Las Dominicales del Libre Pensamiento
Madrid, domingo 25 de febrero de 1883
 
año I, número 4
página 2

Ramón Chíes

La actitud del Sr. Pí Margall

Bajo el epígrafe de Documento notable, nuestro apreciable colega La Vanguardia, diario federal, ha publicado el miércoles último una carta del Sr. Pí Margall, escrita para ser leída en un banquete, que, con motivo del décimo aniversario de la proclamación de la República, se celebró en Villanueva y Geltrú el día 11 del corriente.

Miembro distinguido o influyente del partido federal el Sr. Pí, su carta, como de una de las más brillantes personalidades del republicanismo, tiene en estos momentos grande importancia, y ha sido leída y comentada con avidez y calor.

Nosotros también la hemos leído. Su lectura nos ha producido honda pena. El señor Pí, en ella, persevera en su deplorable y trastornador principio del pacto sinalagmático como procedimiento de organización federativa: error patente que produjo la división del partido federal, que por fortuna supo a tiempo rechazar en su parte más sensata una teoría totalmente inaplicable a la federación de nacionalidades de antiguo unificadas de hecho y de derecho, como lo es España. La recordación de este principio, piedra de escándalo, prevemos que ha de entorpecer la unificación de este partido, voto unánime de la totalidad de los federales asistentes al banquete que en Madrid celebraron el 11 de Febrero en la fonda de Los Leones de Oro, y del cual nos ocupábamos en nuestro número anterior. Esta unificación, para la causa republicana tan importante, sólo era concebible en la preterición del pacto, motivo de disidencias en tantas ocasiones, preterido por el mismo Sr. Pí, ya estando en el poder, ya antes de 1873, ya en alguna de sus obras posteriores a esta fecha memorable. Su reciente afirmación en la carta a los federales de Villanueva y Geltrú la consideramos como una prueba del poco deseo del Sr. Pí en agrupar alrededor de la bandera federal otra cosa que fieles creyentes en doctrinas y partidarios de su personalidad.

Mas si es deplorable este documento por lo que se refiere a lo privativo del federalismo, toca en lo fatal, respecto a lo que es común a los republicanos españoles. La coalición, que todos los republicanos progresistas acaban de proclamar en su Asamblea, que tantos federales, creemos sinceramente que la inmensa mayoría de ellos, declaran indispensable a la consecución del fin común y primordial de la democracia, halla en el Sr. Pí un censor rígido y áspero. No ciertamente la rechaza en principio, que esto fuera imposible sin universal protesta; pero la reduce a tales estrechuras, pónela tales cortapisas; se vale al examinarla de tan duras palabras para los que la han de compartir, que en realidad de verdad, esta crítica la hace imposible de toda imposibilidad. ¿Cuándo se ha visto que insultando al aliado se busque la alianza? ¿Cuándo que el recelo sea la base de lo que se funda en la confianza?

Desde hace cerca de dos años, por grupos numerosos, se van apartando del Sr. Pí Margall sus antiguos correligionarios. Por no aceptar su pacto sinalagmático, se separaron el Sr. Figueras y sus numerosos amigos, que en la lucha de pluma que con los pactistas sostuvieron, se denominaron federales orgánicos. Por no compartir sus recelos sobre la coalición, y no aceptar su jefatura, ha poco se acaban de ir de su lado federales probados y consecuentes. La carta a los federales de Villanueva, inserta en La Vanguardia, le aislará seguramente más todavía en el campo republicano, en donde ahora que sólo, como él mismo dice, las malas pasiones pueden fomentar la discordia, en vez de palabras de amor, las hace resonar de odio, en vez de confianza siembra recelos.

¡Triste e ingrata misión la suya!

Ramón Chies.

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