Filosofía en español 
Filosofía en español


Al Público

[ ( Antonio Manté Gual + Ildefonso Martínez Fernández ) & Benito Amado Salazar ]

La VERDAD cesa al espirar el primer año de su publicación. Tres meses atrás, ni el público, ni nosotros podíamos creer tan cercana la muerte de nuestro periódico.

Al terminar pues las tareas periodísticas, los que suscribimos, que formamos la mayoría de la Redacción, debemos a los amigos, a los suscriptores, al público en fin, las razones que nos movieron a determinar esa repentina e inesperada cesación.

Un año ha transcurrido ya desde que vio la luz el primer número-prospecto de la VERDAD, brotando independencia por todos sus costados y pintando con fuertes aunque precisos colores el estado en que hallamos a la profesión y los profesores. A esa circunstancia, sin duda, debimos la buena acogida que nos fue otorgada; toda vez que ni siquiera se estamparon allí los nombres de los redactores, desprovistos por otra parte, a lo menos los de algunos, de la influencia que da un nombre ya conocido en la república literaria.

Unidos entonces los tres presuntos redactores por un lazo al parecer indisoluble; mirando al través del mismo prisma los acontecimientos que pasaban a nuestro alrededor; con una perfecta igualdad de miras, y después de franquísimas mutuas explicaciones, fácil nos fue constituir una solidaridad completa y enarbolar nuestra bandera, apareciendo ante el público como una sola fuerza. Por esto una de las primeras condiciones fue la de publicar sin firma los trabajos de redacción, para más estrechar el principio de responsabilidad colectiva y recibir juntos el aplauso o la censura. Ni tan siquiera hubieran salido a plaza nuestras humildes personas, a no exigirlo el curso de una cuestión célebre, que no habrán olvidado aun nuestros lectores.

Por lo brevemente expuesto se comprenderá, que la principal garantía de existencia para el periódico era aquella solidaridad, porque de ella dimanaba la precisa condición de consecuencia entre las doctrinas y los actos de sus redactores. Ahora bien: una y otra han sido rotas, hace dos meses, por un hecho que no queremos calificar, pero que ha dado margen a mil hablillas y comentarios altamente ofensivos a nuestro decoro como escritores, y nos obligan, a pesar nuestro, a dar esta manifestación: hablamos del nombramiento de profesor clínico de la Facultad de Madrid recaído, a sus instancias, en la persona del Sr. Amado. Decimos que no queremos calificar el hecho, porque nos obligaría a penetrar en un laberinto de minuciosas y delicadas cuestiones personales, siempre desagradables. Como amigos nos alegramos de ver premiados los esfuerzos de un compañero, y creemos que estuvo en su derecho al aceptar aquel premio; mas también nos hallamos en el deber de alejar de nosotros la nota de inconsecuentes, con la que se pretende tachar en globo a los redactores de la VERDAD, y que indudablemente mereceríamos si continuásemos por más tiempo encerrados en un silencio, que solo un exceso de longanimidad pudo hacernos prolongar hasta la ocasión presente. Acaso hiciéramos todavía nuevos sacrificios a la amistad, sí no se tratase de una cosa tan sagrada como es nuestra conducta de periodistas, único gaje de los compromisos con el público y único galardón de nuestros nobles afanes. La consumación de aquel hecho nos colocó en la dura alternativa de renunciar a una amistad que nos repudiaba, o de aceptar callando la responsabilidad de un acto que no nos pertenecía; y pudiendo haber prescindido de cualquier otra consideración que no fuese la de nuestra reputación comprometida, abrazamos el partido de decretar nuestra retirada de la escena periodística tan pronto como acabase la obligación de un trimestre apenas comenzado. Callamos pues por entonces, y devoramos en secreto la amargura de ver puesta en tela de juicio la rectitud de nuestras intenciones. Dos meses de abnegación, mal comprendida por amigos y adversarios, no han bastado a destruir las injustas y ofensivas suposiciones de que somos inocente blanco: por lo tanto ha llegado el momento preciso de despojarnos de vanas y culpables formas de delicadeza, de sacudir todos los escrúpulos y levantar la voz muy alto, para decir que rechazamos el menor asomo de participación en el asunto de inconsecuencia, la que declinamos entera sobre el que la haya cometido: y a fin de restituir las cosas a su verdadero sitio y dar a cada uno lo suyo, declaramos bajo la fe de nuestra palabra:

1.º Que por nuestra parte no nos hemos se parado en un ápice de las doctrinas emitidas por la VERDAD.

