La Voz
Madrid, jueves 20 de junio de 1935
 
año XVI, número 4.506
página 1

Rufino Blanco-Fombona

A Francia le preocupa mucho salvar la cultura alemana

Se ha hablado en la Prensa de Madrid de un nuevo y próximo Congreso internacional que debe celebrarse en la capital francesa. Lo llaman Congreso Internacional para la Defensa de la Cultura. El título, como se advierte, no puede ser ni más sonoro ni más seductor. ¿Quién no se va a sacrificar, pasando unos días en París, probablemente sin que le cueste nada, para defender la cultura?

Lo primero ocurre preguntar: ¿Quién convoca ese Congreso? ¿Francia oficialmente? ¿O se trata sólo de unos cuantos señores que se reúnen para pasar el rato, se les viene a la cabeza la idea de invitar a varios extranjeros con cualquier pretexto y encuentran uno muy adecuado en la defensa de la cultura?

La segunda pregunta que ocurre es esta: ¿Cuál es la cultura atacada que necesita defensa? ¿Será la cultura china, amenazada en estos momentos por el ávido japonés? ¿Será la cultura abisinia, sobre la que se cierne el sable virgen de Mussolini? ¿Será la cultura francesa, amenazada por los jóvenes bárbaros y retardatarios de la Action Française y por la xenofobia que hoy deshonra a monárquicos y republicanos de la nación vecina?

¿De qué cultura amenazada se trata? Lo descubrimos o creemos descubrir en la información por fin. Se trata de la cultura alemana, que corre riesgo bajo la bota austriaca del pintor de paredes Sr. Hitler. Naturalmente, los franceses sienten un dolor profundo y quieren corren a salvar esa cultura. Para ello invitan a extranjeros de buena voluntad. Ya reunidos en París, perorarán, comerán, beberán y salvarán algo, aunque no sea sino la integridad de sus estómagos, amenazados, como la cultura alemana, no por el ex pintor, sino por algunos banquetes.

¡Magnífico programa! Pero ocurre una duda que puede concretarse en ingenua pregunta: ¿No harán mejor los franceses en preocuparse de lo que sucede en su propia casa que de lo que sucede en la casa del vecino? El espectáculo de los estudiantes franceses haciendo imposible la vida en París a los estudiantes de otras nacionalidades, incluso los de Hispanoamérica, no da títulos suficientes para entrometerse a corregir las barbaridades de otros pueblos. Barbaridad por barbaridad, ¿la de París no debe preocupar más a los ciudadanos de Francia?

Maestros en el arte de poner a los demás pueblos al servicio de los intereses o las pasiones de Francia, los franceses invitan ahora a personalidades extranjeras para que vayan a París a declarar bárbaros a los alemanes.

Se dice que han invitado aquí a Valle-Inclán, a Manuel Azaña, a Juan Ramón Jiménez, a Luis Araquistain, &c. ¿Las personalidades mencionadas se enderezarán como una recua hacia París, a la menor insinuación, para servir ajenas pasiones? Ajenas pasiones de quienes en estos mismos momentos están perjudicando con su intransigencia calculista la economía española. De quienes por su agresividad, tan bárbara como la barbarie de Hitler, obligan a los estudiantes hispanoamericanos a pensar en refugiarse en países menos xenófobos.

R. Blanco-Fombona

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