[ Valentín Almirall ]

Documento importante

Circula por esta ciudad la siguiente copia de una carta que se atribuye a distinguida persona del partido federal, dispuesta hoy a emprender un viaje a Grecia.

No respondemos de su autenticidad; véanla sin embargo nuestros lectores, y de fijo les parecerá sabrosa y podrá servir de clave de algunos sucesos.

Barcelona 11 julio 1881

Sr. D. Francisco Pi y Margall

Mi distinguido amigo: Hace días debía haberle escrito, pero confieso que me daba pereza tener que comunicarle malas nuevas. Hoy lo hago al fin, y empiezo por acusarle recibo de su grata, fecha 6.

Mi deber, coincidiendo como espero con su deseo, es que le escriba con completa franqueza y claridad, voy a hacerlo, esperando que usted me dispensará si se me desliza alguna frase demasiado cruda.

Cuando usted vino a Barcelona, había dos tendencias o manifestaciones en el seno del federalismo; la nueva y la vieja; la catalanista, que aspiraba a federalizar el país aprovechando todas las circunstancias que se presentaban, y la histórica, cuyo ideal era hacer renacer el partido del 73, con sus mismos hombres y con todos sus vicios, exclusivismos y falta de ideas positivas.

Mis amigos y yo estábamos por la primera tendencia, oponiéndonos constantemente a la segunda, y he de confesar que adelantábamos terreno cada día. Los federales de nuestra escuela éramos ya considerados un elemento indispensable en todo lo que ocurría en Cataluña.

Los históricos ni eran nadie, ni se atrevían a sostenernos ninguna batalla. Algunas veces, como cuando fue usted a Zaragoza, conspiraban contra nosotros, pero bastaba que les pusiéramos un poco de cara seria para hacerles entrar en vereda de buen o mal grado. La única conspiración que les salió bien fue la de preparar la venida de usted. Empezaron a soltar la idea de que usted si visitaba, y por más que nosotros (he prometido ser franco) viéramos con cierto recelo su venida, después de conocida su carta a Valencia y su discurso en Zaragoza, no tuvimos más recurso que hacer coro con los que pedían su visita, solo teníamos una esperanza basada en las cartas que yo había recibido de usted sobre los Congresos catalanistas de Jurisconsultos. Vino usted e hizo el discurso del Circo Ecuestre. Desde este acto los catalanistas debíamos cantar la palinodia por separarnos de usted, pues su discurso era la contradicción de todas nuestras ideas y de toda nuestra conducta. Las lucubraciones de Proudhon expuestas por usted, eran lo más contrario que podía presentarse a nuestra propaganda práctica y positivista. Habiendo nosotros llamado a usted y habiendo usted dado un golpe fatal al federalismo catalanista, perdimos toda, absolutamente toda autoridad.

De momento, me hice la ilusión de poder echarle un remiendo, pero luego debí convencerme de que era imposible. A la salida de V. escribí algunos artículos de balancín, pero no pasaron en Cataluña. En nuestra país hay gente estudiosa, y desde el momento que se ha puesto sobre el tapete el federalismo ha sido estudiado por muchos amigos y adversarios. A todos ellos era imposible hacerles tomar extravagancias prudonianas como teorías científicas, por más que las disfrazáramos de catalanismo.

No tuvimos, pues, más recurso (después de cumplir con V. como buenos, acompañándole y preparándole el terreno) que retirarnos a aguardar mejores tiempos y hacer olvidar pasados errores. Esto es lo que hemos hecho.

No extrañe V. que de todo esto nada le dijera durante su estancia en Cataluña. Convencidos de que el mal estaba ya hecho y no tenía remedio, nos impusimos a la par el deber de callar y el de cumplir el compromiso contraído con V. Hicimos, como V. sabe, lo que pudimos y aunque nos hubieran entusiasmado sus ideas, no hubiéramos hecho más, pues en nosotros puede tanto el deber como el entusiasmo. No le indiqué nada al despedirnos en Tortosa, porque V. seguía su expedición a Valencia y otros puntos y no creí prudente desalentarle. Si V. se hubiera dirigido directamente a Madrid, le hubiera dicho de palabra lo mismo que hoy le digo por escrito.

¿Cómo queda ahora esto? A mi entender queda mal, muy mal.

Los que piensan algo, como el amigo X, prevén que van a quedar completamente aislados, y como nunca les han tentado las lucubraciones de Proudhon, andan vacilantes. El Centro en que había lo mejor en inteligencia está herido de muerte, pues muchos de sus socios eran de la escuela catalana.

Hoy se presenta envalentonado Danyans, que ve que la cosa se va a él. El comunalismo acabará de reducir el partido a la nulidad. Para suplir nuestras vacantes en el Comité llamóse a elecciones y en una semana de esfuerzos repartieron 50 cédulas. Ante este fracaso se suspendió la elección que se verificará no sé cuando, con escasa concurrencia y ningún entusiasmo. El partido federal histórico se disuelve en Cataluña. Dentro de poco sólo quedarán restos corrompidos. Pero por grandes que sean nuestras diferencias en apreciar la política, siempre hallará V. en mí un amigo verdadero, dispuesto a decirle la verdad y a enterarle de lo que ocurra. Ponga usted a prueba mi amistad particular y verá que es verdadera.

Queda S. S. Q. B. S. M. (Sigue la firma.)