Filosofía en español 
Filosofía en español


Fermín Gonzalo Morón

Lecciones de filosofía ecléctica en el Ateneo de Madrid por Don Tomás García Luna

Con el notable abandono, en el que merced a nuestras discordias y revueltas políticas tiene hoy el gobierno la enseñanza pública, contrastan sobremanera el celo y los esfuerzos que hacen algunos particulares por cultivar los estudios serios y profundos, promover la vida intelectual, y poner a nuestra nación en los diversos ramos de las ciencias al nivel de las que pasan con razón por más adelantadas. En esta parte forzoso es reconocer los servicios que ha hecho y continua haciendo el Ateneo de Madrid, en el cual profesores distinguidos desempeñan cátedras importantes a cuyas explicaciones concurre sedienta de saber y de gloria la juventud española. Pensamos dar pronto noticia al público de las enseñanzas del Ateneo, y del mérito respectivo de sus profesores, pero entretanto, creeríamos faltar a nuestro empeño de dar a conocer, y elogiar debidamente a los que emplean sus talentos en servicio de la ciencia, si no hiciésemos una mención tan honrosa, como merecen, de las lecciones de filosofía ecléctica, que con aplauso de los amantes del saber y numerosa concurrencia de la juventud, da el señor García Luna en el Ateneo de Madrid. Ya expusimos en los números anteriores de esta Revista la importancia de los estudios filosóficos, el lamentable abandono en que habían yacido entre nosotros y las causas de ello, manifestamos igualmente la necesidad de promoverlos con eficacia y perseverante celo, a cuyo noble e interesante objeto ofrecimos consagrar algunos artículos. No extrañarán pues ya nuestros lectores, que hayamos acogido con satisfacción las lecciones del señor García Luna; y que dispensemos a este el elogio que tan justamente merece por lo arduo del objeto que desempeña, [255] por su celo en favor de la ciencia, y por el tino y escogido criterio con que procede en sus explicaciones.

Lamentable era por cierto, que mientras, a pesar del carácter material y positivo de la época, se cultivan con tanto ardor en Alemania, en Inglaterra y en Francia, los estudios filosóficos, y cuando la teoría sensualista de Condillac y de Destut-Tracy ha sido convencida de insuficiente y de incompleta por las escuelas Alemana, Escocesa y hasta por la Francesa de Laromiguiere y de Victor Cousin, no existiesen entre nosotros personas que abrazasen con empeño estos estudios, y siguiesen la marcha triunfal, que hoy ostenta en Europa la escuela espiritualista. De desear era también que hubiese quien en España se dedicase con celo, y con constancia a la filosofía; ya que también entre nosotros causó graves daños y ha dejado profundos errores y extraviadas convicciones la escuela sensualista allende los Pirineos, que si bien desacreditada y proscrita ya por todos los hombres ilustrados no ha sido substituida entre nosotros por otro sistema filosófico completo. La empresa, pues, que el señor García Luna ha acometido de promover los estudios filosóficos, de mostrar con vigorosa lógica los extravíos e insuficiencia de la filosofía de Condillac, y de exponer y acreditar la filosofía ecléctica de Royer-Collard y de Victor Cousin, honra mucho a sus intenciones y talentos. El grave y concienzudo profesor de la Sorbona, que con tanta elevación de ideas, tan escogida erudición, y tan esclarecido ingenio pasó en revista todos los sistemas filosóficos, mostró la relación que tenían con el tiempo y con los tres tipos que supone, y probó que la verdad filosófica solo podía hallarse en el eclectismo, o la conciliación de todos los sistemas, siguiendo en esto a la famosa escuela Alejandrina, ha hallado en el señor García Luna un hábil y escogido intérprete. Las explicaciones que ha dado ya en el Ateneo, prueban que el señor García Luna ha estudiado con mucha detención la ciencia [256] que profesa, y que conoce y sabe juzgar con atinado criterio todos los sistemas filosóficos y los adelantamientos que la ideología ha hecho desde Destut-Tracy. Fiel al plan y a las inspiraciones de Cousin, el señor García Luna entra con frecuencia en comparaciones y deducciones históricas de mérito, que muestran a la vez su escogida y poco vulgar instrucción y sus distinguidos talentos. En la exposición es el señor García Luna claro, profundo y lógico, teniendo su concepción y locución todo el orden y precisión que requieren materias tan abstractas y difíciles, como las que trata. Sus explicaciones se insinúan en el ánimo de los oyentes y ostentan la claridad, que es propia del que domina completamente una ciencia, observándose fácilmente que su autor siente, y está profundamente convencido de la verdad de las proposiciones que afirma. Con gusto entraríamos a dar al público cuenta detallada de sus explicaciones, si no supiéramos afortunadamente, que van a ver pronto la luz pública. Dejamos, pues, ahora la pluma, para ocuparnos en las mismas, impresas que sean, tan cumplida y detenidamente como exigen su importancia y distinguido mérito.

Fermín Gonzalo Morón.