Revista Cubana de Filosofía
La Habana, enero-junio de 1956
Vol. IV, número 13
páginas 126-127

Javier de Barahona

Ortega y Zubiri, o la trascendencia

La realidad radical –la vida– es, evidentemente el punto de partida de la filosofía contemporánea. O la «existencia», como Heidegger la llama. La posición es la misma: «Estar yo con las cosas en el mundo. Ellas no son yo y yo no soy ellas, pero ellas (las cosas) no son nada sin mí, ni yo soy nada sin ellas». En Ortega entonces; «Yo soy yo y mis circunstancias, y si no las salvo a ellas no me salvo yo».

La realidad radical es pues el descubrimiento de un nuevo ente, distinto y superior al dualismo sujeto-objeto. La realidad radical es el fundamento o –como Heidegger prefiere–{1} la ontología fundamental de toda la metafísica posible. Sujeto y objeto no tienen sentido si no se encuentran en la vida, y, así pues, el ser del hombre consiste formalmente en «estar abierto» a las cosas y no, entiéndase bien, en que el sujeto exista y «además- haya cosas, sino que su ser es, consiste, en estar abierto a las cosas, pues hablar de la existencia, como un hecho (factum) en sí, no tiene sentido.

Ortega deja en este punto su análisis; en el descubrimiento de la realidad radical. En la vida. Ahora bien: ¿Qué sentido tiene esta afirmación de la realidad radical? ¿Cuál es la relación del hombre con la totalidad de su existencia? ¿Acaso es un simple «encontrarse» existiendo o es algo más? El problema, pues, sólo está planteado. Ortega ha muerto. Heidegger no ha terminado la segunda parte de su analítica existencial (Sein und Zeit). ¿Cuál es, pues nuestra perspectiva, aquí y ahora?

Dios es la idea de Trascendencia. No importa cuál sea la forma en que se le pueda conceptuar. La cuestión, pues, radica en la posibilidad de la trascendencia dentro de la realidad radical; o si, por el contrario, la excluye. En última instancia: ¿Es ociosa la afirmación de una posible trascendencia de la realidad radical, esto es, si tiene o no sentido semejante planteamiento, o si por el contrario es una necesidad lógica en el desarrollo de un análisis de la existencia?

No hay duda de que la realidad radical es un ente absoluto y cerrado.{2} Un a priori. El hombre se encuentra ya existiendo, y de ahí se parte. De esta forma el hombre se encuentra implantado de algún modo en la existencia. La existencia es algo dado. Nos encontramos en ella sin más, así pues, adquiere pleno sentido la afirmación de que la existencia le está impuesta al hombre. Ortega notó ya esta cualidad del ente vida al decir «que lo único para lo que no tenemos libertad es para negarla». La libertad, pues, es algo impuesto, enviado al hombre, pero repárese bien que Ortega se refiere aquí a la realidad radical: la vida, la cual es, en una de sus dimensiones –libertad– escoger, quiérase o no, entre múltiples posibilidades. Así pues, la -forzosidad- del libre albedrío es la forzosidad misma de la vida que nos viene impuesta.

Pero, ¿qué significa esta imposición? [127] ¿Acaso modifica o altera la naturaleza de la vida, o condiciona de algún modo la relación entre la persona y su existencia? Y en última instancia, ¿es esto un «añadido», algo extrínseco a la vida misma o por el contrario, algo intrínseco o mejor, un necesario constituyente de la realidad radical?

La persona designa el ser que e] hombre ha conquistado trascendiendo, viviendo. El ser es pues una realización, algo que se logra,{3} de donde decir que la persona es la vida no tiene sentido, pues evidentemente si el ser es logro, esto es, que la persona vive para ser, entonces el Ser está, en algún modo, allende su existencia.{4}

Llegamos aquí al punto donde se hace posible el planteamiento de una trascendencia, al punto donde se puede esclarecer el significado de la forzosidad de la existencia, de su imposición.

Es evidente que el significado de esta imposición es el carácter de misiva, de vinculación, que la vida posee. Lo «impuesto» presupone algo o alguien que lo impone. Pero, y por la misma razón, esto que impone la existencia, por ser una vinculación previa es lo que le impulsa al hombre a vivir, a realizarse, a ser.

De esta forma, queda despejada la incógnita de la relación fundamental entre la persona y su existencia (una religación).

La Idea de Trascendencia, pues, patente en la religación, es una dimensión formalmente constitutiva de la existencia: «aquello que previamente nos hace ser», esto es, la raíz, la fundamentalidad existencial en virtud de la cual se puede hablar de una realidad radical.

Así pues, el carácter de «forzosidad» que posee la vida –la realidad radical– es la clave de una Idea de Trascendencia (Dios) que determina, y esto es muy importante, la estructura ontológica de la relación: persona-vida-ser. De otra forma, el problema que plantea la relación de los entes que integran la realidad radical no ofrece solución. Todo se convierte, como ha sucedido con Heidegger, en un círculo cerrado, donde sólo es posible llegar a una identificación de los términos.{4}

Este carácter de imposición que posee la existencia es a mi entender decisivo. La disyuntiva planteada, no sólo hace posible la tesis de la «religación» de Xavier Zubiri{5} sino que coloca el concepto de trascendencia como un imperativo (constitutivum formale) de toda ulterior analítica existencial.

Así pues, y en un momento donde la filosofía se prepara para el advenimiento de una era de «verdad», la Idea de Trascendencia, de Dios, renace con más fuerzas que nunca en los umbrales de un mundo con fe, posibilitada, en la realidad radical que Ortega descubrió a principios de siglo.{*}

——

{1} Kant y el Problema de la Metafísica. Trad. de Gred Ibscher Roth. Edic. de 1954, página 9 y s.s.

{2} Lec. Preliminares de Filosofía. Manuel García Morente. Edic. de 1941, páginas 390-392.

{3} Este es el sentido Tradicional de la Redención; de un ser que se completa en el tiempo. Tanto la afirmación de Heidegger «de que la existencia precede a la sustancia», como la de Ortega «de que el hombre no tiene naturaleza por ser un animal histórico» son correctas.

{4} Es el caso de la postura radical de Jean Paul Sartre (Ser = existencia = nada).

{5} Naturaleza, Historia y Dios, 1951, 2da. Edición, págs. 334 y s.s.

{*} Este trabajo aspira sólo a descubrir, dentro del pensamiento de Zubiri, el punto de partida y la conexión entre el planteamiento de éste y la tesis metafísica de Ortega.

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José Ortega y Gasset
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