Filosofía en español 
Filosofía en español


[Tomás García Luna]

Belleza ideal

Ventajas que proporciona en el uso de la vida

Concibe la fantasía la idea de la perfección en todo género: la experiencia nos enseña que en ninguno existe.

Al que de los espacios imaginarios pasa al mundo real, se le figura que despierta de un profundo sueño. No hay bien de los que vio durmiendo que no se convierta en mal; ni placer que deje de tornarse en dolor; conocido su engaño, se duele consigo mismo, de que los bienes sean sueños y los males realidades.

A despecho de su razón, se empeña en buscar en la tierra la perfección que le pintaron los poetas, desvariando en risueñas praderas con zagalas y pastores, y los filósofos forjando sistemas de moral, que pudieran ser útiles para el hombre, si al aplicar el sistema, fuera dable despojarlo de todas imperfecciones con que le formó la naturaleza.

Perplejo y dudoso, anda incierto entre el bien imaginario y el desengaño verdadero: quiere no ver lo mismo que se presenta a sus ojos, y dar realidad a las sombras vanas que le halagan; se aflige y siente más el peso de la desdicha, porque probó, aunque en sueños, la felicidad. Cansado al fin de buscar lo que no halla, vuelve en sí; se examina cuidadosamente, y a medida que va adelantando en el conocimiento de sí mismo, se disipan las tinieblas que le ofuscaban y se explican las contradicciones que le afligían. Presta oído a la razón que, con voz suave y tono apacible, le habla de esta manera:

"El atractivo del placer engendró el bello ideal en las artes y en las ciencias: fijamos la atención en aquellas cualidades de los objetos que más agrado nos causan, y las desviamos de las que nos desagradan. Ninguno de los seres que conocemos es perfecto: su naturaleza se compone de la mezcla del bien y del mal: el entendimiento humano abstrae lo bueno que repartió la naturaleza entre varios objetos: con estos elementos, cada uno en sí perfecto, compone la idea de la perfección. La belleza, la verdad y la virtud perfectas no son más que abstracciones formadas de este modo.

La poesía pinta con mil encantos la vida campestre; forma, con las bellezas que ofrece el campo, en flores, árboles y ríos, lugares deliciosos; coloca en estos lugares, ya de suyo tan halagüeños, hombres cuya vida inocente y costumbres sencillas completan el bello ideal de la dicha. [180]

La filosofía imaginó, que el hombre podía alcanzar la perfección moral, porque adornan su alma algunas buenas prendas; compuso con ellas la idea de la virtud perfecta; y olvidando el como la había formado, se empeñó en que era posible su existencia. De aquí nació la secta estoica, que honra más la imaginación, que la cordura de los que la inventaron.

Los descubrimientos hechos en las ciencias, lisonjean nuestro amor propio: contemplando lo que ha adelantado el entendimiento humano, nos desvanecemos; y deslumbrados con el brillo de las verdades descubiertas, se nos figura que no hay secreto en la naturaleza, por oculto y encerrado que se halle, que resista a nuestra inteligencia: mas luego que se reflexiona un momento, desaparece la ilusión. El hombre tan engreído con su saber, apenas se conoce a sí propio; y el caudal de ciencia de que tanto se vanagloriaba, no excede de un corto número de verdades, fruto de la observación de muchos siglos.

Tal es la realidad: la perfección es un ente fantástico. No hay en el mundo vida campestre como la describen los poetas: ni verdad como la conciben los filósofos: ni virtud estoica. Las miserias inherentes a la naturaleza, empañan el brillo de estos hermosos cuadros.

¿Cuál es pues la utilidad que puede sacar el hombre corriendo tras estas sombras vanas de perfección?

Mejorar su existencia: el deseo de saberlo todo, le pone en camino de descubrir lo que está a su alcance; la gloria de dominar sus pasiones, le da animo para acometer empresas generosas; y a no ser por este noble anhelo, tal vez no adornarían las páginas de la historia, los nombres de tantos héroes ilustres, que sacrificaron la vida al amor de la patria. Hasta de las creaciones de la poesía puede sacarse mucho provecho: no hay hombre alguno que, leyendo la Eneida, no desee parecerse al piadoso Eneas. Este deseo es el primer paso para alcanzar el bien.

Si a la luz de estos principios se examinaran los diversos sistemas de moral que ha habido en tiempos y países remotos, ¿no se vendría a parar a que, lo que tienen de verdadero, nace de que conocieron parte de lo que se proponían enseñar; y lo falso, de que dieron realidad a las abstracciones? ¿No sería obra muy interesante y curiosa ir separando, en cada uno de ellos, las verdades de los errores, y señalar la causa de estos y de aquellos?

T. G. L.