ABC
Madrid, 27 de enero de 2000

Adónde va la filosofía
Julián Marías

La revista internacional Concordia, dirigida por Raúl Fornet-Betancourt, al acercarse a su final el siglo XX, ha dirigido a un centenar de cultivadores de la filosofía de todos los continentes una encuesta con una interrogación: ¿Adónde va la filosofía? Cinco preguntas concretas articulaban la cuestión:

1. ¿Cuáles han sido en su opinión los acontecimientos históricos que más fuertemente han marcado el desarrollo de la filosofía en este siglo, y sobre cuáles tendría la filosofía que reflexionar todavía?

2. ¿Qué acontecimientos de este siglo han influido más en su propio desarrollo filosófico y cuáles han motivado cambios en su posición filosófica?

3. En un balance de la filosofía del siglo XX, ¿qué planteamientos, ideas, corrientes u obras señalaría como esenciales?

4. ¿Qué tradiciones filosóficas de este siglo le parece que deberían ser desarrolladas todavía en el futuro?

5. ¿Qué tareas indicaría como prioritarias para la reflexión filosófica en el comienzo del siglo XXI?

El evidente interés de estas preguntas me movió a reflexionar sobre ellas. Estas han sido mis respuestas, que me atrevo a recordar:

A finales del siglo XIX y comienzos del XX se inició una recuperación de las preguntas radicales de la filosofía, superando la renuncia del positivismo y la tentación del irracionalismo. Desde Brentano y Dilthey y los primeros escritos de Husserl y Bergson, la filosofía tiene un «punto de inflexión» que inaugura una etapa de reflexión sumamente fecunda. La fenomenología promovió un desarrollo del pensamiento filosófico en Alemania y en otros países de Europa, en varias direcciones: Scheler, Hartmann, Heidegger y sus continuadores, Marcel en Francia, son figuras de capital interés. Con independencia, la obra de Unamuno y sobre todo de Ortega en España inician un periodo de creación filosófica rigurosa.

Desde 1933, con el triunfo del nacionalsocialismo en Alemania, se experimenta una crisis gravísima en el país que era el centro principal de la actividad filosófica en Europa, y ello arrastra a los demás países europeos. La influencia del marxismo después de la Guerra Mundial, sobre todo en Francia, acentúa la crisis y lleva a la renuncia de la mayoría de los grandes descubrimientos intelectuales de la primera mitad del siglo. Sin embargo, esos descubrimientos existen, no se han perdido, se los puede continuar y desarrollar, se ha seguido haciendo, aunque la superficie «pública» de la mayor parte de lo que se llama filosofía lo desconozca. Hay una amenaza de decadencia, que sería superable si se partiera del nivel real de la filosofía de nuestro tiempo. Es urgente que la filosofía recobre lo que posee y siga adelante al nivel efectivo que ha alcanzado. Voy a iniciar un curso titulado Filosofía a la altura del tiempo. Todos mis libros, sobre todo desde Antropología metafísica (1970), responden a esta exigencia: Razón de la filosofía, Mapa del mundo personal, Tratado de lo mejor, Persona.

Mis estudios filosóficos se iniciaron en 1931, en un momento de gran esplendor intelectual. Los hechos mencionados han sido decisivos en mi trayectoria filosófica. He recibido el influjo de toda la creación filosófica mencionada. Fue decisiva la influencia de Unamuno, a quien dediqué un libro entero (Miguel de Unamuno, 1943), y sobre todo de Ortega, de quien fui discípulo y amigo próximo durante 23 años, desde 1932 hasta su muerte en 1955, estudiado por mí en varios libros (Ortega. Circunstancia y Vocación; Ortega. Las trayectorias; Acerca de Ortega). Su pensamiento ha sido el punto de partida inmediato del mío, desde un nivel y una perspectiva diferentes. No se podría hablar de «cambios» en mi posición filosófica, marcada por una continuidad desde mi primer libro, Historia de la Filosofía (1941), hasta el último. Más bien se trata de una maduración y profundización de un planteamiento metódico de los problemas. Llamo a la filosofía «la visión responsable» y creo que su símbolo podría ser el haz de luz de un faro que se va moviendo y explora la realidad, variando el punto de vista en continuidad y coherencia.

Ya he nombrado lo que me parece más creador y fecundo de la filosofía de nuestro tiempo, lo más digno de poseerse y desarrollarse. El nivel que representan Brentano, Dilthey, Bergson y Husserl es el verdadero punto de partida. La fenomenología ha sido el gran movimiento, a condición de no quedarse en él y de no atribuirle cambios introducidos tardíamente en ella, por influjo de otros pensadores –sobre todo Ortega– y en rectificación de lo que había sido su torso esencial durante muchos años. La obra de Heidegger, especialmente Sein und Zeit, es irrenunciable, aunque no sea posible estar de acuerdo con ella. También hay que retener la obra de Gabriel Marcel, muy especialmente su actitud de veracidad y fidelidad a lo real.

El descubrimiento de la vida humana como forma irreductible de realidad –con varios nombres, que a veces han encubierto lo decisivo– ha sido lo más importante del siglo. Todavía no ha hecho más que iniciarse la comprensión del tipo de realidad de la persona humana, a lo que dedico mis esfuerzos durante muchos años. Todo esto es posible si se aplican los métodos adecuados, es decir, la comprensión de lo que significa razón. La idea de razón vital y su forma concreta, razón histórica, descubrimientos de Ortega, desarrollados sobre todo en España, me parecen indispensables.

Esta pregunta está contestada ya. Creo que todo lo creador del pensamiento del siglo XX es coherente o, si se prefiere, convergente. Los verdaderos filósofos coinciden, porque hablan de las mismas cosas, y a última hora se entienden. Creo esencial poseer y prolongar la herencia íntegra del siglo XX en sus niveles de radicalidad, distinguidos de las renuncias y el abandono de las cuestiones decisivas, de las preguntas irrenunciables en que consiste la filosofía.

Un capítulo de un reciente libro mío, Razón de la filosofía, se titula «El camino hacia arriba y el camino hacia abajo». Es una referencia al fragmento de Heráclito hodòs áno kaì káto mía kaí houté. Creo que la gran tarea de la filosofía es partir de la realidad radical (mi vida) para ver filosóficamente las diversas realidades radicadas que descubro en ella, que se constituyen en su ámbito. Esto es lo que la filosofía se ha propuesto desde Platón (méthexis) y nunca ha realizado a fondo. La aplicación del método filosófico a las diversas realidades resulta inesperadamente fecunda. Creo que, si no se renuncia a lo que ya se posee, la filosofía del siglo XXI puede ser asombrosamente fecunda; lejos de estar agotada, podrá iniciar una nueva etapa de esplendor.

Julián MARIAS


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