Libertad

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Tipología de concepciones filosóficas de libertad

A efectos de obtener una tipología capaz de diferenciar a concepciones que verdaderamente puedan considerarse opuestas, cuanto al contenido ontológico mismo de la doctrina de la libertad (y no ya sólo cuanto a la estructura metodológica), acaso el criterio más profundo sea el que tenga en cuenta el horizonte de la idea de libertad (el que se configura a la altura del segundo trámite, tanto en el modelo regresivo como en el progresivo) y por respecto al cual se forma la antinomia de la libertad que es el problema transcendental de mayor significación filosófica. Desde el punto de vista de la tradición filosófica (en cuanto se contradistingue de las tradiciones míticas), la antinomia de la libertad viene formulada por mediación de la idea de causalidad que habrá de estar incorporada a ese horizonte de la Idea. Es, pues, por relación a este horizonte causal cómo la libertad humana puede recibir un formato dado a una determinada escala más bien que a otra. Y el modo más adecuado de clasificar estos horizontes posibles de la libertad humana y, por tanto, las fórmulas diversas de la antinomia de la libertad, será el que tenga en cuenta la mayor o menor semejanza de un horizonte dado con la propia libertad humana que tomamos como referencia. Según esto, la clasificación principal de las doctrinas filosóficas posibles sobre la libertad humana será aquella que las agrupa en estas dos familias, según los siguientes modos de formular la antinomia:

(I) La primera, la caracterizaremos por la tendencia a concebir el horizonte de la libertad como un horizonte impersonal (radial) [246]. Estamos ante todas aquellas connotaciones de la libertad humana que terminan formulando la antinomia de la libertad por medio de la oposición dialéctica entre un orden natural, definido como no proléptico (no operatorio, no inteligente, no personal, mecánico, &c.) y la actividad operatoria humana. Se comprende que la causalidad incorporada a este horizonte sea del tipo de la causalidad eficiente. Dentro de esta gran familia habrá que incluir a la doctrina estoica de la libertad, cuando nos referimos a la filosofía antigua, y a la doctrina kantiana cuando nos referimos a la filosofía moderna.

(II) La segunda, caracterizada porque concibe al «horizonte de la libertad» como siendo él mismo un horizonte operatorio. Cabría llamarlo personal en un sentido lato; pero, más estrictamente, este horizonte operatorio ha de especificarse por medio de los otros dos ejes del espacio antropológico, como un horizonte angular [247] o como un horizonte circular [245] (especificación que, al propio tiempo, introduce la subdivisión principal en la familia de concepciones del segundo gran grupo). La causalidad incorporada a esta segunda familia de horizontes será, evidentemente, del tipo de la causalidad final. Distinguiremos las concepciones que resultan de la antinomia de la libertad considerada desde la perspectiva del eje angular, de aquellas otras concepciones que resultan de la consideración de la antinomia de la libertad desde la perspectiva del eje circular del espacio antropológico. Lo característico de los planteamientos «angulares» es formular la «antinomia de la libertad» (si queremos recordar el estilo kantiano), a partir de la oposición entre la actividad de la persona humanavoluntad humana– y las actividades de otras personas no humanas, siempre que a ellas se les atribuya un poder superior capaz de envolver a las propias actividades operativas humanas, reduciendo su libertad a la condición de pura apariencia. En esta perspectiva, la libertad humana quedará sistemáticamente comprometida por la causalidad (ahora final, teleológica) de otras personas superiores a los hombres. Los proyectos humanos, los programas o planes que los hombres conciben en el proceso operatorio de su acción proléptica, habrán de considerarse tan sólo como «subrutinas» de proyectos, programas, o planes suprahumanos. Es una situación que no tiene paralelo en la perspectiva de la causalidad impersonal; pues aquí sólo por metáfora cabe decir que el hombre es prisionero o esclavo de la Naturaleza. Una persona sólo puede ser prisionera o esclava de otras personas o entidades análogas. {SV 268-269, 274 / → SV 269-278}

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