Prensa Libre
La Habana
21 de septiembre de 1952
página 2

José Sobrino Diéguez

Viene Julián Marías!

José Sobrino DiéguezSe anuncia la visita de Julián Marías a Cuba. Nos parece que si este anuncio no ha producido el entusiasmo que debería haber provocado de conocerse bien lo que Julián Marías es, y aún lo que promete ser para la filosofía, en particuuar para la filosofía española.

Dentro de la filosofía española de nuestra época los estudiosos señalan dos grandes corrientes: la Unamunista y la Orteguista. A Miguel de Unamuno se debió en gran parte que fuera posible en España un D. José Ortega y Gasset. Pero Ortega no ingresó en la corte de

los discípulos unamunescos, puso sus pequeñas discrepancias con Unamuno por encima del gran cauce ideológico y sentimental que los unía. Resultados: una polémica primero abierta y airada, luego sorda pero continua, Ortega combatió al hombre Unamuno, a sus excentricidades y a sus aparentes contradicciones. D. Miguel acentuó su natural excentricidad, para ahondar aquella divergencia superficial, ya que la lucha era su modo de vivir.

A esta lucha nace Julián Manías. Es el quien recoge los frutos de aquella guerra de ideas, la única que es digna de hombres. Discípulo de Ortega sabe que en el fondo éste admira y hasta está de acuerdo con «el donquijotesco Miguel de Unamuno». D. José, un poco adulterado en sus comienzos por las enseñanzas demasiado «europeas», hace rectificaciones íntimas en el transcurso de la polémica, y es a Marías, uno de sus discípulos predilectos, a quien primero ha de confesarlas. Luego tendrá el valor de proclamarlo en público cuando la muerte de Unamuno predice siglos de silencio para España. Felizmente este augurio no se cumplirá al menos plenamente, y gracias en gran parte a Julián Marías. El representará la síntesis y culminación de las dos grandes corrientes que en el renacer de la filosofía española representan el unamtmismo y el orteguismo.

La obra que ya tiene Julián Marías es suficiente para acreditar su’ gran capacidad como filósofo y escritor. Bastaría para su triunfo el hecho de que llenara a plenitud el vacío que dejó Ortega en la Cátedra de Filosofía de la Universidad de Madrid. Pero hay que agregar a esto su actuación destacadísima en los Congresos de Filosofía que se han celebrado en Europa con posterioridad a la guerra. Su libro «Ortega y tres antípodas» desenmascaró la falsedad de los argumentos con que pretendían destruir a Don José Ortega y Gasset sus minúsculos enemigos. Su libro sobre Unamuno y el prólogo que aparece al comienzo de las Obras Selectas del mismo, demuestran su profundo conocimiento de la obra del mismo, aunque en cuanto al hombre Unamuno, que es lo principal, pueda acusársele de «demasiado objetivo», lo que genera frialdad.

Julián Marías merece, como estudioso y profundo investigador de la filosofía, así como filósofo y escritor maravilloso, los más altos títulos. Por eso yo pido que se lancen las campanas al vuelo ante el anuncio de su llegada.


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Julián Marías 1950-1959
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