El Criterio Espiritista, revista mensual
Madrid, marzo de 1869
 
año II, número 7
página 140

Círculos privados

P. ¿Qué espíritu nos habla?

R. Soy Balmes.

P. ¿Quieres decirnos tus ideas actuales acerca del poder temporal?

R. Con mucho gusto; helas aquí:

Dice el catolicismo: El Papa es infalible.

Vamos a examinarlo: si es así, ¿cómo a diferentes Papas suceden diferentes pensamientos?

Yo puedo afirmar la infalibilidad asentando este hecho:

¿Por qué tienen hoy menos fuerza las excomuniones? ¿Porque son injustas?

No: porque mucho más lo eran las que condenaban a entredicho un pueblo por el pecado de un rey.

¿Es porque se cree menos?

No. Es que con las excomuniones ha sucedido lo que con todo lo que se desnaturaliza a fuerza de aplicarlas sin el debido comedimiento y prescindiendo de épocas y épocas

No se puede ser a la vez juez y defensor. No se puede ser rey y sacerdote. No se puede ser igual y superior. El primer altar no fue trono, fue un pesebre.

El Papa es la cabeza de la Iglesia; pero esa cabeza no era de oro, era de piedra; no tenía corona.

Yo quiero para el Papa un trono basado en el amor de sus súbditos; un reino sin inquisición ni guardias: quiero que el Papa tenga por escudo no una tiara, símbolo del supremo orgullo; quiero que sea respetado por el amor, no por la fuerza. Donde concluye el amor concluye el respeto. Un hijo puede ser todo lo malo posible; mientras ama a su padre lo respetará.

¡Ay del padre que no se haga amar de sus hijos!

Quiero para el Papa un trono, sí; pero que no sea una usurpación. No quiero que al condenar el Papa la usurpación le arrojen a la cara que los mayores usurpadores han sido siempre los Papas. Fuera del Estado cedido al Papa por Pipino, lo demás es usurpado por medio del veneno de los Borgias o el puñal de los Orsinis.

Si el Papa ha poseído algo, ha sido quitándolo de donde ha podido, abrogándose un derecho que no tiene de poner y quitar reyes.

En buen hora que lo hiciera cuando los reyes eran representantes de Dios, no cuando los reyes son ungidos con el santo óleo de la bendición de sus pueblos.

Quiero el Papa libre en una isla, no en el centro de la Europa, obedeciendo hoy a la presión de Francia, mañana a la de España, como nave zozobrante que se acoge a todos los puertos.

Si Francia sostiene hoy ese trono, es porque eso sostiene el trono francés; si no, no lo haría.

Si Austria lo hizo ayer, es porque el Papa excomulgaba a los infelices venecianos si suspiraban por la libertad.

Si Carlos V le sostuvo, fue porque le coronara rey del mundo.

Mientras el Papa no se apoye en su pueblo y en su amor, el Papa no será grande, no será digno de regir a la que dirigió al mundo.

No quiero que el Papa sea tampoco un poder no respetado que esté vagando por el mundo, no: quiero un Papa rey; pero rey… de amor y de caridad.

BALMES.

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