El Estudiante. Revista de la juventud escolar española
Salamanca, 1º mayo 1925
 
número 1
páginas 5-6

[ Vicente García de Diego ]

Sed jóvenes

Un consejo para su noble empresa me piden los redactores de el estudiante, que en la ciudad salmantina aspiran a decorar con trofeos modernos los vetustos muros del sagrado recinto universitario. Del viejo el consejo. Tal era la fórmula simplista de la experiencia vulgar. Como si a la lección provechosa de experiencia y desengaño no acompañase la desmoralizadora lección de la desilusión inerte y de la malicia práctica. El consejo de los fracasados, de la generación madura que ha hecho calandrajas de la tela puesta en sus manos por la fortuna favorable, no puede servir a nuestra juventud más que como lección de escarmiento. A los que quieren moldearos a su gusto preguntadles antes por sus maravillosas creaciones. Y si su obra es fruto de ficción y de egoísmo, no puede ser norma de conducta de la juventud, que es sinceridad y altruismo puro.

Si la cultura pasada es necesaria guía, también es un obstáculo que retarda a las generaciones nuevas. Ante todo, no anticipéis las lacerías morales, que en el lodazal de los caminos iréis contrayendo. Sed jóvenes; y esta lección conservadla como norma de conducta para no traicionar en ningún acto a vuestra preciada condición. Ser jóvenes es sentir el ansia triscadora de independencia y recusar la sumisión gregaria de quienes quieran ataros a su carro o condenaros a la quietud. Juventud es desinterés. No es juventud, sino vejez prematura, el sentido práctico de nuestros jóvenes calculadores y decrépitos, que se amoldan dócilmente para las ascensiones y para la reptación, de los que saben de achaques de utilidad como los viejos, de los que se adosan a los atrios como clientes y buscan mediadores hasta para el amor.

Sed jóvenes, que en la prestancia de esta palabra hallareis el valladar de posibles claudicaciones. Sed eso que los espíritus ya esclerosados llaman romanticismo e ilusión. Todo menos jóvenes prácticos. Sed soñadores, con un sueño ambicioso de gloria. Los sueños de los pueblos no despiertan en un chasco, como los ensueños individuales, sino que son como las ideas platonianas el germen de la realidad.

Lo más práctico, el sentido utilitario personal, no conduce al fin, sino a la miseria social y a la abyección. En esta casa, que los hombres llamados prácticos han convertido en regatonería y lonja de contratación de mercaderías y conciencias, encended una lámpara, la de vuestras ilusiones de juventud, y practicad un culto cordial, el amor callado y fecundo de la patria, que se demuestra con fidelidad y abnegación más que con ditirambos y jactancias.

Vicente García de Diego

Madrid.

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