Filosofía en español 
Filosofía en español


Julián Gorkin

Le paso el timón, querido Arciniegas

Usted fue el único iberoamericano, querido Arciniegas, que asistió en Berlín, en junio de 1950, a la fundación del Congreso por la Libertad de la Cultura; de entonces acá, puede decirse que no ha faltado a ninguna de sus manifestaciones de alguna importancia. Desde el primer número de Cuadernos, ha contado la revista con su honroso auspicio, y no obstante sus muchos quehaceres –y su vida de ilustre trotamundos–, con su colaboración frecuente. ¿Quién con mayores títulos para asumir hoy su dirección? Profesor, escritor siempre vario y original, periodista ágil, ameno conferenciante, diplomático, reúne usted conocimientos y experiencias como pocos. Y como pocos puede usted presentar una vida limpia e independiente. ¿No siguió usted a ese guía ejemplar que ha sido y es el Dr. Eduardo Santos? En fin, es usted hombre de ideas, de inquietudes, de iniciativas, latinoamericanas y universales, que enriquecerán –estoy seguro– este instrumento de expresión que pongo en sus manos.

Acaparado por unas tareas que me dictan a la vez el deber y la afición, siéntome satisfechísimo de la carrera seguida por Cuadernos. Se inició, más bien como un ensayo, en el primer trimestre de 1953; pasó a bimestral un año más tarde; aparece mensualmente desde hace dos años. ¡Diez años de labor, ampliando y renovando colaboradores y temas, viendo en aumento constante el número –y el calor– de sus lectores! Cometería una injusticia apuntándome el triunfal balance: el auténtico obrero de la revista, pensando y viviendo día y noche para ella, ha sido Ignacio Iglesias. Y ahí queda a su lado asegurando la continuidad.

No ofrece dudas para mí que el buen éxito de la revista se debe al hecho de haber sabido reflejar –y esclarecer en lo posible– los grandes problemas de nuestro tiempo; esos problemas ofrecen hoy nuevos y agudizados ángulos. El mundo comunista, que pretendía presentársenos como un todo monolítico, sin fisuras ni contradicciones, no logra ocultar hoy sus luchas y sus debilidades internas. ¿Cuáles son los perfiles exactos de su evolución por la base? ¿Y cuáles las posibilidades y los límites –y la parte de realidad y de táctica– de la coexistencia que proclama a diario? Tema hoy fundamentalísimo y de interés universal, que exige más que nunca análisis y esclarecimiento. Al mismo tiempo nuestra vieja Europa, que parecía condenada después de la última guerra, tiende a ampliar y a consolidar su unidad y se convierte en un laboratorio de valor universal. Y el llamado tercer mundo o mundo en desarrollo –los dos tercios de la suma humana–, apenas emancipado del colonialismo y el subcolonialismo, se busca afanosamente entre los polos de atracción y de repulsión. Problemas todos de un período de transición –de transformación–, en el que se juegan dramáticamente los destinos humanos.

Mas la región hoy crucial –de primer interés universal– es Latinoamérica. Los europeos que se obstinaban en negarlo, han recibido recientemente el aldabonazo: Cuba-Berlín. Y añadiré: Cuba-Argelia. Y Cuba-España-Portugal. Son equivalencias y partes de un todo. El destino latinoamericano –¿revolución democrático-constructiva o revolución catastrófica?– anda estrechamente unido al africano y al asiático, pero asimismo al europeo y al norteamericano. Al destino de nuestro siglo y de nuestro mundo. ¡Qué de problemas, querido Arciniegas! ¡Y qué de temas para Cuadernos! Dignos todos de su ánimo inquieto y tenso y de su maduro talento.

Julián Gorkin