Nuestras Ideas. Teoría, política, cultura
Bruselas (Bélgica)
 
nº 1, mayo-junio 1957
páginas 3-5

Nuestro intento

 

Cosa delicada resulta siempre extender el certificado de nacimiento a una revista, o sea definir lo que sólo empieza a ser, lo que apenas es aún algo más que concepción y propósitos.

Procuremos resumir aquélla y éstos. Los que inicialmente –unos desde dentro y otros desde fuera de España, pero todos con España dentro– nos disponemos a llenar estas páginas asignamos a nuestra revista una misión: examinar, desde las posiciones del marxismo-leninismo, importantes cuestiones hoy planteadas en nuestro país en los dominios de la filosofía, con relación a la historia de nuestra patria, a su literatura, economía, ciencias y artes, y, en general, referentes a la vida social e intelectual española.

Intentamos una exposición polémica, viva, de las concepciones fundamentales de la ideología marxista-leninista, tanto respecto a los problemas tradicionalmente en debate como a los nuevos que en nuestro tiempo surgen. En este esfuerzo, y junto a nuestros artículos y ensayos, publicaremos trabajos extranjeros, clásicos y contemporáneos, que contribuyan a este fin y al estudio marxista-leninista de las cuestiones españolas.

La penetración de nuestras ideas en España –y no sólo en el proletariado, sino en vastas zonas intelectuales, estudiantiles y de las capas medias de la población– es uno de los fenómenos nacionales más trascendentes de nuestra época. Nuestras ideas ganan una posición tras otra, no sólo por la labor divulgadora de los españoles que pensamos en marxista, sino por la poderosa atracción que ejerce esa montaña luminosa que es el mundo del socialismo.

Pero sería pueril y arriesgado olvidar que esa acrecida atracción que los españoles sienten hacia las ideas comunistas actúa en medio de una sociedad encadenada, en la cual les es difícil adquirir noticia solvente y amplia del marxismo-leninismo y de sus realizaciones.

Más aún: todas las baterías oficiales y paraoficiales se emplean en el empeño de difamar al marxismo, de deformarlo a los ojos de los españoles, lo cual es evidentemente más hacedero que rebatirlo con argumentos sólidos.

Es fácil observar que las ideologías reaccionarias en curso tienen, pese a sus distintas matizaciones, un trazo distintivo común: su negatividad. Son ideologías vueltas al pasado. No aspiran a crear, sino a mantener. Podríamos decir, sin exagerar, que carecen de movimiento propio y que se definen –y la esencia y la dirección de la llamada doctrina falangista no es la única prueba que de ello nos da la España actual– no por sí mismas sino en relación con el marxismo, por su angustiado afán de negarle, de contrarrestarle, de retrasar su avance. Son ideologías a la defensiva. Algunas se nos muestran tan irracionales, tanto han retrocedido respecto a los progresos realizados por la filosofía [4] en siglos anteriores, que más que como ideologías se nos aparecen como un conjunto de exorcismos, de exorcismos anticomunistas.

Cabe, pues, decir que el frenético combate ideológico que la reacción libra contra el comunismo, no es tan sólo una lucha contra una ideología liberadora, sino una lucha contra el desarrollo del pensamiento humano. Y, naturalmente, no nos referimos aquí a hombres inclinados a la justicia y al progreso que con sano espíritu discuten el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, en muchos casos porque, a causa de deficiente información, les atribuyen fundamentos y concepciones que poco o nada tienen que ver ni con el uno ni con el otro.

En bancarrota la ideología que quiso imponer el régimen de Franco, y en visible quiebra viejos idearios de diverso signo, innumerables españoles de condición muy varia revisan –y en muchos casos entierran– concepciones que en otro tiempo consideraron válidas, buscan orientación e ideas que les pertrechen para resolver los grandes problemas nacionales. Naturalmente, no pueden encontrarlas donde el miedo sustituye a la idea, la calumnia a la demostración y la arbitrariedad mental o el artículo de fe al razonamiento. No pueden encontrarlas en los que, parapetados ante todo lo que trascienda a progresivo, se limitan a gritar ¡eso no! sin proponer a los españoles ningún otro porvenir apetecible y viable.

Así, unos remozan idearios liberales, democristianos o de otro signo con el afán de adaptarlos a la España de hoy. Y otros llegan hasta nuestra verdad, a veces tras un largo y penoso camino de búsquedas y decepciones.

Nos atreveríamos a decir que nunca hubo en España tanto gusto por las ideas, tanta necesidad de ideas, especialmente entre la nuevas generaciones.

