Filosofía en español 
Filosofía en español


Prospecto

La Universidad de Quito, que de muy antiguo ha gozado de justa fama, se presenta hoy al mundo llena de vida y lozanía juvenil, cual si no hubiese estado más de dos años rodeada de sombras de muerte. Una de las elocuentes pruebas de la poderosa fuerza y abundante savia vital con que se levanta de su tumba, es la fundación de la Revista cuya publicación empieza con este número.

Hacíale falta en el estadio de las letras y las ciencias el arma de la prensa, y el pensamiento de fundar los Anales de la Universidad de Quito nació el mismo día fausto y glorioso de la reinstalación de Corporación tan importante y tan indispensable en un Estado culto y progresista.

Ese pensamiento generoso, que no ha tardado en realizarse, ejercerá, como lo esperamos, benéfica influencia no sólo en la Universidad, sino en toda la sociedad ecuatoriana. El título de la Revista da a conocer bastante lo que deseamos que sea: limpio espejo que refleje y muestre al mundo el activo desenvolvimiento de las facultades intelectuales y morales de nuestra juventud universitaria, sus trabajos científicos y literarios, el estado de las rentas y, en fin, todo cuanto constituya la organización y condiciones de la existencia del Establecimiento y cuanto tenga relación con él.

Pero no se crea que nos limitaremos a publicar los frutos de la Universidad: de lo mucho bueno que en materia de ciencias y letras se da a luz hoy en día [2] en Europa y América, escogeremos lo más útil o más perfecto para insertarlo en nuestro periódico.

Tampoco estarán vedadas las páginas de los Anales para los partos de ingenios ecuatorianos que no pertenezcan a la Corporación o a los bancos universitarios, con tal que versen sobre los objetos mencionados. Aceptamos la luz de donde quiera que venga, si es luz pura.

Quizás no habría inconveniente en que la Academia Ecuatoriana, Correspondiente de la Española, honrase los Anales con sus importantes trabajos, que tanta analogía tienen con los de la Universidad. Dicha Academia ha estado también, sin culpa suya, largos años como encerrada en un sepulcro, y ya es tiempo que se levante del polvo en que la ha postrado la influencia de una política mezquina y aniquiladora de la virtud e ilustración. Ella, uniendo sus esfuerzos a los de la Universidad, haría indudablemente grande bien a nuestra juventud estudiosa y a toda la Nación.

Los Anales no serán publicación extraña a la política; pero se entiende a la política considerada como ciencia y en sus relaciones íntimas con la vida y suerte de los pueblos, no en sus manifestaciones banderizas y ardientes polémicas personales: esto sería cultivar elementos de discordia y disolución entre los maestros y entre los estudiantes. En esta materia, el número con que hoy damos principio al periódico es una excepción, la que se justifica muy bien, si se fija la atención en la injusticia y el despotismo con que se degradó a la Universidad; en los bárbaros ultrajes de que fueron víctimas sus alumnos; en el ardiente entusiasmo y el valor con que estos han contribuido a las victorias que han traído por consecuencia el derrocamiento de la Dictadura en el interior de la República, y que luego coadyuvarán asimismo a desarraigarla y echarla lejos de Guayaquil; y, por último, en la viva excitación que obró en todos los ánimos, y especialmente en el de los jóvenes, el día de la solemne fiesta [3] de la reinstalación de la Universidad. En esta fiesta era imposible que no hubiese corrido en ondas de lava la justa indignación de todo pecho ecuatoriano amante de la justicia y de la honra de la Patria. Puede decirse que la Universidad ha resucitado entre el fuego y la sangre del combate, y que los Anales han sido arrullados en su cuna por los gritos del triunfo, los anatemas de la libertad contra la tiranía y las bendiciones de mil corazones a la esperanza de un porvenir dichoso.

¡Quiera el Cielo que en lo futuro los Anales de la Universidad sean solamente el eco de los pacíficos triunfos de las ciencias, las letras y las artes en el Ecuador! Tal es a lo menos nuestro firme propósito.