El Español. Semanario de la política y del espíritu
Madrid, 26 de diciembre de 1942
año I, nº 9
página 13

Ludovico Klages,
el hombre y el filósofo
por Dionisio Lorenzo

Ludovico Klages, por Suárez del Arbol (Lorenzo Goñi) En este mismo mes cumple setenta años Ludovico Klages, el pensador alemán cuya influencia se hace sentir cada día más no sólo en su patria, sino más allá de las fronteras de Alemania. No han faltado en los últimos años, y no faltarán en lo sucesivo, homenajes oficiales al viejo pensador, y él los soportará con la misma humildad con que supo soportar aquel cúmulo de adversidades que la vida le reservó.

Aunque el mundo germánico y «last but not least», la Alemania nacionalsocialista recuerda con mucho, cariño a Ludovico Klages, él no es el filósofo oficial de la Alemania de hoy. Quien conozca a Klages, comprenderá en seguida que él no tiene nada de pensador oficial ni puede tenerlo. En su obra principal: «Der Geist als Widersacher der Seele» (El espíritu, enemigo del alma), explica su teoría, según la cual el espíritu frío destruye el alma, el cuerpo, la vida, la personalidad armónica como ente. Él ha vivido esta filosofía, que era en el fondo una protesta contra el bajo materialismo y racionalismo de la época en que vivió, pero con la cual no tenía nada de común. Él luchó por el alma, simbolizando su manera de pensar y de ser en la oposición entre Parménides y Heráclito, del cual ha sido verdadero discípulo.

La corriente, el fluir de los sucesos que es la vida, debe ser purificado de lo ideológico y de la voluntad fría, ideas éstas que difícilmente podía soportar la filosofía oficial de su tiempo, pero que él realizó un su vida, la cual no era nada pensado y planeado «a priori».

alegoría de Hannover, por Suárez del Arbol (Lorenzo Goñi) Klages nació en Hannover, la capital donde quizá mejor se habla el alemán, ciudad orgullosa y elegante que, por muy profundamente alemana que sea, guarda cierta elegancia inglesa en su modo de ser e incluso en el arte de vestir. Y él se mantuvo en esto hijo fiel de su pueblo, con aquella elegancia y cierto orgullo noble, sostenido incluso en los trances más difíciles de su vida.

Su juventud estuvo llena de ilusiones. Persigue ante todo la ciencia, y lo que con más fuerza le atrae es la naturaleza. Quizá tan sólo en esto se siente él hijo de su siglo. Pero su amor muy grande y muy profundo por la Naturaleza tiene otras raíces. Este amor es una cosa filosófica que en nada se parece a lo de Rousseau, a quien aborrecía, y tiene, en cambio, mucho de franciscanismo.

Estudia, y con éxito, Química, y parece que el joven auxiliar tiene ante sí un brillante porvenir universitario. Conflictos e intrigas le alejan de la Universidad; sucesos que por el momento tienen aire de casualidades, pero que encuentran su explicación más profunda en el carácter del joven filósofo. Su manera de ser, que no toleraba coacciones –enemigo de toda hipocresía, aun inocente– y su antisemitismo instintivo no armonizaban con su época. Y empieza para él aquella vida errante que ha de llevarle a Munich, centro de los artistas, de los bohemios y los místicos del tiempo. Pasa varios años en este ambiente, muchas veces en una miseria pintoresca que hace pensar en los bohemios de Murger; aún se habla de la habitación que tenía en una casa en obra, cuyo acceso difícil, con riesgo de la vida, no impedía que los invitados acudiesen a tomar parte en las delicias meramente espirituales que el huésped podía ofrecerles. Klages, que entonces vivía nada más que de los intereses de una pequeña fortuna, legada por algún pariente, rechazaba con altivez los ofrecimientos ventajosos de la Industria química, y alrededor de 1907 fundó su Seminario de Caracterología. Hacía falta un cierto valor personal para romper lanzas en pro de una ciencia o nueva o renovada en este momento. No obstante, le sobraban alumnos y admiradores, pesados muchas veces y aburridos, a los cuales se esforzaba desesperadamente por alejar. Lo que le sobraba cada vez menos era el dinero. Pero Klages supo tolerar la pobreza con una mezcla curiosa de altivez y humildad; supo sonreírse de un mundo bohemio que andaba a la busca de un ídolo, papel éste que le parecía intolerable. En realidad, su personalidad no dejó indiferente o nadie. Su alta estatura, su elegancia bohemia; su cara regular, alargada, de noble nórdico; su conversación brillante y alegre y su humorismo fascinaban, sí, pero también le creaban enemigos.