2.º Que el periódico no ha tenido propietario ni director propiamente tal, siendo los tres a la vez redactores, propietarios y directores.

3.º Que, a consecuencia de lo manifestado en la declaración anterior, debía necesariamente acabar la publicación el día que uno solo de los tres faltara a la mancomunidad establecida.

Últimamente: sin que se crea tratemos de rehuir la responsabilidad colectiva que voluntariamente contrajimos, damos a seguida un índice de los trabajos de redacción, con expresión de los sujetos a quienes pertenecen; manifestando además, porque así lo juzgamos necesario, que hasta el 1º de Agosto que fue trasladada a casa del Sr. Amado la redacción estuvo en la del Sr. Manté: corriendo el último con la parte de confección y corrección del periódico: el Sr. Amado tuvo a su cargo la parte administrativa, y el Sr. Martínez fue especialmente encargado de arreglar las dos obritas que iniciaron la biblioteca de la VERDAD.

Acaso algunos juzgarán minuciosos los últimos detalles, y nosotros mismos los hemos creído siempre de escasa importancia en la esfera de asuntos domésticos; pero hoy que nos presentamos al gran jurado del público, queremos suministrar a este todas las pruebas, para que arregle su fallo al tenor de aquel gran principio: unicuique suum.

Madrid 19 de setiembre de 1848.

Antonio Manté. – Ildefonso Martínez.

AMADO

Número 1. –Artículo de entrada.

Núm. 2. –Para que nos entendamos. –¿Por qué se ha de privar a los licenciados del derecho de hacer oposiciones a los destinos de la enseñanza?

Núm. 3. –Oposiciones a la cátedra de Barcelona.

Núm. 5. –Al gobierno. –Gracias concedidas al Sr. Núñez. –Literatura médica. –Tratado de Farmacia por Soubeiran.

Núm. 6. –Contribución de subsidio. –Pretensiones desmedidas del Sr. Núñez.

Núm. 7. –A la Gaceta homeopática.

Núm. 8. –Contribución de subsidio. (conclusión). –Apertura de la Academia de Esculapio.

Núm. 9. –Médicos de partido.

Núm. 10. –Médicos de partido art. 2.º – Confederación médica (Folletín). –El viernes 10 del pasado etc.

Núm. 11. –Apéndice al comunicado del Sr. Mata.

Núm. 12. –Cuestión Núñez. –Literatura médica. –Tratado de moral médica por D. Félix Janer.

Núm. 15. –Confederación médica. –Asociaciones filantrópicas.

Núm. 16. –Método curativo de la sífilis.

Núm. 17. –Confederación médica. –Nivelación de clases en la Asamblea provisional.

Núm. 18. –Reseña de las sesiones de la Asamblea del 23 y 30 de enero. –Método curativo de la sífilis (art. 2º).

Núm. 19. –Confederación médica.

Núm. 20. –Oposiciones a una plaza de médico de Hospital. –Rectificación a consecuencia del art. «Asociaciones filantrópicas».

Núm. 22. –Reseña de la sesión del 27 febrero.

Núm. 23. –Id. de la del 5 de Marzo.

Núm. 24. –Los médicos en la revolución de París. –Destitución del Sr. Orfila.

Núm. 25. –Código penal.

Núm. 26. –Reseña de la sesión del 26 de marzo.

Núm. 27. –Código penal. (Art. 2.º)

Núm. 28. –Derechos de los cirujanos. –Extracto de un comunicado de D. Ramón Gonzalo.

Núm. 29. –Confederación médica (art. de entrada).

Núm. 30. –Una plaza de baños bien ganada.

Núm. 33. –Sanidad militar.

Núm. 35. –Hospital militar de Madrid.

Núm. 36. –Reflexiones acerca de la acumulacion. –Hospital militar de Madrid (párrafo en contestación a la Gaceta médica).

Núm. 38. –Reflexiones acerca la acumulación. (art. 2.º)

Núm. 40. –Id. id. (art. 3.º)

Núm. 41. –Oposiciones a las plazas de profesores de hospitales.

Núm. 46. –Reseña de la sesión del 6 de Agosto.

–Además todos los folletines suscritos por Blas.

MANTÉ

Número 1. –Artículos de la sección científica y de la Revista de la prensa.

Núm. 2. –Mancebías.

