Renovación. Órgano de la Federación de Juventudes Socialistas de España
Bilbao, enero 1909
 
año III, número 6
páginas 1-2

Renovación 1909

Mario Antonio

[ Antonio Fabra Ribas ]

Para propagar el marxismo

En un número de la revista berlinesa Morgen, el profesor Werner Sombart, conocidísimo escritor no socialista, aunque haya hecho del Socialismo su especialidad, decía, en un artículo titulado «Karl Marx y el movimiento social», lo siguiente:

«He señalado ya con frecuencia este extraordinario fenómeno: que el sistema marxista ha alcanzado una difusión tan prodigiosa entre las masas, como quizás no la haya conseguido ninguna de las doctrinas que le precedieron; tan grande es, que hace pensar en las grandes religiones universales.»

Es indudable que a lo que Sombart en su artículo, y don Joaquín Costa en su Colectivismo agrario en España, y otros muchos escritores en sus respectivas obras llaman sistema, le convendría más la denominación de método, aunque sólo fuera para evitar las probables confusiones a que el primer vocablo puede dar lugar.

Porque si bien la palabra sistema podría caracterizar muy bien las ideas expuestas por un Tomás Moro en su Utopía, por un Campanella en su Ciudad del sol, y las propagadas por Luis Blanc, Babeuf, Cabet, Fourier y demás socialistas llamados utopistas, los cuales, partiendo de principios apriorísticos, querían llegar a establecer una organización o un sistema social basado en la igualdad económica y política de todos los ciudadanos; en cambio, aplicada dicha palabra a las enseñanzas de Marx, que no idealiza ni promete paraísos, que no se deja llevar ni un solo momento por la fantasía y que únicamente trata de investigar las condiciones que presiden al régimen de producción capitalista, para, a la luz del materialismo histórico, señalar las leyes de su evolución y el papel que, dentro de éstas, el proletariado debe desempeñar; aplicada a las enseñanzas de Marx, repito, la palabra sistema resulta, no tan sólo menos exacta, sino también más sujeta al equívoco que la palabra método.

Y como método de investigación –y de acción– el profesor Sombart hace sencillamente justicia a secas al señalar la extraordinaria difusión que ha alcanzado el marxismo entre las clases obreras de todos los países civilizados.

La razón de este hecho, por otra parte, nos parece a nosotros muy obvia. Con el examen analítico, y casi podríamos decir microscópico, que del régimen

burgués hizo Marx –examen que empieza colocándose en el puro y estricto terreno de los hechos, para continuar y acabar de la misma manera–, la clase obrera se ha visto por primera vez perfectamente retratada y ha reconocido y comprobado prácticamente las verdades y los principios establecidos por el maestro. Y si, como afirma el mismo Sombart, debido al análisis marxista, «el proletariado ha adquirido conciencia de sí mismo, confianza en su fuerza y fe en sus actos y en su porvenir», ¿qué de extraño tiene entonces que una doctrina que tan bien refleja las necesidades de una clase cada día más numerosa y consciente, ensanche también más cada día su radio de acción y llegue a conseguir la influencia que hoy tiene?

Porque hay que advertir, para honor de la clase obrera y de la misma doctrina marxista, que la influencia de ésta no es debida a que se la admita como un artículo de fe, como un dogma que hay que aceptar o rechazar, pero en ningún modo discutir. No; la influencia del marxismo reside precisamente en que obliga a pensar y a discutir, y a que uno compruebe las cosas por sí mismo y a que se adquiera conciencia exacta de las propias ideas y de los propios actos.

De aquí la inmensa cantidad de libros y folletos, para no hablar de discursos y artículos, que sobre el marxismo se han publicado, y de aquí también que la propaganda a que los llamados marxistas conceden más importancia sea, no la que consiste en repetir en fórmulas estereotipadas las conclusiones sentadas por el gran pensador, sino lo que tiene por objeto la popularización de sus enseñanzas y la que se propone explicar el modo como la compresión de éstas puede resultar más fácil y agradable.

Como modesto estudiante de las obras de Marx, yo quiero también contribuir, en lo que de mí dependa, a la vulgarización de la misma; y ya que escribo para jóvenes socialistas, es decir, para compañeros cuya inmensa mayoría se está iniciando o busca iniciarse en el pensamiento que constituye la médula del Socialismo revolucionario moderno, creo oportuno dar aquí una guía que, según mi experiencia personal me indica, ha de servir para ayudar a conocer lo más importante de la obra del gran fundador de la Internacional.

En primer lugar precisa conocer el célebre Manifiesto comunista, redactado por Marx y Engels, especialmente los capítulos I, II y IV. A la lectura del capítulo III debería preceder la del magnífico opúsculo de Engels Socialismo utópico y Socialismo científico,{1} pues ella ayudará eficazmente a comprender el susodicho capítulo a aquellos que no posean grandes conocimientos históricos.