alegoría de Munich, por Suárez del Arbol (Lorenzo Goñi)

En esta época empezó ya a sentar los fundamentos científicos de la grafología, ciencia escarnecida en su tiempo, y, lo que es peor, acaparada por charlatanes. Pero nuestro filósofo no tenía nada que ver con ellos; lo que buscaba era una verdadera ciencia de la expresión –Ausdruckskunde– de la caracterología, y con ella, el secreto del ritmo. Y si su filosofía es aún discutida y combatida, sus méritos en la grafología y la caracterología quedan reconocidos universalmente.

Grafología y caracterología alcanzaron una importancia extraordinaria en el mundo sajón, difícilmente comprensible para los españoles, el pueblo más dotado por la Naturaleza de un talento de fisonomista y de psicólogo. Conocer el carácter de otro ser humano es un deseo universal en Alemania; el jefe de la empresa o de la oficina, el industrial, antes de colocar un nuevo empleado; el comerciante, antes de conceder un crédito, y muchas veces el novio o la novia, antes de dar el paso decisivo para la vida, recurren al oficio del grafólogo profesional.

No obstante, sería falso ver en Klages sólo un grafólogo. El es, antes de nada, filósofo, y la grafología tan sólo una faceta de su talento universal; para él, un capítulo de la psicología y de la caracterología.

En 1919 trasladó Klages su Seminario a Kilchberg, en Suiza; la Alemania de la postguerra, con su ambiente marxista y demoliberal, no podía ofrecerle la atmósfera que necesitaba. Sigue viviendo en Kilchberg, cerca de Zurich, en la casa misma donde vivía el poeta suizo Conrad Ferdinand Meyer, con cuya familia mantiene una amistad profunda.

La vida material no se hizo más amena y llevadera para nuestro filósofo errante con el cambio de residencia. Sus viajes de conferenciante a través de Alemania –medio principal de su subsistencia– le daban mucha fatiga y poco dinero; además, un dinero casi sin valor. Estamos en el tiempo terrible de la inflación en Alemania. Pero Klages rechaza heroicamente los ofrecimientos de las casas editoriales y de los periódicos; nunca escribió una línea sin necesidad interior, nunca para ganar dinero. Su fama crece, y las Universidades –entre ellas una de las más antiguas y famosas de Alemania– le ofrecen cátedras y él rehuye los honores oficiales, como en un tiempo huyó de sus admiradores. Y no es más que un bohemio, bohemio y asceta, monje sin orden y sin regla, pero no sin ayunos. Elabora un sistema de la «cura del hambre» y estudia para ello la vida del célebre alcalde de Cork, en Irlanda, víctima heroica del nacionalismo irlandés.

Pero Klages no siente jamás amargura, y con una sonrisa mantiene su posición frente al mundo. Una noche se demora explicando a unos amigos su indignación contra Julio César, que permitía desarraigar los árboles sagrados de los galos, y olvida que en una sala de conferencias un público brillante espera la delicia de su palabra. Y cuando, una vez en Zurich, un invitado suyo extranjero queda asombrado al verse tan bien obsequiado por el filósofo, explica sonriendo la aplicación práctica de la caracterología en su trato con los tenderos de Suiza, digna corporación que nada tiene que envidiar en tacañería a sus colegas «épiciers» franceses.

La Alemania actual le honra y le quiere. De sus libros, «Die Grundlagen der Charakterkunde» (Fundamentos de la caracterología); «Handschrift und Charakter» (Escritura y carácter), «Die Psychologischen Errungenschaften Nietzsches» (Los hallazgos logrados por la psicología de Nietzsche), «Der Geist als Widersacher der Seele» (El espíritu, enemigo del alma) y algunos otros, se tiran ediciones y más ediciones. Y su relieve como pensador justificaría el que se conocieran sus obras en España.


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