Núm. 3. –Reflexiones acerca del estado actual de los médicos y cirujanos de hospitales. –Revista de la prensa.

Núm. 4. –Reflexiones acerca del estado actual de los médicos, &c. (conclusión del anterior.) –Revista de la prensa.

Núm. 5. –A la Gaceta homeopática.

Núm. 6. –Revista de la prensa.

Núm. 7. –El Cólera.

Núm. 8. –Una Tropelía.

Núm. 9. –A los médicos de cámara, (que empieza “En el último número del Boletín de la Sociedad hanhemaniana, &c.) –Revista de la prensa.

Núm. 10. –Sobre la concurrencia del médico a la formación de las leyes, (con el epígrafe “Hay por desgracia lastimosas preocupaciones &c.)

Núm. 11. –El cólera morbo. –Rectificación por lo dicho acerca de los escritos de D. Higinio del Campo sobre la pelagra. –Encabezamiento del comunicado del Sr. Dávalos.

Núm. 12. –Nuevo agente empleado para evitar el dolor - Cloreformo.

Núm. 13. –Nuevo procedimiento adoptado por Sr. Sobeiran para la elaboración del cloroformo. (T.)

Núm. 14. –El cólera morbo. –Contestación al Boletín.

Núm. 15. –Cloroformo.

Núm. 16. –Los médicos en las epidemias.

Núm. 17. –Lecciones de Frenología, en la Academia de Esculapio, por D. Enrique Atayde. –La Grippe.

Núm. 18. –Sobre la proclama del homeópata de Alcoy. –Apertura de las Academia de medicina de Castilla la Nueva.

Núm. 19. –Confederación. –Reseña de la sesión de la Asamblea del 6 de febrero. –Experimentos sobre el cloroformo. –De la Otología, por Hubert Ualleroux (T.)

Núm. 20. –Confederación. Reseña de la sesión del 13 de febrero.

Núm. 21. –Id del 20 id. –Sobre la reforma del Cuerpo de Sanidad militar. –De la Otología (conclusión.)

Núm. 23. –Subdelegaciones de partido. –Sobre las disposiciones del jefe político de Soria.

Núm. 24. –Reseña de la sesión del 12 de marzo.

Núm. 25. –Id. de la del 19 id. –Nepotismo.

Núm. 26. –Sobre la circular acerca de la exhumación de cadáveres. –Charlatanismo.

Núm. 27. –Sobre la suspensión de premios a los autores de obras textuales.

Núm. 29. –Relación del cólera morbo observado en Constantinopla, por Monneret (T.)

Núm. 30. –Relación del cólera, &c. (conclusión).

Núm. 31. –Males de la profesión. Medios de atenuarlos.

Núm. 32. –Males de la profesión, &c. (conclusión).

Núm. 37. –De la libertad en Medicina (contestación de la Verdad al comunicado del doctor Creniú).

Núm. 39. –Abusos.

Núm. 46. –Subdelegaciones.

Núm. 48. –Reseña de la sesión del 27 de Agosto.

Núm. 49. –Sobre la independencia de los médicos. –Cólera-curiosas observaciones, &c. (T.)

Además todos los folletines suscritos por el Bachiller Canta-claro.

MARTÍNEZ

Número 1. –Artículo Sección literaria.

Núm. 5. –Art. con el epígrafe: Non promito nova, &c. sobre el uso de la sangría.

Núm. 4. –De la pelagra.

Núm. 5. –Del uso de la sangría (conclusión.)

Núm. 6. –De la Revacunación.

Núm. 8. –Sobre la historia crítica de la medicina, (con el epígrafe, Perspicaz entendimiento, &c.)

Núm. 9. –Sobre la pelagra, (con el epígrafe Hallase la facultad de medicina, &c.)

Núm. 10. –Revista de la prensa.

Núm. 11. –Hospitales. –Revista de la prensa.

Núm. 12. –Revista de la prensa.

Núm. 14. –Revista de la prensa.

Núm. 16. –Revista de la prensa.

Núm. 17. –Revista de la prensa.

Núm. 19. –Bibliografía. –Compendio de fisiología de J. Muller, traducido por los Sres. Álvarez y Casas.

Núm. 33. –Medicina moderna.

Núm. 34. –Medicina moderna, (conclusión).

Núm. 36. –Reflexiones a la historia de la enfermedad descrita por D. J. J. Argumosa.

Núm. 38. –Medicina moderna, (contestación al remitido del Sr. Guerra).

