Revista Europea
Madrid, 29 de agosto de 1875
año II, tomo V
número 79, páginas 359-360

Boletín de las Asociaciones Científicas

Congreso americanista de Nancy

19 Julio 1875

M. Gravier: La inscripción enigmática del Dighton Writing Rock. – M. Foucaux: La influencia budista asiática en las civilizaciones americanas. – Doctor Chil y Naranjo: La novela de la Atlántida. – Origen de las Canarias. – Lecturas.

Preside el profesor Hynes, de Boston. Se lee una Memoria de M. Gravier, dando detalles sobre la famosa inscripción de Dighton Writing-Rock. Esta roca que es un canto errático de gneis, situado en las orillas del río Taunton, territorio de Berkeley, en el Massachusets, tiene cierto número de caracteres figuras groseramente grabadas, que desde el siglo XVII vienen poniendo a prueba la sagacidad de los anticuarios. Unos suponen que es un trabajo de los fenicios; otros que es una inscripción más bien jeroglífica que alfabética y la atribuyen a los chinos o a los japoneses; los mismos signos son para éste un castor, para aquél un caballo, para otro el Pegaso; quién ve en el canto enigmático al dios Príapo de los etruscos, quién un buque, quién una divinidad de los tirios, quién signos del Zodiaco.

M. Gravier intenta descifrar la inscripción pero se limita a una parte de ella. Relacionando el paso de los sagas islandeses que refieren la conquista del Vinland por Thorfinn Karlsefn y sus luchas contra los Skrellingers o esquimales, M. Gravier lee sobre el gneis: «CXXXI hombres han ocupado este país con Thorfinn.»

Lamentable es, como dice M. Gravier, que todos los días desaparezcan monumentos del pasado americano y especialmente esas inscripciones enigmáticas que algún día descifrará la ciencia. [360]

–M. Foucaux, profesor en el colegio de Francia, somete al Congreso algunas cuestiones que interesan a las relaciones que hayan podido existir en el principio de nuestra era, entre los budistas de Asia y los habitantes de América. Casi todos los autores han admitido una influencia más o menos considerable del budismo asiático sobre las religiones de Méjico y del Perú.

M. Leon de Rosny expone su opinión de que es imposible por hoy llegar a una conclusión en este asunto, y hasta es prematuro plantear estas cuestiones. Los raros monumentos que quedan de antiguas civilizaciones americanas no pueden descifrarse todavía; y si esto sucede hoy, claro es que no se podía decir nada concreto en los tiempos en que Humboldt se pronunciaba tan categóricamente en favor de la idea de una poderosa influencia asiática.

M. Adam examina ciertos monumentos de figuras, en los cuales se ha pretendido apoyar la tesis del budismo americano, y especialmente el del convento de monjas de Uxmal, en el cual estaba representado Budda sentado con las piernas cruzadas, mientras que uno de sus adoradores le ofrecía una flor de loto. M. Adam deduce que estas figuras no tienen significación alguna, puesto que ni Budda es Budda, sino cualquier figura sentada, como en todos los monumentos americanos, ni la flor de loto es otra cosa que un pequeño plumero.

–El Sr. D. Gregorio Chil y Naranjo se levanta en nombre de la etnografía y de la geología a combatir la novela de la Atlántida, forjada y defendida por unos cuantos que se han empeñado en sostener la utopía de un gran continente hundido en el fondo de los mares, con sus reyes, sus confederaciones, sus populosas ciudades, sus puertos llenos de buques y toda su espléndida civilización. Por el contrario, las islas Canarias, lejos de ser restos de esos grandes continentes, han surgido del mar por un lento levantamiento, el mismo quizá que elevó el nivel del Sahara y desecó su mar interior. Las capas de conchas marinas que se ven al Oeste de la ciudad de las Palmas, demuestran que las Canarias han permanecido mucho tiempo bajo las aguas. Los indígenas actuales del archipiélago, los Guanches, no son restos de la supuesta nación Atlántida, sino simplemente una colonia marítima formada por el rey Juba, como los primeros habitantes franceses de las Canarias eran simplemente una colonia Normanda formada en tiempo del rey Carlos VI.

–Se lee una Memoria sobre la parte que tomaron los portugueses en el descubrimiento de América, por el profesor Luciano Cordeiro, de la Universidad de Coimbra, y una interesantísima biografía de Cristóbal Colón, por M. Castaing, de la Sociedad etnográfica.

