El Combate Semanario republicano
Salamanca, domingo 1 de octubre de 1899
 
año I
número 15, página 3

[ Fernando Felipe Martín ]

Escritores de Ferial {1}

Al X de El Lábaro

«En el amplio Salón Artístico, donde parte de la juventud de Salamanca suele rendir culto a Terpsícore, se representó anoche (el 18 de Septiembre) una tragicomedia» a la que prestó su concurso el periódico episcopal El Lábaro… sin duda por ser Terpsícore un Dios, gratuito, aunque le llaman pagano.

Poco acostumbrados a que los labaristas se molesten en ver, o estudiar las cosas de que hablan, me sorprendió extraordinariamente, como pasaría a muchos de mis hipotéticos lectores, que el X de El Lábaro estuviera en el Artístico desde primera hora, acompañado de voluminoso acólito.

¿Quién es X, por qué fue al Artístico? X, según sus amigos, es hombre de rara cultura (y tan rara), abogado reciente y profesor particular (y tan particular).

Esto según sus amigos; según los míos, que son personas muy distintas, X es hombre de ojos tiernos, barba sedosa, voz entre americana y femenina, aire compungido y lacio y con una cosa entre tos y muermo, que le hace estar soplando nasalmente a cada instante.

Bueno, pues este X, que es como acabo de decir (si miento que me aspen) va al meeting librepensador del Artístico a hacer la reseña y a decir gansadas en el periódico, para solaz de curas imbéciles y seminaristas mostrencos.

Lo primero que a X llama la atención en el meeting, es que el Sr. Ferrero tenga ademanes ¿cómo les parece a ustedes? afeminados. Pero X del… Obispo ¿no tiene usted espejo? ¿o tiene V. espejo y muy mal concepto de sí mismo? Mírese y verá que se puede tener movimientos o ademanes afeminados y ser una buena persona. Al menos según el criterio labárico (Sr. Cajista: es labárico, no barbárico). Da gana de decir a usted aquello de ¡ya te comen, ya te comen! etcétera.

Pero esto de los ademanes afeminados del Sr. Ferrero, es curioso, porque según X están en contraposición con los de D.ª Belén Sárraga. ¡Qué perspicacia! Y diga V. jacarandoso X: ¿no tiene usted una novia (que piadosamente pensando hará V. su señora) de ademanes desenvueltos, cara expresiva y varonilmente atrevida, mirada dominante y movimientos airosos? ¿Y esto no contrasta asaaazmente con su tipo de V.? Entonces a qué decir tonterías del Sr. Ferrero, que solo por el hecho de su campaña está demostrando ser un hombre de los pies a la coronilla. (Pardon (sin acento) Mr. X, el Sr. Ferrero no tiene coronilla.) ¿V. se atrevería a hacer una campaña como la que el Sr. Ferrero hace, exponiendo ideas tan opuestas al sentir ordinario y exponiéndose a las insulsas puyas de los X más o menos despejados? Qué se había V. de atrever. Para hablar claro: ¿no abandonó V. el Artístico en cuanto presumió que podía tener un disgusto, al ver el sesgo que llevaba el meeting? Entonces ¿a qué insultar así a un hombre que solo por lo que hace demuestra más energía y más valor que V.?

V., señor X, hablando mal del Sr. Ferrero y ¿en nombre de qué? En nombre de la religión del… P. Cámara. Es notable la idea. «El espíritu verdaderamente religioso es aquel que reza para adentro, a su modo, en las soledades contemplativas de su conciencia; el que obra honradamente sin esperanza de recompensa, sin miedo a castigos ultraterrestres; el que al ver el espectáculo moral del mundo, levanta los ojos interiores a un ideal puro, bueno y grande (altruismo) y mira a los hombres con la lástima que despiertan en las almas escogidas».

Así, así, Sr. X, le creí yo a V. un tiempo, a pesar de su manera de vivir; religioso de esa manera, no de esa otra, seca y vacía que revela usted en su artículo de El Lábaro. No se puede fiar un duro ni Amadis de Gaula.

¿Qué voy a decir después de conocer a V. que no parezca insulto para gentes que como V. y los suyos se creen perfectos? Créame V., X labarista, no le creí capaz nunca de decir lo que en El Lábaro del 19 dijo.

Una contestación (muy honrosa) para usted: «No me creía usted capaz, porque no me ha tratado»; y una réplica (no menos honrosa) para mí: afortunadamente.

Usted, de quien dicen sus amigos que es hombre culto (van dos), diciendo lo que dice de la señora Sárraga, ¡qué poco conocen a usted sus amigos! Una mujer entusiasta de una idea hasta lo asombroso, que siente fuerte, que expresa con arte y energía sus opiniones, que arremete sin temblarle la voz contra las preocupaciones reinantes; que escribe, que viaja, que da meetings, que organiza comités, que sufre buen número de procesos, que pasa días en la cárcel ¡próxima a dar a luz!… y que a pesar de todo sigue y sigue en su labor… ¿Qué se le va a decir a un hombre como usted, que cree que el matrimonio Ferrero es rico y se figura que esto no es más que un viaje de recreo?…

No me enfrían ni me calientan estas campañas librepensadoras, creo que hay una causa ¡económica! que impide llegar a ese librepensamiento que los señores Ferrero predican; pero me entusiasman los pensadores libres o esclavos y por eso aplaudo a doña Belén Sárraga. No por librepensadora, por pensadora.

Si V. fuera pensador, señor X, me importaría poco que V. colaborrara en El Lábaro; V. pensaría; y si hoy es usted X en El Lábaro, mañana sería en La Conciencia Libre con su nombre y apellidos.

¡Ah! si sus condiciones económicas se lo permitían.

Y se acabó lo que daban. Para postdata, dos palabras. Todo el comentario que a V. merece el meeting librepensador es este: «Una vergüenza para Salamanca». Una vergüenza para Salamanca, sí señor, para la Salamanca de V., pero un triunfo para la mía, para la Salamanca que yo deseo de vida y de progreso.

Y vuelva V. a leer la nota del principio.

Pepe Rey.

{1} Este artículo está hecho en la creencia de que X es un señor que no hace falta nombrar, ya que él, por sus razones, no quiere dar el nombre, cosa que nada importa. Si estoy equivocado, le pediré mil perdones. (Advertencia del autor a las gentes mal pensadas).

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