Nuestro Tiempo
Madrid, junio de 1922
 
año XXII, número 262
páginas 331-333

Pascual Santacruz

Revista Bibliográfica

El Bloque Hispanoamericano

I

Recientemente y ante notario ha sido constituida una Compañía mercantil anónima titulada «El Bloque Hispanoamericano», cuyas primeras acciones acordadas por el Consejo de Administración son de cinco millones de pesetas; para ser accionista de la cual es indispensable pertenecer a la nacionalidad española, portuguesa o de las Repúblicas de origen ibérico, y cuyo objeto social expone el artículo 2.° de sus estatutos y consiste en publicar una Revista ilustrada de carácter «racial» hispanoamericano que será editada en España, así como la publicación de periódicos diarios nacionales de la propia denominación de la Revista y complementarios de ésta, que irán siendo publicados en los distintos países del habla española y portuguesa. El idioma que se empleará en todas las anteriores publicaciones será necesariamente el castellano, excepción hecha de una edición de la Revista para Portugal y Brasil que irá impresa en español y portugués a dos columnas.

El Consejo de Administración lo constituyen Francos Rodríguez, Ortega Morejón (don Luis), Olaguer Felíu, Natalio Rivas, Ortega Morejón (don José), los dos miembros del Directorio Ejecutivo don Antonio Bartolomé Más y don Valentín Gutiérrez Solana y el jefe del Cuerpo pericial de Contabilidad del Estado don José Fuster y Botella. La Compañía tiene dos programas: uno pequeño que consiste en divulgar los escritos que afecten al problema de la raza; creación de un Palacio de la misma en Madrid; recabación cerca del Gobierno español de la Universidad Hispanoamericana, gestionando su instauración en Sevilla por estar allí el Archivo de Indias; organización de Congresos hispanoamericanos e implantación en todas las naciones donde vaya teniendo su domicilio de Bibliotecas públicas gratuitas que den a conocer la obra del pensamiento hispanoamericano; y otro grande contenido en un notable discurso entregado a la Real Academia Hispanoamericana por don Antonio Bartolomé y Más y de cuya contestación se ha encargado el académico y conde de la Mortera don Gabriel Maura y Gamazo. Dicho programa aspira a una Confederación política de España y las nacionalidades de su origen.

II

El trabajo del señor Bartolomé y Más, lleno de buen sentido y escrito con frase precisa y bella, encierra grandes verdades acerca del porvenir de nuestra raza que deben ser como aguijón que sacuda los espíritus hispanoamericanos, muellemente recostados en lo que llamar pudiéramos un romanticismo a flor de piel. Hace más de veinte años que en modestos diarios de provincias –y alguna vez en periódicos de la corte– venimos batallando por el triunfo de esa Confederación hispanoamericana, objeto de la hermosa oración del señor Más. No han faltado pedantes con marchamo de sabios oficiales que, tomando el rábano por las hojas, vieran en la alianza por nosotros propugnada un grito de guerra, un propósito ofensivo, una amenaza para el porvenir. Tampoco escasearon los que, por poner su alma a ras de la tierra y no concebir otras éticas humanas que las formuladas por el inglés Bentham en su Aritmética del egoísmo, nos llamaban despectivamente frívolos o soñadores.

Por fortuna, el Evangelio y la lengua castellana son aún más fuertes que las cuentas corrientes y las maravillas de la Mecánica, y nunca fue iluso ni frívolo quien pensó que los hermanos, por serlo, deben vivir fraternalmente y defender como un solo hombre, cuando en peligro las vean, la honra colectiva y la sagrada tierra donde moran.

Nuestra adhesión al noble pensamiento del señor Más se cimenta en las siguientes razones de orden lógico y sentimental: 1.ª, Las obras del espíritu, por su propia naturaleza, perduran en el espacio y en el tiempo, y la obra de España en América se caracteriza por un sello esencialmente cristiano y nacional. 2.ª, El innegable dualismo de raza en América suscita un grave problema de hondas raíces éticas y jurídicas cuyo silenciamiento o abandono equivaldría a la negación de nuestra historia y dignidad internacional. 3.ª La hermandad verdadera es algo más que un tópico lírico. Los hermanos dignos de serlo, no se limitan a cantar las hazañas de la familia y a llorar sus desastres. Deben luchar por su engrandecimiento intelectual y cuando la necesidad lo haga preciso por la intangibilidad del hogar familiar. ¿Cómo podré llamar con justicia hermano mío al que en las horas del peligro me vuelve las espaldas? Así la alianza hispanoamericana no debe ser ofensiva, pero tiene que ser forzosamente defensiva, mientras subsistan rateros o piratas con vestimenta de comerciantes o doctores de la ley. 4.ª La lengua es el signo distintivo de la libertad nacional y cuando una lengua decae y es absorbida por otra, el pueblo que habla la primera debe pensar con honda pena en su próxima muerte espiritual, que traerá aparejada la muerte física. Sería vergonzoso para España y aun para el mundo, que algún día en las escuelas de las veinte naciones creadas por nosotros se enseñaran el evangelio y la ciencia en lengua inglesa y el industrialismo de Spencer y de Rudiar Kipling pusiera en fuga al cristianismo de Victoria y de los dos Luises. 5.ª Si entre los hermanos todo debe ser común, las naciones hispanoamericanas, al dar vida a una alianza –más o menos lejana– han de tener por norma en lo cultural, en lo económico y en lo social, este hermoso lema de solidaridad que estampa la Revista al pie de su portada: Cada una para todas. Todas para cada una. 6.ª Ha llegado la hora de saber si la vida internacional es un combate de lobos y vulpejas con fines de merodeo o un concierto de mentes y corazones para la cristianización jurídica del mundo. Nosotros a fuer de hispanoamericanos tenemos un altísimo deber que cumplir reclamado por nuestra historia, por nuestra índole psíquica y educación moral. España quiere decir sacrificio. Nuestros anales son trágicos unas veces, gloriosos otras, pero entre ellos no encontrará el más caviloso censor, una página de grosero egoísmo. Mirando al bien común, a Jesucristo y a los débiles, España se desangró y volvería de nuevo a desangrarse, para que reinara la armonía en el mundo. No queremos nosotros que eso suceda y nuestro anhelo se cifra en la transformación incruenta, alumbrada por luces bienhechoras de ciertos organismos minados por el interés y cuya salud es engañosa como la del hidrópico. En una palabra, nosotros no queremos una América española tributaria de los Estados Unidos, sino dueña de sí misma y federada con la nación que al enseñarla a creer en Dios y a pensar y sentir en castellano, no acarició la ruin idea de poner precio material a lo que por ser obra de liberalidad de espíritu, sólo con amor puede pagarse cumplidamente.

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