Al Manifiesto debería seguir el por más de un concepto notable folleto Lohnarbeit und kapital (Salario y capital); mas como, según creo, no ha sido todavía traducido al español, a pesar de su importancia y de no constar más que de 40 páginas en 8º debo contentarme con recomendarle a la atención de las Juventudes por si pudieran hallar los medios necesarios para traducirlo y editarlo.

Después de posesionados de las ideas contenidas en las anteriores obras, suficientes ya para las necesidades actuales de nuestra propaganda, hay que recomendar a los que quieran ir más lejos la lectura de Revolución y contra-revolución en Alemania, obra traducida al castellano, y para los que sepan francés, La Commune de París, La lucha de clases en Francia y la Carta sobre el programa de Ghota.

Dejo como menos necesario, aunque siempre importantes, la Miseria de la filosofía, traducida al castellano, y la Crítica de la economía política, el folleto Precios, salarios y ganancias, los dos grandes volúmenes editados por Kautsky sobre la Teoría de la supervalía, así como también una porción de estudios recogidos y publicados recientemente por Franz Mehring, todo lo cual está, naturalmente, para traducir –¡y lo que te rondaré, morena!–, para fijarme especialmente y recomendar con toda eficacia el estudio de la gran obra El Capital, no de todos los cuatro tomos de que consta ahora, sino solamente del primero, que es el más importante.

Pero aquí, y que me dispensen los que crean lo contrario, debo declarar que yo no aconsejaría la lectura del resumen hecho por Deville, puesto que, en mi opinión, es tanto o más difícil que la misma obra original y mucho menos claro que ella. Disponiendo, como disponemos, de una traducción directa como es la hecha por el Dr. Juan B. Justo, yo recomendaría, sin ninguna clase de dudas, el estudio de la misma. Su precio (10 pesetas) es un tanto elevado, pero no demasiado para que las Agrupaciones y Juventudes no puedan tenerlo en sus respectivas bibliotecas.

Para el que tenga tiempo y ganas, no hay más que revestirse de un poco de paciencia para recorrer los nueve primeros capítulos –256 páginas nada más–, en los que se expone la teoría del valor, pues comprendida bien ésta puede proseguirse la lectura de la obra sin encontrar dificultades de ninguna especie.

Quiero insistir sobre la conveniencia de conocer el primer tomo de El Capital, porque sobre ser de mucha importancia el estudio del mismo, parece que en nuestro Partido se ha creado a dicha obra una tal fama de difícil, que apenas si hay nadie que se atreva a empezar la lectura por miedo a ganarse el título de pedante; y como yo creo que dicha fama es de todo punto injustificada, no dudo en afirmar que El Capital puede ser comprendido por todo aquél que, poseyendo tan sólo una buena instrucción primaria, tenga la fuerza de voluntad suficiente para empezar la lectura y no abandonarla hasta haberse enterado bien de la obra.

Por lo que pudiera valer, voy a hacer todavía una indicación: con el objeto de facilitar la comprensión de los nueve primeros capítulos del primer tomo de El Capital, se han publicado varios resúmenes y estudios especiales, algunos de ellos de gran valor. De entre éstos, no dudo en recomendar dos cuya traducción y edición no podrá costar mucho. Son los siguientes:

1.º A summary of Marx's «Capital», by A. P. Hazel. Consta de 20 páginas; vale diez céntimos (un penique), y ha sido publicado por The Twentieth Century Press Limited, 37ª and 38, Clerkenwell Greem, E. C., Londres; y

2.º Notions èlèmentaires de èconomie marxiste. Première partie. Thèorie de la valeur, por Henry Nivet. Es un folleto de 60 páginas en 8.º, que cuesta 60 céntimos (un franco) y que puede obtenerse dirigiéndose a Lucien Rollan, 16, rue de la Corderie. París (3.º).

La obra de Nivet es clara y muy precisa, y de una gran utilidad, tanto para los que conozcan El Capital, como para los que deseen empezar con provecho su lectura.

Este folleto y el titulado Lohnarbeit und Kapital no deberían faltar en la lista de nuestras obras de propaganda.

La difusión de los escritos de Marx ha sido, muy injustamente por cierto, escasísima en nuestro país. La mayor parte de ellos se conocen sólo por referencias, y esto, a las alturas en que nos encontramos, constituye casi un escándalo.

A ver si la generación joven, con nueva savia y nuevos arrestos, logra suplir la falta y consigue popularizar en toda España, y hasta en la América latina, la obra de quien, al mismo tiempo que un gran pensador, fue también un gran hombre de acción; la obra de quien, siendo un intelectual, decía que:

toda acción, todo movimiento real,
importa más que una docena de programas.

——

{1} Tanto esta obra como el Manifiesto se hallan de venta en la redacción de El Socialista.

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