Bajo los hierros de la dictadura, pese a frenos y mordazas, en España se está librando una vivísima lucha ideológica. Cuanto más débil sea el franquismo mayor intensidad adquirirá esa lucha. A cada paso que España dé hacia la democracia se hará más pública y abierta esa contienda de ideas. Y no por capricho de nadie, sino porque tiene un fundamento material insoslayable: la necesidad de resolver grandes problemas nacionales que el franquismo ha pretendido sepultar bajo un millón de cadáveres, pero que están ahí, enconados, sumados a otros nuevos y exigiendo, todos ellos, solución pronta.

Nuestra revista viene, pues, a tomar parte en esa intensa lucha ideológica española. Viene a combatir ideológicamente contra las fuerzas que tienen a España prisionera. Viene a exponer y a defender nuestras ideas también –con el obligado rigor, pero en un terreno de civilidad, amistosamente– frente a las ideologías idealistas, liberales, democristianas, reformista, anarquista, que inspiran a formaciones y a hombres con los cuales queremos hacer una España democrática, reconciliada y pacífica, enderezada con seguro y bien medido paso hacia el progreso.

No somos pregoneros de ningún dogma, que nuestros principios filosóficos –los del materialismo dialéctico– excluyen toda concepción dogmática. Somos hombres que se inspiran en la concepción del mundo más avanzada de nuestro tiempo: el marxismo-leninismo; en ideas demostradas ya en la vida, en la feliz construcción de esas nuevas sociedades, las más justas y humanas que existieron jamás sobre la Tierra. Somos españoles que aspiran a demostrar, en libre y civilizado contraste de ideologías, que la nuestra, aplicada en forma creadora a las originales peculiaridades españolas, permite desentrañar la esencia de los [5] fenómenos de la vida de España y ofrece al proletariado y a los hombres progresivos de nuestro país una brújula segura para resolver en el mañana inmediato los más urgentes problemas nacionales y para emprender, cuando el desarrollo democrático de nuestro país lo haga posible, las grandes transformaciones socialistas hacia las cuales todo en nuestro tiempo empuja.

Con este espíritu, y cuando ello pueda contribuir a un contraste más fiel de las ideas y a hacer luz en los problemas, no dudaremos en insertar en estas páginas, parcial o totalmente, escritos de autores democráticos no situados en posiciones marxistas, exponiendo a continuación –si lo consideramos necesario– nuestra opinión sobre el tema tratado.

Nos proponemos también –y esto es inseparable de lo anterior– abordar el estudio de algunos de los legados de la herencia cultural de nuestro país y de las condiciones históricas y sociales que han ido conformando la sociedad española, así como de aquéllas que la caracterizan hoy.

Visto a la luz del materialismo histórico valoraremos cuanto en el patrimonio cultural español hay de progresivo, de humanista, de positivo. Todo ello nos pertenece a cuantos aspiramos a continuar a España transformándola, elevándola, es decir, de la única manera en que realmente se continúa un país.

Los problemas de la literatura y las artes tendrán en nuestra revista un ancho sitio. Por su categoría, por su trascendencia. Porque son aspectos importantísimos de la vida social que, en un grado o en otro, con esta o aquella tendencia reflejan, y sobre la que, a su vez, operan, en sentido negativo o positivo, según el espíritu que les anime.

Las tradiciones realistas de la literatura y el arte españoles no necesitan demostración. Sus más altos hitos son hitos del realismo. Y estamos persuadidos de que para responder a las exigencias de nuestra época y avanzar, las letras y las artes de España encontrarán camino, seguro y largo, en ese nuevo realismo que da una representación verídica, profunda, de la vida en su desarrollo revolucionario. Que representando a los hombres y a la sociedad como realmente son, se asigna, a la vez, la misión de ayudarlos a transformarse. Nuevo realismo en el que caben infinita variedad de formas y que no excluye, sino que necesita en su amplio seno, corrientes diversas.

Defenderemos estos principios estéticos: los del realismo socialista en construcción, en progreso constante; mas apoyaremos todo lo sano, todo lo progresivo, que encontremos en la literatura y en el arte de nuestro país, aunque sólo posea una brizna de progresivo.

Aspiramos a hacer una crítica de literatura y artes, cuidadosa, responsable. Una crítica de ideas que oriente y estimule. Una crítica que se sitúe ante lo criticado con un criterio histórico y dialéctico. Pues entendemos que la obra de un escritor o de un artista español de nuestros días no puede ser comprendida plenamente, ni ser valorada en justicia, sin relacionarla con el pasado literario y artístico nacional que gravita sobre él, y sin encajarla en las circunstancias del presente en que la produce.

Nuestra revista viene a sumar sus armas a las de quienes se baten por la cultura para los más, por el acceso del pueblo a ella. Viene a cooperar, en el terreno de las ideas, con intelectuales, estudiantes y profesores, en su forcejeo contra la mordaza, la arbitrariedad y el oscurantismo. Viene a ayudar a esas nuevas generaciones, que salen desamparadas de las Facultades, a conquistar un sitio en la sociedad española.

Este es nuestro intento.

«N. I.»

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