El Español. Semanario de la política y del espíritu
Madrid, 24 de julio de 1943
año II, nº 39
páginas 1 y 10

Max René Hesse habla a EL ESPAÑOL
Todo el romanticismo alemán nació bajo el signo hispánico

Dibujo de Suárez del Arbol (Lorenzo Goñi) Fuerte, saludable, sonrisa irónica en las comisuras de la boca, pelo blanco que contrasta con el aire infantil de los ojos, llevando alegremente sus cincuenta y pico. Hesse se presta de buen grado a nuestras interrogaciones. Desde el primer momento se le nota que es una alegría para él hablar de España y contarnos sus impresiones sobre ella, sin acordarse para nada de la finalidad periodística de la entrevista.

–¿ ... ?

–Mi primera reacción en España ha sido de sorpresa frente al aire elegante de gran ciudad de este Madrid, de la vida que late en él, de la magna obra de reconstrucción que realizáis, a pesar de los obstáculos exteriores y de la juventud que se respira en todo.

–¿ ... ?

–También el contraste con París. El Retiro, sin duda, vale más que el Bois de Boulogne y, en todo caso, está más limpio.

Conozco EL ESPAÑOL. Me parece, desde luego, lo verdaderamente representativo de vuestra Prensa. ¿Lo que de él pienso? Más espíritu y más humanismo del que podría esperarse en publicaciones similares de otros países. Y mucha juventud también. ¡Pero cuidado con la juventud! Ella es, en sí misma, talento, aunque en la mayoría de los casos no es duradero.

–¿ ... ?

–Sí, en nuestro país ahora la juventud cuenta con todas las posibilidades. Conste que siempre me refiero a la juventud literaria. La única cosa que de ella se exige es talento; ningún otro mérito, por grande que sea, puede bastarnos.

En los primeros tiempos del Nacionalsocialismo la literatura se proponía principalmente difundir entre el pueblo nuestra doctrina; estas novelas tuvieron su éxito; hoy, en cambio, dominan los espíritus europeos. La cosa es perfectamente comprensible; Alemania pretendió antes que nada encontrarse a sí misma y fortalecer sus propias raíces, para después compenetrarse con Europa, a la que sentimos como una unidad. Nunca será bastante lo que se hable de la nueva Europa.

¿Mis comienzos como literato?

En el momento de abordar el terreno de lo personal se nota en él reserva y, ante todo, mucha modestia. Ahora hay que irle arrancando las palabras una por una. Por nada del mundo reconocería que está considerado como el mejor cuentista de Alemania.

–Mis comienzos fueron muy difíciles. No podía encontrar una Editorial que quisiera publicar cosas mías. El primero de mis libros, «Partenau», hubo de esperar sus tres años para llegar al público. Por fin, el poeta Rudolf Binding me procuró editor. Se trataba de una obra de tema enteramente militar; en ella describía la que había de ser la futura guerra contra Checoslovaquia y Polonia. El libro entonces produjo una impresión muy desfavorable. Luego, en 1939, quedó ya bien claro que llevaba razón, incluso en los detalles.

–¿Quién es el más interesante escritor actual de Alemania?

–A mi juicio es Hans Rehberg, autor de dramas sobre la historia de Prusia, que ha escrito también uno importante basado en la figura de Isabel la Católica.

Actualmente trabajo para la «Gaceta de Colonia». También tengo en la imprenta el segundo y el tercer tomo de una trilogía novelesca, que ya apareció en dicho periódico. El título del primer tomo es «Dietrich y el Soberano del mundo».

–¿ ... ?

–¿Que si voy a escribir sobre Europa? Pues no lo sé, y aunque ello hubiera de ser cierto, no sé tampoco cuándo. Todavía conozco muy poco de esta maravillosa tierra, y por otra parte, no ha habido tiempo para serenar mis impresiones. Yo quiero empaparme hasta el fondo del ambiente español, y así, por ejemplo, en el tren siempre estoy buscando gente nueva con quien hablar. Créame, todo lo de España me interesa; todo, desde los precios de las cosas hasta los procedimientos de cultivo. Esta es nuestra ventaja, la de los literatos, que tenemos personalidad fuerte y por ello no tememos que se nos disuelva el contacto con el extranjero.

–¿ ... ?

–La mayor diferencia entre las literaturas alemana y española está en que la alemana quedó rota en su evolución por la guerra de los Treinta Años, mientras que la española, en tanto, se desenvolvía y enriquecía normalmente.

–¿ ... ?

–Creo que España y lo español no son aún suficientemente conocidos en el extranjero. Falta mucho que hacer en este sentido, como hay que trabajar por el espíritu europeo en la literatura en general.

Mucha culpa de esta falta en el conocimiento de España la tiene Francia, tanto en el terreno cultural como en el turístico.

–¿ ... ?

Dibujo de Suárez del Arbol (Lorenzo Goñi) –La influencia española sobre la literatura alemana es inmensa. Todo el romanticismo alemán –y utilizo esta palabra de romanticismo en el sentido que le damos los alemanes y centro-europeos– ha nacido bajo el signo español. Nuestros grandes románticos conocían y aun hablaban el español. Ellos, y en primer lugar Tieck, crearon el moderno teatro de nuestro país, y su ironía es ironía española. La Alemania espiritual de hoy se siente próxima a este romanticismo de Tieck y los Schlegel, y en cambio, nos sentimos menos conmovidos por Goethe y Schiller. Personalmente yo he de decir que mi introducción en la literatura española se la debo a Vossler: la «Soledad con Dios», esa cosa genial que no puede darse más que en España. Quizá por eso mi más honda emoción desde que vine ha sido en Salamanca frente a la Virgen de la Soledad.

–¿ ... ?

–El poeta español que más hondo me llega es Fray Luis de León.

–¿ ... ?

–Y entre las personalidades señeras da la España actual, Zuloaga. Acepto sin restricción su obra.

–¿ ... ?

–Ortega y Gasset, por ejemplo, me parece demasiado francés, demasiado «esprit» intelectual; en cambio, Unamuno, a quien tanto admiro, es para mí la esencia misma de la raza.

–¿ ... ?

–¿Un resumen? No soy adulador; pero entre todos los países que conozco, el que prefiero es España. Espero quedar aquí aún tres meses y visitarlo todo: Sevilla, Córdoba, Granada, y lo mismo Galicia y todo el Norte.

Hablando con Max René Hesse el fin periodístico de la entrevista se olvida y cuesta gran esfuerzo sustraerse al encanto de su conversación arbitraria y llena de meandros. Esta atracción que ejerce hace enormemente arriesgada la tarea de presentarle a los lectores. Su fuerte personalidad es más para recordarla como indeleble que para transmitirla por escrito. Hagamos votos por que sus obras le hagan pronto conocido lo más auténticamente.

Dionisio Lorenzo


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