Filosofía en español 
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Notas bibliográficas

Dos nacimientos en la dividida familia de la “inteligentzia” panameña

Por Henri Deleuze

El mundo de las revistas es un mundo incierto. Las dificultades económicas, el cansancio de los redactores, el desafecto eventual de los lectores lo erizan de amenazas. La aventura termina de tal manera la mayoría de las veces que, al enterarse de nuevos nacimientos, sonríe uno como si oyera algún testigo irónico repetir el verso conocido de Víctor Hugo: “Hélas, que j'en ai vu mourir de jeunes filles”.

Y, sin embargo, cada revista que sale da testimonio a favor de un movimiento hacia ciertas alturas. Caridad o vibración impaciente de un grupo que ansía vivir con más intensidad, más luz, más poderío, más eficacia. Es preciso acoger con una curiosidad llena de simpatía y con una obstinada esperanza estos movimientos. ¿Aguantarán la prueba del tiempo? ¿Cómo se presentan? ¿Qué nos ofrecen? ¿Conservarán su pureza? ¿Evolucionarán hacia más diversidad, más actualidad agregando a su material actual una crítica de la actualidad, por ejemplo y una de los libros que distinga de la masa las obras de calidad y sea guía para los lectores? ¿Sabrán defenderse frente a los asaltos, de formas tan variadas, de los que no experimentan mucha amistad para una “inteligentzia” que navega siempre paralelamente a sus propios navíos y, a veces, trata de embestirlos? Un sin fin de preguntas se formulan y aún si no hay otro interés en el asunto que el del espectáculo, es, para el viejo intelectual (que nos dispensen la palabra), un teatro lleno de apasionantes peripecias y, de promesas sencillas u orgullosas de las cuales no se sabe nunca de manera cierta a dónde irán a parar.

Episteme y Tareas, tales son los nombres, cortos, posiblemente algo oscuros para ciertos lectores, y aureolados de una especie de luz absoluta, de las revistas recién nacidas.

Buscamos, dice Episteme, “no un acuerdo de soluciones, valioso sólo para correligionarios de partidos políticos, sino un acuerdo de Problemas– Se trata de compartir preguntas, problemas. El problema y no la solución es el supuesto de la ciencia. Aspiramos a ser no el hombre que tiene una respuesta para todo, sino el hombre con una pregunta para todo. Y con hombres así deseamos tratar”.

Muy extraño resultaría en una época tan dividida y fragmentada como la nuestra que Tareas afirme puntos de arranque de misma índole. Tan opuestas en sus intenciones y propósitos se encuentra de Episteme como de Abel su hermano Caín. Ahí va la prueba: “Estimamos sintomático el escapismo que de parte de tantos sugiere le tema reiterado del ‘asombro’ frente a los problemas y la actitud extática que supone la exaltación de la ‘pregunta’ por la ‘pregunta’ misma. Pareciera que tal evasión del compromiso tal reserva frente a la ‘solución’, hubiera de conducimos a un nirvana ideológico donde toda tensión es proscrita y toda contradicción escamoteada”.

La oposición, algo virulenta, de los principios, se refleja en parte en los temarios. Tareas, sin embargo, acoge estudios de ciencia pura o abre sus puertas a disertaciones de carácter muy universitario sobre “Ética y Filosofía”. Creemos que antes de encontrar su cara definitiva las dos hermanas enemigas (en los principios) experimentarán cambios notables en sus rasgos a la manera de los recién nacidos cuyo parecido con los diversos miembros de la familia, aún si recela un fondo común, gira con una rapidez asombrosa, sobre todo en los primeros meses de existencia.

Si nos fuera permitido expresar algún voto, el primero se referiría al formato, siendo el de Episteme, a juicio nuestro, algo dilatado, y el de Tareas al revés, un poco encogido. Luego– Pero ¿en qué honduras nos va a colocar nuestro interés? Hay que respetar a los que manifiestan fuerzas nuevas, hasta si lo hacen con el tono tradicional de los hombres jóvenes que van repletos de interrogaciones o que se sienten sacudidos por dramas violentos. Que no se olviden, sin embargo, que el mar más cargado de misterio o de peligros deja que se reflejen en sus aguas el fuego imperial del sol o la leche azulada de la luna, en medio de la fantasía de las espumas y de cierto juego gratuito de las olas rompiendo contra los arrecifes.

Evidentemente, como decimos en francés: “Les conseilleurs ne sont pas les payeurs”. Pero puede salir el consejo de un corazón sin sombras que observó siempre con interés y simpatía los primeros pasos (y los demás) de los campeones jóvenes de la “inteligentzia”.

Es el caso.

(Tomado del Boletín de la Embajada de Francia en Panamá.)