Filosofía en español 
Filosofía en español

Teoría filosófica (gnoseológica) de la ciencia

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Identidad esencial / Identidad sustancial

La oposición entre estas dos acepciones de la identidad viene a ser la que media en griego entre los términos isos y autos (ego autos se traduce por «yo mismo», en sentido sustancial; iso pleuros se traduce por «equilátero», en sentido esencial). La voz «mismo», en castellano (derivada de met-ipsimus, a saber, del superlativo ipse y de la forma enfática met), nos remite a veces a la identidad sustancial («fue el mismo oso quien mató a las tres vacas») y otras veces a la identidad esencial («la piel de este animal es de la misma textura que la del oso»). Muchas veces, la identidad sustancial y la esencial aparecen compitiendo ambiguamente: en la historia del príncipe Nala del Mahbarata, la identidad sustancial del príncipe se ve «neutralizada» por las de otros dioses que toman clónicamente su forma. Entre los ainos, en el momento de la ceremonia cultual en la que se está sacrificando un osezno, se dice a la víctima: «Dí [a tus padres del más allá] que te hemos cuidado muy bien, que te amamos, para que así vuelvas en la próxima estación y podamos matarte de nuevo».

La identidad esencial es mucho más próxima a la igualdad, tal como la usan los matemáticos; pero también en matemáticas se usa la identidad sustancial (el autos). Así Euclides (Elementos de Geometría, Teorema I, 14, 15, &c.), cuando escribe una expresión tal como AB=CD (siendo AB y CD segmentos de recta), sobrentiende que se trata del mismo segmento (en sentido sustancial); mismo equivale, en efecto, muchas veces a autos, pero otras veces a isos (Suppes sugiere que para expresar la mera igualdad de longitud –que es igualdad de forma– habría que escribir, no ya «AB=CD», sino: «longitud de AB = longitud de CD). Dado un triángulo equilátero ABC, si representamos por bA, bB y bC a las bisectrices de los ángulos respectivos (intrepretadas como conjuntos de puntos), es evidente que la relación «=» establecida entre (bA ∩ bC) = (bB ∩ bC) = (bA ∩ bB), expresa una «identidad sustancial», pues es el mismo (autos) punto o incentro el de intersección de estas tres bisectrices.

Pero la identidad sustancial no es sólo una categoría matemática. La teoría lógica de las descripciones definidas, se mueve también en torno a la identidad sustancial: «el autor del Quijote es el mismo (autos) Cervantes… o es el mismo autor que el de Rinconete y Cortadillo; o bien «la estrella de la mañana es la misma (estrella) que la estrella de la tarde»; los manuales de Lógica suelen tratar de las descripciones a continuación del capítulo en el que se expresan las reglas de la constante de identidad.

La modalidad directa más importante de la identidad esencial es la modalidad de la necesidad, que va vinculada a la verdad definida en el ámbito de las identidades sintéticas sistemáticas, constituidas en los contextos determinantes. Por ello, la necesidad (o la verdad) no podría afectar jamás a una proposición inanalizada, sino, a lo sumo, a una proposición analizada, en tanto ella se corresponde con una esencia sistemática compleja de la que forma parte. La identidad de la esencia sistemática se nos presenta como una identidad interna, es decir, como una identidad que resulta de la concatenación de las partes del sistema, y que afecta al todo, no globalmente, sino en tanto está dado en función de las partes. Podemos afirmar, en conclusión, que cuando hablamos de las verdades científicas, en cuanto modulaciones características de la identidad sintética, tanto o más que determinar a la verdad por la identidad, estamos determinando la identidad por la verdad (por las verdades), puesto que lo que estamos haciendo es, precisamente, tomar contacto con modulaciones características (es decir, indeducibles de otras), es decir, estamos tomando contacto con modulaciones de la identidad como «engranajes» sinalógicos objetivos (una vez segregadas o neutralizadas las operaciones) de las partes atributivas dadas en un contexto determinante. Pero no por estar antes definiendo la identidad por la verdad, que la verdad por la identidad, cabría afirmar que la idea de identidad es superflua o simplemente «modular», porque la mera determinación de la verdad como identidad equivale a eliminar en cada modulación las otras modulaciones de la identidad, por ejemplo, isológicas, que la idea de verdad, en todo caso, arrastra (adecuación, coherencia…) y, simultáneamente, aproximamos la verdad científica a otras modulaciones más afines, como pudiera serlo la identidad sinalógica constitutiva de los símbolos de fractura complementaria a los que se refiere Platón en el Banquete (191-D).

Como modalidad más débil de la identidad esencial cabría considerar a la posibilidad, entendida como com-posibilidad de términos materiales (y no como posibilidad absoluta de una esencia). En efecto, la composibilidad equivale a una presunción de identidad autológica construible o, al menos, a una relación de igualdad externa que acaso pueda anunciar una igualdad interna. La modalidad opuesta contradictoriamente a la identidad es la imposibilidad entendida como negación de composibilidad. Ahora bien, la imposibilidad, como negación de composibilidad, sólo tiene sentido referida a una materia k (como ocurre también con la igualdad, con la identidad). No tiene sentido hablar de una imposibilidad indeterminada o absoluta. Y cuando se habla de posibilidad hay que especificar también la materia k de referencia. Según esto, habría que rechazar la distinción tan frecuente entre posibilidad lógica (o metafísica) y posibilidad física, o geométrica, o moral, &c., como ocurre, por ejemplo, cuando se habla del decaedro regular como una «posibilidad lógica», sin perjuicio de su imposibilidad geométrica; o cuando se dice que el perpetuum mobile de primera especie es lógica o metafísicamente posible porque «no envuelve contradicción», aun cuando luego resulte ser «físicamente imposible». Pero la imposibilidad (como negación de composibilidad física, geométrica) sólo aparece en las materias correspondientes: no son composibles diez polígonos iguales cerrando un espacio tridimensional. Lo que es posible es componer las palabras «decaedro» y «regular»; como también es posible componer las palabras «móvil» y «perpetuo»: pero estas posibilidades no son ni lógicas, ni metafísicas, sino meramente tipográficas, verbales o sintácticas. [212]

{TCC 150-151 / BS25a 26, 29-30 /
TCC 148-180 / → BS25a}

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