Madrid diario de la noche. Director: Antonio Fontán
Madrid, miércoles 20 de mayo de 1970
 
año XXXII, nº 9.562
página 21

Polémica: La filosofía española contemporánea

Antonio Márquez

Una encuesta sobre la actual filosofía española

«Mientras los filósofos críticos apuntan con el dedo a la realidad, los "filósofos" ortodoxos se dedican a estudiar el dedo.» (Anónimo.)

Desde Salamanca, un grupo de jóvenes filósofos trata de enterarse por dónde anda su materia en España. Alguien, desde algún lugar, de alguna manera, tenía que plantearse, una vez más, la eterna y peliaguda cuestión de nuestra incapacidad para la Filosofía. ¿Incapacidad o abandono? ¿Abandono intencionado o salvable subdesarrollo?

Es posible que estas y otras preguntas se pudiesen responder en una Asamblea nacional. Quizá mejor en una investigación callada y exacta. Es posible. De momento, la empresa es bastante más moderada: reunirse en coloquio, casi en mesa de familia, a charlar sobre el tema. ¿A hablar a voleo? La encuesta, de llegar a tiempo, podría evitar ciertos palos al aire.

Se hacen doce preguntas. Se podrían añadir otras tantas. Se deja un amplio margen en blanco para observaciones oportunas. Es un margen casi ilimitado, para que cada cual se explaye a su manera. ¿Quién lo hará? Aquí la primera dolencia: la mayor parte de las respuestas irán al cesto de los papeles. Mal sitio para un buen comienzo. Luego vendrán las quejas. ¿Pero cuántos se interesaron en conocer siquiera el estado de la situación; en hacer un sondeo, siquiera primario, del desgraciado asunto?

Asunto desgraciado, ciertamente. Alguien ha dicho que un pueblo que carece de cocina y filosofía propias no es un pueblo hecho. Dejemos la cocina a los políticos. ¿La Filosofía? Se ha dicho que nuestra verdadera filosofía es la Mística. Caso curioso. Hoy no hay un solo místico a la pluma. Esto, concediendo que la Mística sea una filosofía, cosa perfecta, ortodoxa y enteramente discutible.

Pero no nos enredemos. La Filosofía sobre la cual todos estamos de acuerdo, aquella que es tan plausible y palpable como la Ciencia o la Técnica, ¿dónde está, quién la hace, qué calidad tiene hoy en España, qué juicio merece a propios y extraños?

Se ha dicho también que la Filosofía es una fábrica de hacer problemas. Con más razón podría decirse que es semillero de preguntas. Más preguntas. ¿Por qué traer esta materia a un periódico? ¿El escandalizado señor no sabe que gran parte de lo que el mundo considera hoy filosofía contemporánea española se hizo en los periódicos? Alguien quiso que la Filosofía volviese a sus aires natales: al foro, a la plaza, al pueblo.

El pueblo probablemente se críe de todo esto. Probablemente. Lo que probablemente no sabe este pueblo que se ríe (nadie se lo ha dicho) es que sin filosofía difícilmente habrá ciencia, y que sin ciencia es muy posible que la técnica y la alimentación se mantengan a nivel del arado y del ajo. Alguien, en cambio, se ha encargado de contarles el malhadado cuento de que los filósofos no sirven para nada (cuento que se creen hasta los científicos) y de meterles en la cabeza o en el bolsillo el ocaso de las ideologías. Aquí se podría preguntar al «tecnócrata» lo que antiguamente preguntaban nuestros apologistas a los defensores del relativismo: «Y su teoría de la no ideología, ¿es ciencia o ideología?»

Evidentemente, los señores que denigran la Filosofía poco o nada aman a este pueblo, que lo primero y principal que necesita para salir de su marasmo es aprender a pensar correctamente. La Filosofía, en su mínima expresión, no es más que una buena gramática del pensamiento. Empecemos por esto. Empecemos por aprender a deletrear las ideas. Empecemos por informarnos sobre el estado de nuestro pensamiento. No de lo que pensamos (esto podría venir luego), sino de la forma en que lo hacemos. Si lo hacemos. Porque forma y contenido van tan ligados en el pensar, que difícilmente tendremos algo que decir si no sabemos cómo decirlo; es decir, cómo y por qué lo pensamos así.

A este respecto hay cosas curiosísimas en España; algo para lo que no hay que esperar de la encuesta, pero sobre lo que ésta podría darnos alguna luz. ¿Saben ustedes, por ejemplo, que en España se estudia «filosofía» en la enseñanza secundaria (institutos, colegios y academias) y, sin embargo, no se estudia en la Universidad? ¿Saben ustedes que en sólo tres de las catorce Universidades civiles o del Estado se enseña la Filosofía como especialidad? En la propia Salamanca, de la que parte esta encuesta; en la Salamanca madre de casi todas las Universidades peninsulares y de ultramar, no hay Filosofía; no se enseña la Filosofía como especialidad.

¿Se puede pedir más? Sí, raro es el científico que haya hecho un curso de Filosofía de la Ciencia, y más raro aún el religioso que haya estudiado Filosofía de la Religión. Hay quien ha estudiado Filosofía del Arte, y lo lamenta, posiblemente con razón, y quien hubiese preferido no haber tenido nunca en su «curriculum» algo llamado campanudamente «Filosofía del Derecho».

Hay otra infinidad de curiosidades que la encuesta podría poner en evidencia documentada. Tal vez un sondeo más profundo nos diese la medida exacta no sólo de nuestra desidia, sino de nuestras posibilidades. Tal vez incluso habría que declarar de interés nacional las cabezas de algunos españoles. O área de desastre. Pero en este último caso convendría señalar puntualmente quiénes son los culpables de tan superflua ruina.

Sea lo que sea de la encuesta, lo que sí podríamos asumir, como hipótesis de trabajo al menos, es que la supuesta incapacidad de los españoles para la Filosofía tiene todos los visos no sólo de ser un mito, sino una vulgar superchería. Contra ella siempre es tiempo de levantarse. Con razones y hechos, no con otra retórica. A esto parece encaminarse este primer coloquio de familia. Lástima que no esté montado sobre bases más anchas y sólidas. Una encuesta requiere muchísima más preparación. Anima, sin embargo, pensar que algunas grandes obras tuvieron tan frágiles comienzos. No todo salió hecho y derecho del seno de los dioses.

Antonio Márquez

Doce preguntas para una encuesta

1. ¿Qué corrientes filosóficas actuales juzga indispensable tener en cuenta para la elaboración de una filosofía?

2. ¿Qué temas dentro del nivel de desarrollo de las ciencias naturales, sociales, históricas y matemáticas considera imprescindibles para la reflexión filosófica actual?

3. ¿Debe haber conexión entre el pensador filosófico y el contexto histórico o la filosofía es una tarea puramente subjetiva?

4. ¿Cuál es la función de la filosofía dentro del contexto actual de la cultura española?

5. ¿Qué corriente o corrientes de pensamiento tienen de hecho más vigencia en España?

6. ¿Qué círculos o grupos en el terreno del pensamiento filosófico conoce usted en España?

7. El desarrollo de la filosofía en España ¿se adecúa al nivel alcanzado por las ciencias humanas o naturales en la misma?

8. Si su respuesta es negativa, ¿qué soluciones aporta para elevarlo?

9. Los teólogos españoles ¿están en la actualidad abiertos a las corrientes filosóficas no tradicionales?

10. Los intelectuales españoles (profesionalmente no filósofos) están interesados por la problemática filosófica actual y buscan información?

11. ¿Qué revista española de filosofía prefiere?

12. ¿Qué tipo de revista filosófica necesita usted?

 

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