ignorancia comunista

La crisis política de España

Desconocemos la composición del partido comunista español, aunque conocemos su descomposición, dada la continua «purificación» de sus cuadros. Por eso no nos extraña que los nuevos «teóricos» den, en la exposición de sus declaraciones políticas, calificativos internacionales, que no encajan en la situación actual de España.

No se puede negar que todo acontecimiento político está sujeto a situaciones económicas. He aquí la fuerza de los programas revolucionarios de los Partidos Socialistas, en contra de los de los partidos burgueses, por muy radicales que parezcan.

Lo que nosotros no podemos dejar pasar son las afirmaciones «comunistas» que retratan la situación de nuestro país como un caso más del capitalismo internacional.

La crisis política de España es un fenómeno histórico que arranca desde el advenimiento de Carlos I. El Estado español se ha mantenido desde entonces en una cerrazón absoluta. Ni el cisma protestante, ni la revolución inglesa, ni la Revolución francesa, ni la guerra europea, ni la revolución rusa conmovieron lo más mínimo la sucesión beatífica y tiránica de los diversos reinados. Tan sólo la invasión francesa, al mando de Napoleón, sacudió el anquilosamiento nacional. Aquella época, en la que el pueblo armado pudo haber conquistado el Poder para su uso, se desaprovechó tan lastimosamente que, además de no hacerse, se restauró en el trono al primer logrero de la nación: Fernando VII.

Posteriormente, se produjo la República del 68, que fracasó también, por falta de concepción política. Se restauró a los Borbones, y el pueblo, presa de una catalepsia ya crónica, observaba indiferente toda clase de acontecimientos, como espectador despreocupado.

Se perdieron las colonias de América, siendo de lamentar no por la pérdida territorial, sino por la sangría nacional, y el pueblo, impasible, siguió observando paralíticamente cómo el país caminaba a una hecatombe. Las catástrofes de Africa produjeron ligeras alteraciones, que el Partido Socialista, adquirida su personalidad, supo encauzar para su obra revolucionaria, hasta que el golpe de Estado de 1923 situó al pueblo en una posición distinta, iniciándose una rebeldía, traducida actualmente en una oposición revolucionaria al régimen monárquico.

Mientras tanto, ¿qué evoluciones burguesas, capitalistas o imperialistas ha presenciado el país en su propio seno? Ninguna; la burguesía española no existe, y el capitalismo no ha tenido tiempo de formarse. Las Empresas de algún capital están en poder del extranjero. Las Compañías de tranvías, los ferrocarriles, teléfonos, minas, &c., &c., igual. Podemos decir que somos súbditos de un país colonial. Lo primero que hay que conquistar es nuestra independencia nacional, sustituyendo la monarquía por la República. Es un serio compromiso de hace muchos siglos. Cuando hayamos sacudido la pesadilla dinástica, podremos establecer todas las diferencias necesarias, dentro de la dominación capitalista; pero hablar de ésta antes de su existencia es un anacronismo teórico, que conduce al engaño y, por ende, al fracaso de los falsos intérpretes del marxismo.

La historia de los pueblos se deduce por las realidades; jamás por los sofismas. En esto incurre la declaración política del partido comunista de España (?). Su desconocimiento es absoluto: histórico, político y económico. Una sarta de falsedades corona sus «debilidades»… mentales.

Carlos Hernández

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