Filosofía en español 
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Estética y Filosofía del arte

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Naturalismo estético

Primera versión del objetivismo estético. Presupone la idea de Naturaleza otorgándole la condición de sede originaria y fuente de los valores estéticos. Los valores estéticos del arte serían meros reflejos de los valores estéticos naturales. La doctrina aristotélica del arte como mímesis de la Naturaleza puede verse precisamente como una forma de naturalismo. También Platón defendió la teoría de la mímesis, pero en él este término tiene otro sentido que lo separa del naturalismo estricto y lo aproxima a un sobrenaturalismo (expuesto en el Ion: los poetas intérpretes de los dioses) y, por tanto, de algún modo, al materialismo filosófico. Si la obra de arte es bella, lo será en cuanto imita a la Naturaleza, pero, a su vez, en la medida en que la Naturaleza imita a las Ideas (es «imitación de una imitación», República, X, 595c). Y la imitación, en Aristóteles, es imitación de una Naturaleza que lo es por sí misma, sin necesidad ni posibilidad de imitar nada de algún modelo exterior (el Acto Puro ni siquiera conoce la existencia de la Naturaleza). Es cierto que también cabría apreciar en la doctrina aristotélica algunos vestigios de una concepción «artificialista», si el modelo a imitar por el artista lo interpretamos no tanto como causa ejemplar de la obra del artista, sino como causa ejemplar de la operatividad del propio artista en cuanto causa eficiente de la obra: el artista continuaría de modo analógico la acción morfogenética de la Naturaleza y pondría en acto «formas artificiales», imitadas o no, de las formas naturales. Otra versión menos entusiástica del naturalismo la constatamos en las teorías que ven el arte a la luz de la necesidad que el hombre, en cuanto «mono mal nacido» (la neotenia humana, según la teoría de Bolk), ha tenido que buscarse un sustituto de una Naturaleza para la que no estaba adaptado. Las artes serían ortopedias que en vano intentarían medirse con las obras de la Naturaleza. Los cínicos mantuvieron en la Antigüedad la tendencia a devaluar el arte en nombre de la Naturaleza, y el ascetismo cristiano siguió sus huellas, aunque fundándose en otros principios. Tertuliano, desde sus coordenadas mitológicas, pretendía convencer de que las artes ornamentales, pero también las artes plásticas e instrumentales, fueron inspiradas por Satanás a los hombres. [417]

La concepción naturalista del arte encuentra sus principales «pruebas» en las obras llamadas imitativas o descriptivas, muy abundantes en escultura y en pintura, pero no ausentes, al parecer, del todo en arquitectura (catedrales góticas y bosques germánicos) ni siquiera en música (música descriptiva: Las cuatro estaciones; hay una pedagogía musical que pretende abrir la música sustantiva a los niños haciéndoles ver cómo en la obra se contienen cantos de pajarillos, vuelta de campesinos fatigados a la vuelta de su trabajo, &c.). Pruebas que, sin embargo, pueden ser reinterpretadas desde otras perspectivas y, sobre todo, desde el análisis de la imitación como un caso particular límite de la construcción. Las líneas del retrato no están dadas en la realidad; el dibujo que un botánico hace de una hoja constituye un análisis de la misma que la cámara fotográfica, salvo que ya esté preparada a escala, por el propio dibujo, no puede hacer; las bóvedas articuladas góticas no tienen nada que ver, en su estructura arquitectónica, con los bosques germánicos, y si las vidrieras matizan la luz como los ramajes del bosque es porque la luz había sido ya percibida por el ojo humano de un modo característico. La creación de J. Haydn, más que descriptiva de un proceso que nadie vio, es narrativa de un mito, de una teoría mítica que, además, anticipaba en dos siglos (cuando canta en su primer coro: Und es ward Licht), la teoría del big-bang. {E}

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