La Conquista del Estado
Madrid, 14 de marzo de 1931
número 1
página 4

Crónicas de Alemania
Nacional-socialismo y comunismo

 

Hace unas semanas, los nacionalsocialistas han abandonado el Parlamento alemán. Los ciento setenta y una «camisas pardas» se retiraron, renunciando a toda colaboración con el Gobierno Brüning, al que ellos llaman Gobierno Young. Al mismo tiempo, los comunistas arreciaban en sus ataques al Gobierno, arrojándole como un insulto el mismo título de Gobierno Young.

Las últimas elecciones que tuvieron lugar el 1┬║ de Marzo en el Estado de Braunschweig han dado a los nacionalsocialistas 27.040 votos. A los comunistas 12.236. Los partidos burgueses, excepto el socialista, han alcanzado solamente una cantidad exigua de esos votos. Los comunistas han ganado, en relación a las últimas elecciones, 8.000, que son exactamente los que el partido social-demócrata ha perdido. Estos 8.000 votos representan la opinión de obreros y empleados que en Braunschweig, como en toda Alemania, abandonan poco a poco el partido socialista al verlo colaborar en una velada dictadura y renunciar a sus tendencias marxistas. El número de votos que el nacionalsocialismo ha ganado procede de los partidos burgueses.

El éxito de los dos partidos extremos radica en la actual situación económica del pueblo alemán y en la incapacidad que los otros partidos tienen de dar fórmulas de solución a los problemas económicos y sociales, que son la base de la actual crisis del Estado alemán. El número de los obreros sin trabajo llega a cinco millones. Las contribuciones directas e indirectas aumentan. Ante tal estado económico de la masa social, aparecen como únicas posibilidades de salvación los partidos que han tomado como divisa las palabras «libertad y pan». Libertad y pan forman la temática de todo discurso o escrito político de los partidos de Hitler y de los comunistas. Para aquéllos, libertad significa liberación del yugo extranjero, del plan Young y del Tratado de Versalles. Para éstos, libertad es liberación del yugo capitalista internacional. Libertad y pan gritaban callejera y revolucionariamente, no hace mucho tiempo, las «camisas pardas» alrededor de la bandera roja emblemada con la «svástica». Libertad y pan gritaban las «camisas rojas» alrededor de la bandera emblemada con el martillo y la hoz.

Ante el avance de los dos partidos de oposición, el Gobierno del canciller Brüning no tiene más remedio que adoptar medidas dictatoriales. Nadie podrá negar los sacrificios que Brüning realiza para sostener el Estado creado por la Constitución de Wéimar. Pero para sostener ese Estado que nació en la coalición de Wéimar, centristas y socialdemócratas tienen que recurrir al artículo 48 de la Constitución, que es una aceptación de los métodos dictatoriales. Pero la crisis económica y el desequilibrio social avanza. Y la crisis económica en países de civilización industrial y socialista como Alemania, es una crisis que aporta la decadencia total del Estado.

El punto decisivo de esa crisis del Estado las señalarán las próximas elecciones generales, ya que los nacionalsocialistas han abandonado todo proyecto de marcha sobre Berlín, y la virtualidad revolucionaria del partido comunista no tiene, por el momento, posibilidad de realización. Si los nacionalsocialistas o los comunistas obtuviesen la mayoría, ¿cuál sería el perfil del nuevo Estado alemán? La respuesta es difícil, pero sabemos que ambos partidos postulan la negación del Estado demo-liberal y la creación de un Estado colectivista. Para los comunistas, las bases del nuevo Estado serían los fundamentos marxistas –negación de la propiedad privada, dictadura del proletariado, disolución del Estado en la sociedad–, que crearían una Alemania soviética. Para los partidarios del «tercer imperio», el nuevo Estado sería la objetivación de la nación en una forma social superior a las clases y con una interior jerarquía; es decir, un Estado-Fuerza a imitación del Estado de Bismarck; pero con una base socialista negadora de los postulados marxistas. Los partidarios de Hitler admiten la transcendencia de la sociedad en el individuo. El núcleo del Estado no sería el individuo, sino que lo formarían los grupos, los Sindicatos y las Corporaciones. Todo acto, toda obra, todo derecho no existe en función del individuo, sino en función de la sociedad. Su esencial postulado –uno de los primeros artículos de su programa– es la función social de la propiedad.

Pero hoy se preguntan los alemanes: ¿tendrá el partido nacionalsocialista una crisis que lo divida y aniquile antes de la creación del nuevo Estado? La aniquilación no se divisa aún, pero la crisis existe ya. Según algunos partidarios de Hitler, el nacionalsocialismo, en su última evolución política, parece colocar el acento sobre el concepto nacional, privando de toda fuerza al concepto socialista. Ello sería la negación del partido como fuerza revolucionaria que les impulsara a colaborar con el comunismo. Dichos partidarios admiten que todo fenómeno político o social lleva en sí ese fondo irracional e imponderable que ha hecho que la revolución en Rusia sea un fenómeno ruso. Así, una revolución en Alemania sería necesariamente una revolución nacional. En el último número de una revista marxista ha aparecido una polémica entre Willy Münzenberg –una de las más finas cabezas comunistas– y los nacionalsocialistas de la izquierda. El límite que los separa aún es el problema de la ideología del proletariado internacional en sus relaciones con la ideología nacionalista. Pero les une la creencia en el mito de la revolución y la afirmación del postulado colectivista superador del Estado demo-liberal, que se presenta, a todos ellos, con signos de caducidad y gestos de moribundo.

José Francisco Pastor

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La Conquista del Estado 1930-1939
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