Núm. 41. –Examen crítico del discurso inaugural leído a la Academia de Castilla la nueva por D. Joaquín Hisern.

Núm. 45. –Examen crítico, &c. (conclusión del anterior).

Núm. 47. –Examen crítico de la memoria del Sr. Hysern. –Macrobiótica.

Núm. 48. –Examen crítico. –Macrobiótica (conclusión).

Además todos los folletines suscritos por El Duende.

Nota: No se incluyen en el índice precedente los párrafos del Poco de todo, porque sería hacerlo excesivamente largo. Debemos manifestar sin embargo, que el Sr. Martínez puso muy pocos, perteneciendo los más a los Sres. Manté y Amado.

——

Desengaños periodísticos {1}

He vacilado mucho antes de decidirme a contestar al artículo que precede: mis amigos y mi honor injustamente ofendido, hacen que me resigne al costoso sacrificio de ocuparme por primera vez en mi vida exclusivamente de mi persona{2}.

No siento que mis compañeros hayan querido sincerarse, si así lo creyeran oportuno, pero sí me duele en el alma que al hacerlo se hayan propuesto, más que defenderse, injuriar mi buen nombre de un modo que no lo han hecho mis más encarnizados enemigos. Que su artículo les sirva de castigo;{3} el público sabrá juzgar bien de los sentimientos que lo han inspirado, pues yo lejos de imitar su conducta, me abstengo gustoso, y por ahora, de aumentar con acerbas reflexiones la crítica posición en que se han colocado.

Consecuente por carácter y por principios, he obrado siempre lleno de fe y convicciones y jamás han llevado mis escritos el sello de la pasión; ni fueron producto del cálculo. Nunca hice traición al nombre que yo he puesto al periódico, cuyo pensamiento yo solo había concebido. Mío es el prospecto y los sentimientos que en él he manifestado han sido son y serán siempre los sentimientos de mi corazón{4}. La Verdad empezó a escribirse sin una sola condición escrita y bajo dos únicas bases que entre hombres honrados, era innecesario consignar: veracidad e independencia. ¿Quién podrá probarme que he faltado a ninguna de ellas?{5}

La Verdad muere, no porque yo sea profesor clínico, sino por falta de suscriptores: que digan mis compañeros si pensábamos continuar la publicación aún cuando no hubiese ocurrido mi nombramiento{a}. Porque ¿qué podía significar este en una redacción? ¿Por qué no se me ha dicho que sería causa de que cesase el periódico cuando he consultado si debía o no hacer la solicitud?{6} ¿Por qué no se me ha anunciado en las diversas reuniones que hemos tenido que nuestro periódico iba a acabar de un modo tan vergonzoso y se tuvo oculto en el misterio el artículo que encabeza este número hasta el 20 de setiembre dos días antes del señalado para su publicación?{7}

Si cuando yo he consultado si debía o no aceptar mi nombramiento, se me hubiere dicho que había de suceder lo que hoy sucede, o yo hubiese renunciado, que no es la primera vez que sacrifiqué mis adelantos a lo que he creído mi deber, o me hubiera separado de la redacción. Pero no se ha hecho esto; entonces se me ha alentado y hoy se me insulta, sin más delito que haber seguido los consejos que se me han dado.

¿Qué más podía exigir de mí el periódico la Verdad? ¿Me ha creído nadie tan insensato que a la edad de 27 años renunciase voluntariamente a mi porvenir por el gusto de escribir artículos? ¿Habrá quien crea que mis compañeros colocados en mis circunstancias hubieran obrado de un modo distinto al que yo lo he hecho? No ha muchos días aun que confesaron que hubieran aceptado el destino que yo he obtenido;{8} ¿no se deduce de semejante confesión que no creen que haya en esto una inconsecuencia?

Pero yo debo al publico más claras explicaciones. He satisfecho todos mis compromisos con la religiosidad que acostumbro y que nadie, excepto mis compañeros han puesto hasta ahora en duda. Por nada ni por nadie le renunciado a lo que he creído mi deber, y ante este han callado, todos lo saben, consideraciones que otros quizá no hubieran desatendido. Jamás me he valido del periodismo, ni como arma de venganza, ni como medio de hacer fortuna, porque si así lo hubiere pensado, ocasiones he tenido para conseguirlo.

