Juan José Morato

Carlos Marx en España

Aludió Castelar al hombre extraordinario en el discurso que pronunció el 19 de Octubre de 1871, en el debate acerca de la Internacional.

«... Y mientras llegaban las ideas sociales a reconciliarse con la libertad en Francia, venía la revolución de Febrero, que, resonando en Alemania, abría una erupción de nuevos pensamientos en cada Universidad. Alemania estaba preparada a recibir las ideas sociales, gracias a la larga y continua iniciación de su filosofía, que era como el fundamento capital de estas ideas. Los reformadores lograron algunas ventajas; pero bien pronto fueron vencidos, y se dispersaron los unos hacia los Estados Unidos y los otros hacia Francia. Entonces fue cuando el jefe de estos proscriptos alemanes, encontrándose con que Proudhon había llamado a su libro Contradicciones económicas, Filosofía de la Miseria, lo repitió bajo este título: Miseria de la Filosofía. Pero en Francia no pudieron reposar mucho tiempo aquellos hombres errantes, por la reacción bonapartista, y se encontraron obligados a pasar a Inglaterra.»

Esto dijo Castelar, incurriendo en error, porque la Miseria de la Filosofía se publicó antes de 1848.

Antes que Castelar había hablado de Marx la Prensa española de la Internacional. La Federación, de Barcelona, leyó en el diario francés Le Messager du Midi, de 6 de Septiembre de 1871, que «el ciudadano Carlos Marx, miembro de la Internacional y uno de sus más ardientes defensores», había muerto en Londres; dio algunos detalles del suceso –muy pocos– y expresó su sentimiento:

«Nosotros no podemos menos de sentir semejante pérdida, porque nos ha arrebatado un infatigable defensor de nuestros intereses sociales. Cumpliendo con nuestro deber, enviamos a su tumba una lágrima, hija de nuestro profundo dolor.»

La Emancipación, de Madrid, desmintió la noticia, y La Federación copió la rectificación: «Afortunadamente, nuestro compañero se halla en perfecto estado de salud y continúa prestando servicios a la causa de la Internacional, a la que ha consagrado su existencia. Los periódicos burgueses, no sabiendo ya qué inventar contra la Internacional, se entretienen en matar a sus hombres.»

Aquel mismo año 1871, en Noviembre y Diciembre, circuló por la Prensa de Madrid y aun la de provincias –La Campana de Gracia, de Barcelona– una biografía de Marx, traducida o extractada o corcusida de alguna que publicaron los periódicos franceses, y en ella se atribuyó a Marx la condición de jefe de la Internacional, y esto suscitó protestas vehementes de La Federación.

«La Internacional –dice en una ocasión– no tiene ni jefes ni santones. No hay nadie que posea el más pequeño poder autoritario; todos los cargos son recusables en todo momento por la voluntad de los electores. Karl Marx, pues, con ser individuo del Consejo general, no es jefe ni puede mandar nada. No es más que uno de tantos internacionales que forman parte del Consejo general establecido en Londres.»

Mas después otra biografía, o esta misma, alterada, hace exclamar a La Federación (Febrero de 1872): «Ni Karl Marx ni ningún otro son dueños ni jefes de la Internacional. No queremos jefes ni los aceptamos. Nuestra organización es puramente democrática.»

También La Emancipación, de Madrid, tuvo que protestar, y ésta, por cierto, en circunstancias realmente extraordinarias.

Trabajaba José Mesa para la Empresa de La Moda Elegante e Ilustración Española y Americana, y escribió una óptima biografía de «El doctor Carlos Marx», que firmó con iniciales J. M. Ll. (Se trata de un trabajo extenso y notable, y, en suma, de la primera biografía de Marx original publicada en castellano, Febrero de 1872.)

Para fijar claramente lo que era Marx en la Internacional, escribe Mesa:

«En apartado barrio de Londres –en Camden-Town– vive el doctor Carlos Marx, a quien toda la Prensa española y una parte de la extranjera atribuye la jefatura de la Asociación Internacional de los Trabajadores, ignorando que esta vasta Sociedad se diferencia de todas las organizadas hasta el día en su constitución radicalmente democrática, que no consiente jefes, directores, ni aun presidentes, sino simples Consejos o Comisiones con facultades ejecutivas. El doctor Marx pertenece al Consejo general de la mencionada Asociación, y en él ejerce el cargo de vocal por Alemania y Rusia, sin que tenga ninguna superioridad jerárquica sobre sus colegas...»

La biografía, escrita de seguro con noticias que diera personalmente a Mesa Lafargue, el yerno de Marx –que ya vivía en Madrid–, aparece con un bello retrato, grabado en madera por Capuz, y al pie de él el director artístico de la óptima Ilustración puso este pie: «El doctor Carlos Marx, jefe de la Internacional.»

La Emancipación, que Mesa dirigía y redactaba, se indignó, y el caso no era para menos: «La Ilustración Española y Americana, correspondiente a la semana última, publica un notable retrato de Karl Marx, miembro del Consejo general de nuestra Asociación, titulándole jefe de la Internacional. Este error nos ha sorprendido tanto más cuanto que en la biografía que acompaña a dicho retrato se dice terminantemente que Karl Marx no es jefe de la Internacional, y que esta Asociación ni tiene ni ha tenido nunca jefes.»

Realmente se comprende la indignación de los periódicos, y más aún la del buen Mesa, orgulloso de su biografía, a la que contradecía el pie del retrato.

Esta unanimidad en protestar contra las jefaturas es muy interesante, y en alguna ocasión hemos hecho destacar semejante circunstancia, que tiene más caras: el odio al exhibicionismo y al faroleo, el empleo del tú en las relaciones personales, &c.

Quizá hablemos de esto en otra ocasión.

J. J. Morato.