El amigo de la religión y de los hombres
Madrid 1836 [octubre]
 
número 3
páginas 30-32

academia de ciencias eclesiásticas.
Sesión del 14 de octubre de 1836

En la imposibilidad de concurrir a las sesiones de la Academia de san Isidoro, nos limitamos a examinar los extractos de ellas que leemos en un periódico de esta corte. El de la de este día es en general un laberinto, un galimatías, del que hemos podido comprender una pequeña parte y en ella alguna que otra herejía. Suponemos desde luego que ni la Academia de San Isidoro, ni el que extracta sus sesiones para darlas a la luz pública habrán tenido intención de decir herejías; así lo creemos piadosamente, pero esta misma creencia nos obliga a aconsejar a la Academia que se valga para redactar sus sesiones de un sujeto que a lo menos no ignore el Castellano, porque de lo contrario es muy fácil que la doctrina que allí se controvierte, y que no es siempre la más ortodoxa, pase a ser herética en las columnas de un periódico por la ignorancia del encargado de hacer el extracto de sus sesiones. Así vemos por ejemplo que en la del 14 del corriente mes de octubre se dice, según el extracto, que la Iglesia es rica cuando los fieles son pobres; herético disparate que no pudo ocurrirse a ningún Académico, a ningún hombre que tenga sentido común. Si se dijese que la curia romana, que sus empleados están ricos con las limosnas de los fieles se diría una falsedad, pero a lo menos no sería una herejía. La Iglesia, ese poder supremo de la cristiandad, nunca está más rica que cuando los fieles están ricos, ricos en virtudes, en sana doctrina, en verdadera sabiduría. Si la Academia de san Isidoro no elige más hábil redactor de sus sesiones, los que no tenemos el gusto de concurrir a ellas no podemos formar un concepto muy favorable de las cuestiones que allí se ventilan, ni del saber literario de las personas que las discuten. Una Academia en donde se sientan errores y se defienden con disparates en pésimo lenguaje ¿es Academia? Pues tal es indudablemente el concepto que se forma de sus sesiones por los extractos. En otro cualquiera ramo de literatura el mal sería menor, o no sería ninguno, porque nadie lee dos líneas de un disparate literario; pero en materias tan delicadas, en las cuestiones religiosas que se rozan con el dogma, las consecuencias son funestísimas, porque el error envuelto en la más crasa ignorancia pasa al pueblo, al vulgo que lee con prevención favorable esos escritos.

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Academia de Ciencias Eclesiásticas
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