Profesor clínico de la facultad de Madrid, debo mi nombramiento pura y exclusivamente a una de esas amistades que honran, a un hombre de tanta posición como talento, y que ocupa un lugar distinguido en la enseñanza médica. Su amistad hacia mí, no es de hoy es más antigua aunque nuestro periódico y lejos de deber atenciones a este, es una prueba bien evidente de cómo he sabido cumplir con los deberes que voluntariamente me había impuesto. Lo digo muy alto y reto a cuantos gusten probarme lo contrario: como redactor de la Verdad, nada he obtenido más que disgustos, sinsabores y riesgos que solo a mi alcanzaron,{9} y al dejar hoy la pluma, solo me queda para mi consuelo la satisfacción de mi conciencia y un vivo desengaño, que aunque obtenido a cruel precio, espero que servirá para disipar cuatro locas ilusiones que durante un año entero he alimentado.

Quede pues cada cual en su lugar y yo deseo que el público sea menos severo con mis compañeros de lo que ellos han sido injustos conmigo{10}. Al decoro de la profesión, al periódico que he fundado y que siento que termine de un modo tan distinto al que ha empezado, sacrifico gustoso mis resentimientos y las extensas manifestaciones que serían necesarias, no para mi defensa, sino para patentizar las causas de la injusticia con que soy tratado{11}.

No soy egoísta y he deseado siempre que mis compañeros fuesen felices en su carrera. ¡Ojalá hubiera sido así! Ya que hoy no tuviese dos amigos más, tendría dos enemigos menos, y al pintar el estado lastimoso en que hemos hallado la profesión, es bien seguro que no hubiéramos concluido el cuadro pintándonos a nosotros mismos{12}.

Benito Amado Salazar.

——

{1} En cumplimiento de nuestro derecho como mayoría de redacción, pasamos a anotar el peregrino artículo del Sr. Amado, y fuerza es confesar, que después de una manifestación tan templada y prudente como la nuestra, no esperábamos de dicho Sr. un artículo tan atrabiliario, que nos pone en la dura necesidad de revelar, más de un hecho no muy favorable al Sr. Amado. Toda vez que él lo quiere así, nosotros cumpliremos su deseo, y decimos muy alto: Calle el que tenga por qué.

{2} Como esta verdad, son todas las estampadas en este artículo por el Sr. Amado. Que es la vez primera que se ocupa de su persona ¡dígalo la confederación! ¡díganlo sus artículos! Pero ¿a qué molestarse en probar lo que todos saben?

{3} A buen seguro que nuestro artículo nos servirá no de castigo, sino de gloria, pues si fuésemos a decir lo que debiéramos, bien castigado saldría el Sr. Amado; pero dejémosle... que el público nos juzgará a Dios gracias, con más datos que con los suministrados por nuestro artículo anterior.

{4} Vean nuestros lectores el índice del primer número, y alcanzarán la falta de verdad, y la sobrada presunción del Sr. Amado. Suyo el pensamiento suyo el prospecto, suyo todo ¡que modestia! pero tiene razón, suyo fue todo, puesto que sin la Verdad nada sería.

{5} Nadie, absolutamente nadie ¿quién lo podría probar? El Sr. Amado es todo lo consecuente que puede ser un hombre, díganlo los agregados de la facultad; pero no, dígalo la Verdad y el nombramiento de clínico de real orden.

{a} El Sr. Amado sabe muy bien que precisamente ahora estaba la Verdad en mejor ocasión que nunca para continuar.

{6} El Sr. Amado falta en un todo a la verdad. El Sr. Amado no consultó a sus compañeros, si debía hacer solicitud, ni lo que debía hacer como redactor de la Verdad. Este Sr. consultó con D. Antonio Manté, si debía aceptar o no la plaza, cuando esta estaba a punto de ser concedida, y habiéndole aquel manifestado su dictamen, el Sr. Amado le dijo: que callase su nombramiento y no le comunicase a nadie, ni aun al Sr. Martínez. Por consiguiente, el Sr. Amado no consultó si solicitaba o no; no comunicó sino al Sr. Manté su nombramiento: pues el Sr. Martínez lo supo en el café del Espejo, en ocasión en que una persona ilustrada daba la en hora buena al Sr. Amado, con las siguientes palabras: se van estrechando las distancias; palabras que encerraban toda la crítica del paso dado por el Sr. Amado, después de haber alborotado tanto contra los nombramientos de real orden, aceptando él después uno... ¡esta es la consecuencia del Sr. Amado!

