Renovación Española, revista semanal ilustrada
Madrid, 13 de junio de 1918
 
año I, número 20
página 13

Bersandin

Briznas de justicia
 

Socialismo español germanófilo

En esta gigantesca lucha, que pasará a la Historia sin que en ella se halle alguna con que compararla, la representación más genuina del socialismo y la democracia la ostenta Alemania, que lucha contra la vieja organización social y económica impuestas al mundo por Inglaterra, a la que ya no siguen ilusionados y engreídos los pueblos de las naciones aliadas suyas, sino los Estados de esas naciones compuestos por chauvinistas y burgueses, porque éstos tienen ligados a la suerte de la gran Albión sus respectivos capitales, y a la zaga de la suerte de éstos están los de los principales plutócratas españoles.

¿Cómo no ve el proletariado y obrerismo españoles, que secundando a los intelectuales antitrogloditas en sus campañas aliadófilas y germanófobas, hacen el juego al capitalismo español, desalmado y avaro, que por ineptitud y cobardía está en maridaje vergonzoso con el de las naciones de la «Entente», a las que ha unido la suerte de nuestra economía nacional, de esta economía que amenaza llevarnos a la bancarrota, de esta economía pública contra la que protestamos los desvalidos y los desheredados?

¿Porqué los socialistas españoles no abrirán los ojos y el sentido común en estos días críticos, en que les va a faltar hasta el pan de cada día, para ver que en esas palabras de libertad, justicia, derecho de gentes (díganlo ahora Grecia y Holanda), con que buscan prosélitos Inglaterra, Francia y los Estados Unidos, se enrosca la sierpe del capitalismo mundial que chupa la sangre del proletariado?

A lo que tiende Alemania es a derrocar al malhadado régimen capitalista causante de esta guerra. A ese régimen despóticamente hipócrita, que ha hecho de los Estados Unidos el baluarte más formidable de la plutocracia, un Estado burgués y dictador en donde se refugian todas las hediondeces del capitalismo, dispuesto a defenderse, apelando sin reparo ni pudor, a la santidad de los grandes ideales y de los nobles sentimientos.

«¡Naciones buitres!» –que las llamó Costa.

¡Hijas de la Gran... Bretaña!

Vean los nuestros cómo los socialistas franceses, temiendo la hora, que se acerca, de la liquidación, rompen la unión sagrada, y, encendidos en amor patrio, buscan posiciones, separándose del gobierno republicano; porque, aunque tarde, quizá se han dado cuenta de su perversa obcecación, y de que las repúblicas, como las monarquías, cuando están en manos de la plutocracia, son una rémora, un valladar a las reivindicaciones del proletariado.

El triunfo de estas reivindicaciones sociales no se logrará cambiando de régimen; no es cuestión de monarquía, república o imperio, sino que es obra de cultura general, de educación ciudadana, de solidaridad y de organización perseverantes hasta socializar al Estado.

El partido socialista español debe ir solo, sin conjunciones ni judaicas alianzas, a la conquista del Poder público, «plaza fuerte del capitalismo», como le llama Lafargue. Y conseguido esto, «desenvolver –según León Bourgesis– la actividad de cada uno en la armonía de conjunto para el mayor bien de todos», creando «un sistema público de cooperación en el que la sociedad intervenga para limitar la competencia, fundándola, caso de subsistir, sobre los méritos de las personas y no únicamente sobre la ley del mercado», como dice Belot.

Contrastando las conclusiones deducidas de la experiencia y del estudio, y las enseñanzas de la actual cruenta realidad, asombro me produce la actitud del partido socialista español, formando comparsa con los intervencionistas, con los «financieros del espíritu» y con los plutócratas sin corazón ni conciencia, e intelectuales sin intelectualidad, sin que en los tres años, cerca de cuatro, que llevamos de guerra, haya tenido, como partido político, un gesto desapasionado y consecuente, una iniciativa viable, patriótica y positiva, dentro del tiempo y las realidades presentes.

Y es que en el partido socialista sobran jefes y faltan apóstoles que vayan a servir al obrero, no a servirse del obrero. Y es que el proletariado está sin organizar, porque le falta la savia de toda organización: la disciplina. La disciplina que es producto de la educación, y la disciplina social que lo es de la educación y de la cultura; ni ésta ni aquélla se dan en nuestra clase proletaria obrera.

¿Cómo por solidaridad va a vencer e imponerse al capitalismo?

Necesita, pues, para alentar como partido, fermentos de odio y de crítica negativa, estorbando, ya que no luchando; y como hoy para vencer en las luchas son necesarias la ciencia y el cálculo, no existiendo éstas labradas con la disciplina, la abnegación y el verdadero patriotismo, no habrá triunfos eficaces.

A estas armas debe Alemania el triunfo, y su militarismo de hoy será mañana el socialismo mejor y más fuerte del mundo.

Hágase justicia a sí mismo el socialismo español aprendiendo del alemán, y el triunfo será seguro.

Bersandin

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