La Conquista del Estado
Madrid, 18 de abril de 1931
número 6
página 2

Las nuevas voces europeas

 

No es nación Francia que pueda ser motejada de arbitraria, inconsciente o paradojal. Reconoce a este propósito el medio español Cassou que la mente gala eslabona y se explica la misión de monarquía francesa unificadora de las provincias francesas, tras de la cual vino postulatoriamente la burguesía francesa a engrandecerse y a crecer el capital, para luego dejar la función directriz a la cuarta clase: al trabajador proletario. Esta cadena en el estadio de las ideas va con la sugestión de un silogismo desde Aristóteles, por Augusto Comte, a Carlos Marx. Por lo tanto, se le ha asignado siempre a tal país y a su espíritu las características de Lógica y Política.

Ahora no podrían faltar tampoco en Francia las voces actuales y nada sospechosas de sucia reacción, pues brotando de un grupo de escritores donde chisporrotea la fe sindicalista –casi todos son sorelianos– y el entusiasmo higiénico y moderno del arquitecto Le Corbusier, son una llamarada de pura consciencia revolucionaria, dentro de la hipócrita cochambrería del señor Briad o de las grandes estafas financieras de los políticos y abogados de la derecha.

Nos referimos a la revista Plans, de París, que nació con el año 1931 y cuyo director es una mujer, Juana Walter. Plans ha destrozado todos los moldes apestosos y manidos de la vieja revista burguesa: sea la Nouvelle Revue Française o Comerce o la Revue de Deux Mondes. Ha tomado una factura original, movida y novísima. Su orientación política y social es también de este tono. Copiamos y hacemos nuestro un trozo de su Línea General –nombre de película soviética, que es como una oriflama de la pasión del día.

«Un gran movimiento de juventud se señala en toda Europa. A pesar de las oposiciones aparentes de sus diversas manifestaciones y aún los odios que mantienen entre sí, están animadas por un espíritu común. Bolchevismo, fascismo y hasta en su esencia nacionalsocialismo hitleriano, son, ante todo, los tres aspectos, diferentes en razón, tanto de los orígenes históricos, como de la distinción del clima, de la ruptura con el mundo antiguo y de la pesquisa de un nuevo orden. Anticapitalistas y antiparlamentarios, aceptando las necesidades de las sociedades colectivas, encuentran muy pronto, más allá de las pasiones,las posibilidades de armonía que les impone la exigencia de los hechos. No se trata de aprobar o desaprobar, no por el momento de criticar, sino de constatar un hecho. Estos movimientos tienden a dividir horizontalmente entre dos generaciones todas las ideologías europeas y a ser las fases de un gran partido de la juventud, completamente inclinado hacia el porvenir y enderezado contra todo un personal político demasiado cobarde para hacer la guerra y demasiado bestia para hacer la paz.»

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De la misma revista son estos párrafos de un artículo de su colaborador alemán, Will Grohmann, sobre el espíritu de la joven generación alemana, donde se escucha y se defiende un criterio de intervención de la última juventud en las tareas del Estado:

«El espíritu de oposición contra la cultura intelectual invariablemente transmitida a la juventud y contra el Estado gobernante penetró hasta en las inocentes asociaciones juveniles... Mientras que la juventud de antes de 1914, sin ningún prejuicio procuraba penetrar en el espíritu de las grandes obras de todas las naciones, se renuncia hoy a esta especie de lujo para lanzarse sin demora a la propia vida y para colaborar a su nueva estructura... La juventud de antes de la guerra ha descuidado muchas cosas, especialmente el considerar con espíritu crítico el Estado gobernante. Lo ha abandonado todo a los más viejos que podían sin reserva y en todas sus empresas contar con los jóvenes... Ni el socialismo ni aún el pacifismo supieron despertar el entusiasmo. La idea del primero está restringida en Alemania a los problemas económicos, sin haber todavía encontrado su coronamiento espiritual y humano. Y el pacifismo es en la hora actual mal comprendido por la mayoría de los alemanes, que lo consideran una capitulación delante de la superioridad del enemigo de ayer... Las necesidades más urgentes obligaron a descuidar el deber de propagar la idea de un nuevo Estado y de un espíritu nuevo. Nos adaptamos a las necesidades económicas que en todos los tiempos son ilimitadas y no se reconoció que la nueva generación deseaba ver un nuevo símbolo sorprendente de la nueva era.»

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En Lisboa ha comenzado a publicarse el semanario Acción Nacional, dirigido y editado por Antonio Pedro y Dutra Faria. Con Portugal nos une, entre tantas cadenas de hermandad, nuestra devoción por Oliveira Martins, el autor de Civilización Ibérica, ese libro tan preñado para Unamuno.

Con los jóvenes de Acción Nacional también nos enlaza su emoción revolucionaria y además parte de su credo político: «Somos –escriben– antidemócratas, antiliberales, antiindividualistas, tanto cuanto somos anticonservadores, anticapitalistas, antiburgueses.»

Sólo lamentamos y nos separa, que todavía les quede un simplón y anacrónico monarquismo rezagado –todo su programa sería imposible dentro de cualquier monarquía feudal– y ese turbio deliquio primaveral de muchachitos religiosos.

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