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Revista Europea
Madrid, 5 de setiembre de 1875
año II, tomo V
número 80, página 400

Boletín de las Asociaciones Científicas

Congreso americanista de Nancy

20 Julio 1875

Dr. Broca: Los Chibchas. – Cráneos deformados artificialmente. – Pocas diferencias entre las razas americanas. – P. Petitot: Los esquimales en América. – El animal que no habla. – La trinidad de los Dene-Dindjes.

Dedícase esta sesión a la etnografía, y la preside el profesor Waldemar Schmidt, de Copenhague.

El doctor Broca remite al Congreso un estudio sobre dos series de cráneos encontrados en los cementerios de las cercanías de Bogotá; cráneos que pertenecen a una raza indígena de Nueva-Granada, probablemente los Chibchas. No podemos entrar en el análisis craneológico que hace el doctor Broca, análisis tanto más curioso, cuanto que esos objetos huesosos llevan las señales de una violenta deformación artificial. Sábese, en efecto, que cierto número de naciones, sobre todo las de América del Sur, tenían costumbre de comprimir el cráneo de los recién nacidos hasta darle una forma extraña, que dependía del gusto de cada tribu.

M. Broca recuerda que esta circunstancia ha sido perjudicialísima para la craneología americana, porque induce a error cuando se quiere caracterizar y clasificar razas tan poco diferentes entre sí como parecen serlo las americanas.

–El R. P. Petitot, misionero canadiense, manifiesta que ha vivido mucho tiempo entre los Esquimales y que ha adquirido la convicción de que éstos, en sus peregrinaciones en la América del Norte, han pasado del límite que han señalado los que combaten en absoluto la idea de la influencia asiática en América. Un día, refiere el misionero, unos Esquimales le preguntaron si conocía el animal que no habla; sus gestos y su mímica le hicieron conocer claramente que se referían al orangután, o a algún otro mono grande de los que sólo se encuentran en las regiones centrales de América.

El autor insiste en ciertas semejanzas de palabras entre las lenguas del antiguo y del nuevo continente, en ciertos detalles de usos y costumbres que se encuentran en los dos mundos, y concluye por sentar la tesis de las inmigraciones y de la no autoctonía de los americanos.

En seguida pasa el P. Petitot al estudio de una nación que conoce especialmente, los Dene-Dindjes, en medio de los cuales ha vivido largo tiempo. Los Dene-Dindjes forman una gran familia de pieles-rojas, y sus tradiciones son muy curiosas. En el principio del mundo existía un gigante, cuyo nombre indio significa: el que barre el cielo con su cabeza y odia a los hombres por excelencia. Estos hombres por excelencia son los Dene-Dindjes. Éstos le mataron, y su cadáver cayo a través de los dos continentes, petrificándose y sirviendo de puente, por el cual han pasado hasta nuestros días los rengíferos de una orilla a otra. Los pies del gigante descansan sobre la orilla occidental, y su cabeza llega al lago frío.

El P. Petitot ve en esta leyenda un recuerdo de las antiguas emigraciones realizadas por los Dene-Dindjes y muchos otros pueblos de Asia y América. Estos pueblos son fetichistas y todos los animales son dioses para ellos. Reconocen, sin embargo, una trinidad compuesta del padre, de la madre y del hijo. Los Pieles-de-liebre creen que el padre habita en el cenit, la madre en el mediodía y el hijo va de una parte para otra; el hijo tiene una hermana que es la humanidad, y teniendo piedad de las miserias de ésta, pide permiso al padre para encender lumbre con que calentarla; curiosa reproducción de Prometeo y aún del dogma cristiano de la redención.

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Revista Europea
Madrid, 10 de octubre de 1875
año II, tomo V
número 85, páginas 599-600

Boletín de las Asociaciones Científicas

Congreso americanista de Nancy

21 Julio 1875

Rozny: El idioma sagrado del Yucatán. – M. J. Vinson: Las analogías entre los diferentes dialectos del idioma vasco y algunas lenguas del Nuevo Mundo, especialmente la iroquesa y la algonquina.

La tercera sesión se consagra a la lingüística y la preside el doctor Frederic de Hellwald, director de la célebre revista geográfica Das Ausland.

–Se lee una Memoria escrita en castellano por el Sr. Pacheco Segarra, de Cuzco (Perú), sobre una de las lenguas peruanas, el quichua.