{7} Falta igualmente a la verdad el Sr. Amado en este párrafo, como pasamos a probarlo. Después del nombramiento del Sr. Amado, nos reunimos en casa de D. Antonio Manté para arreglar las cuentas, y manifestación ulterior. El Sr. Martínez echó en cara al Sr. Amado su inconsecuencia, su reserva, su mal proceder con sus compañeros, y añadió iba a dar un manifiesto despidiéndose de la Verdad. El Sr. Amado contestó vagamente, siempre con las circunstancias, por lo que le parecía el mejor partido callar. El Sr. Manté concilió todo, diciendo: que puesto nadie hablaba, callásemos hasta el último número, en que los dos daríamos una manifestación, vindicándonos de lo que creíamos una inconsecuencia que a nosotros no alcanzaba. La pregunta del Sr. Amado, es imprudente, y al contestarle lo haremos con la posible templanza. No pudimos dar la manifestación ni dejar el periódico, porque este tenía subidos créditos contra sí de que únicamente era responsable el Sr. Amado, en razón a haber sido el recaudador, y cierto no podíamos, ni debíamos cargar con una responsabilidad, que era exclusivamente suya; y como estaban sin satisfacer estos créditos, como el Sr. Amado no dio cuentas sino que anduvo con cálculos medios como si se tratase de medir el meridiano o hallar la cuadratura del círculo; he aquí por qué no salió entonces esta manifestación que se aplazó para el último número, que no terminara tan vergonzosamente, a no insertar capciosas preguntas el Sr. Amado, cuando si estudiase su posición, debiera haber callado, que solo el silencio salva, cuando hay hechos que no honran a las personas que los ejecutan.

{8} Esta es una calumnia del Sr. Amado. El Sr. Martínez no fue consultado para nada, ni por nadie, ni ha aprobado su nombramiento, antes ni después. En cuanto al Sr. Manté ignoramos si lo ha dicho o no; la circunstancia de estar fuera de la corte, nos prohíbe afirmar o negar este hecho. Sin embargo, el Sr. Amado falta a la verdad, no solo relativamente a habernos consultado, sino al dicho que se nos atribuye. En cuanto a ser mozo de 27 años para no contentarse con escribir artículos, que lo hubiera mirado antes: que no somos nosotros tan viejos, y hemos hecho más que el Sr. Amado, y todavía no hemos perdido la paciencia ¡vaya por la juventud!

{9} Algo más que disgustos obtuvo de la Verdad el Sr. Amado. Sin la Verdad, no hubiera podido adquirir la plaza que tiene, sin el periódico, no hubiera encontrado protectores: con la Verdad encontró el Sr. Amado toda clase de granjerías ¿por qué pues, ser ingrato? Si encontró disgustos, no fue el solo quien les tuvo, todos los pasamos: estos, fueron bienes de redacción, estos trascendieron al triunvirato periodístico, pero las granjerías fueron patrimonio exclusivo del Sr. Amado.

{10} No hay injusticia en manifestar la verdad, en contestación a imprudentes provocaciones, nosotros estamos asegurados, si el Sr. Amado lo está, nos alegramos, aunque creemos lo contrario.

{11} Las manifestaciones son no solo necesarias sino indispensables para la defensa del Sr. Amado; porque nosotros no las necesitamos, somos los mismos que cuando comenzamos nuestras tareas, nosotros nada hemos aprovechado del periódico la Verdad, nada hemos percibido; hemos trabajado mucho y otro sacó toda clase de jugo. Sin embargo, de algo debemos estar arrepentidos, (y lo estamos en efecto) de nuestra credulidad en mentidas protestas de independencia y compañerismo.

{12} Nosotros no hemos calificado de egoísta al Sr. Amado; nosotros no somos sus enemigos, sino después de no poder ser amigos, de quien pretende querer arrastrarnos hasta en sus desaciertos. Nosotros pintamos al Sr. Amado, porque después de haber faltado a todas las consideraciones de compañerismo y de caballerosidad, después de habernos escalabrado, aun pretende ponerse la venda, aun quiere aparecer como el inocente perseguido: cuando la verdad es, que quienes hemos sido engañados y burlados en nuestros sentimientos y caballerosidad, hemos sido los que suscribimos este enojoso y triste artículo, fruto necesario del de el Sr. Amado, que muy bien debió de dar a nuestra manifestación la callada por respuesta.

Madrid 11 de Octubre de 1848

Antonio Manté, I. Martínez.