–M. Leon Rozny expone y critica los sistemas de descifrar que se han usado para las inscripciones en lengua maya, el idioma sagrado de Yucatán. Esta tarea presenta dificultades mucho mayores que la de descifrar los jeroglíficos egipcios. En Egipto una infinidad de textos, conservados en monumentos o en papirus, ofrecen abundantes materiales para la reconstitución de la lengua y del sistema gráfico; respecto al maya, por el contrario, no se tienen actualmente más que tres manuscritos: el de la Biblioteca Real de Dresde, el de la Biblioteca Nacional de París, y el manuscrito Troaux, que data del año 1400 y que ha pertenecido a Brasseur de Burburgo. Además la historia del Yucatán es perfectamente desconocida.

–M. Adam presenta un trabajo de M. Julian Vinson, de Bayona, sobre las supuestas analogías entre el vasco, cuyos numerosos dialectos conoce, y algunas lenguas del Nuevo Mundo, especialmente la iroquesa y la algonquina, señaladas por algunos [600] sabios como las más semejantes al vasco. M. Vinson hace un estudio muy minucioso de estas dos familias de lenguas bajo el punto de vista de la fonética, de la morfología, de la sintaxis y de la composición del vocabulario. Hace constar con seguridad varias semejanzas, pero éstas sólo llevan consigo caracteres exteriores que no afectan a la constitución íntima de sus idiomas.

22 Julio 1875

O. Comettant: La música en América antes de Cristóbal Colón. – La flauta peruana. – Waldemar Schmidt: Las leyendas nacionales de Groenlandia. – La colonización de Tierra verde por los islandeses en el siglo X. – Lecturas. – Exposición de antigüedades americanas.

La sesión de arqueología empezó por la lectura de una Memoria de M. Oscar Comettant sobre La música en América antes de Cristóbal Colón. M. Comettant hace una descripción de la flauta peruana, la triste, la tímida, la fatídica quena, que, después de haber resonado en medio de las magnificencias de las fiestas presididas por los Incas, sirvió para consolar al peruano en el oprobio y en la servidumbre.

Para dar una idea de las melodías peruanas, el orador introduce en la sala tres músicos de la guarnición provistos de saxofones, y les hace ejecutar primero tres aires puramente indígenas, recogidos por Ribeiro, y después dos motivos armonizados por M. Ambrosio Thomas. Esta música tiene a la vez un carácter majestuoso como nuestros cantos religiosos antiguos, y melancólico como una canción bretona.

M. Comettant deduce que entre las melodías peruanas y la música china hay un abismo, y que si se necesitara buscar alguna analogía en el antiguo continente, sólo podría hallarse en los cantos litúrgicos del antiguo Egipto.

–M. Waldemar Schmidt, profesor de la Universidad de Copenhague, comunica al Congreso manuscritos groenlandeses con croquis hechos por los indígenas y recogidos por M. Rinck, antiguo inspector en Groenlandia. Estos croquis iluminados reproducen escenas de la vida doméstica de esos indígenas y episodios de sus leyendas nacionales. Se ven gigantes vestidos con pieles de animales, grandes monos luchando con hombres, marinos que atraviesan los aires en piraguas volantes, y todas esas aventuras fantásticas cuyo relato encanta a los esquimales durante las largas noches de las regiones boreales, cuando encerrados en sus ahumadas chozas y envueltos en la nieve esperan el regreso de la buena estación.

El orador habla en seguida de la colonización de la Tierra verde por los islandeses del siglo X, y en apoyo de las tradiciones y de los documentos históricos presenta diferentes objetos sacados de las antiguas tumbas escandinavas del Groenland: una piedra negra, sobre la cual se ve una inscripción rúnica de 1837, piedra encontrada en el 72° de latitud Norte; una cruz, y un tejido de lana, cuya perfección atestigua un origen europeo.

–Leyéronse varias Memorias, y entre ellas una de M. Reboux sobre La edad de piedra en América; otra del doctor Chil y Naranjo sobre Las piedras pulimentadas de las islas Canarias; otra de M. Francisco Allende, de Londres, sobre los Orígenes y los monumentos de los indios, y otras varias. Basta este pequeño análisis para dar idea de la importancia del Congreso, cuyo interés no ha consistido únicamente en las Memorias y en las discusiones, sino también en la gran exposición de antigüedades americanas que le completaba.

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