Filosofía en español 
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Sensación

Sensación

La sensación es el resultado de la acción del mundo exterior sobre nuestros órganos de los sentidos, “la transformación de la energía de la excitación exterior en un hecho de conciencia” (Lenin). El contenido de nuestras sensaciones es el mundo material. “La sensación es la imagen subjetiva del mundo objetivo” (Lenin). La filosofía idealista subjetiva, al negar la existencia de las cosas exteriores, objetivas, trata de hallar la fuente de las sensaciones en el propio sujeto, en el hombre. El machismo por ejemplo, afirmaba que el mundo no es otra cosa que el complejo de las sensaciones subjetivas del hombre. Esta invención idealista y anticientífica es refutada por la práctica del hombre que a cada paso comprueba la existencia de las cosas objetivas, cuyas imágenes y copias subjetivas son las sensaciones. La sensación es la fuente de nuestros conocimientos sobre el mundo exterior circundante. Gracias a nuestras sensaciones nos relacionamos con el mundo exterior, lo conocemos y nos orientamos en él para nuestros actos. Pero la sensación sólo es el primer peldaño en el proceso del conocimiento. La sensación directa, por sí misma, puede a veces inducir al hombre a un error, convertirse en una fuente de ilusiones. El raciocinio –peldaño superior del conocimiento– reelabora los datos de las sensaciones en conceptos, categorías, leyes, &c., que reflejan más profundamente el mundo exterior y cuya exactitud es comprobada por la práctica.

Diccionario filosófico marxista · 1946:275-276

Sensación

Reflejo en la conciencia humana de las propiedades de los objetos y de los fenómenos del mundo material, como resultado de su acción sobre los órganos de los sentidos. Nuestras sensaciones son las imágenes del mundo exterior. Las sensaciones son las formas elementales del reflejo de ese mundo en nuestra conciencia, y constituyen la base de las formas más complejas; percepción (ver), representación (ver), diferentes formas del pensamiento (concepto, ver; juicio, ver; razonamiento, ver). Las sensaciones constituyen la fuente de todos nuestros conocimientos sobre la realidad material exterior. “Nada podemos saber ni de las formas de la substancia ni de las formas del movimiento, si no es por nuestras sensaciones” (Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, p. 339, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948). Los objetos y los fenómenos materiales, al actuar sobre nuestros órganos de los sentidos, determinan una excitación del tejido nervioso que se trasmite por los nervios centrípetos a la corteza de los grandes hemisferios y provoca así la sensación. El aparato anatomo-fisiológico indispensable para la aparición de la sensación, fue designado por I. P. Pavlov (ver) con el nombre de analizador. Se infiere que la sensación es debida a la transformación de la energía de una excitación exterior en un estado de conciencia, proceso inseparable del sistema nervioso central.

Las sensaciones no aparecen en los organismos animales sino en una etapa determinada de su evolución. Cuanto más elevada es la organización de un animal y más complejos son su sistema nervioso y su comportamiento, tanto más variadas y perfectas son sus sensaciones. El desarrollo de las sensaciones en el hombre se halla condicionado por su actividad práctica, por la complejidad creciente de su vida económica y social.

Las sensaciones humanas se hallan indisolublemente ligadas al pensamiento (ver), forma de conocimiento mediato y generalizado de la realidad, y por eso ellas son siempre conscientes. Las sensaciones pueden ser divididas en dos grupos: 1) Sensaciones que reflejan las propiedades de los objetos y de los fenómenos del mundo material: visuales, auditivas, olfativas, gustativas y táctiles. Sus órganos están situados en la superficie del cuerpo humano o en su proximidad. 2) Sensaciones que reflejan los movimientos de diferentes partes de nuestro cuerpo y el estado de nuestros órganos internos: sensaciones del movimiento y del equilibrio, sensaciones orgánicas. Sus órganos se sitúan en los tejidos mismos o en la superficie de los órganos internos.

Los “machistas”, los positivistas y otros idealistas subjetivos afirman que la sensación separa al sujeto del mundo que lo rodea. Y declaran que las sensaciones humanas, lejos de reflejar las propiedades de los objetos y de los fenómenos materiales, no son más que símbolos, jeroglíficos que no se asemejan en nada a las propiedades en cuestión. Según este punto de vista anticientífico, el hombre no podría pasar los límites de sus propias sensaciones ni conocer los propiedades de las cosas o de los fenómenos existentes fuera e independientemente de él. En su Materialismo y empiriocriticismo (ver) V. Lenin denunció los sofismas de los idealistas subjetivos en todas las cuestiones gnoseológicas, inclusive la de las sensaciones. “El sofisma de la filosofía idealista consiste en considerar la sensación no ya como vínculo de la conciencia con el mundo exterior, sino como un tabique, un muro que separa la conciencia del mundo exterior; no como la imagen de un fenómeno exterior correspondiente a la sensación, sino como ‘lo único existente’” (Ibid., p. 46). Lenin mostró que la actividad práctica del hombre, criterio de la validez de nuestros conocimientos, reduce a la nada todas las lucubraciones de los idealistas subjetivos relativas al problema de las sensaciones.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:460-461

Sensación

Resultado elemental de la acción que ejerce el mundo objetivo sobre los órganos de los sentidos (analizadores) del hombre. Los factores más diversos del medio exterior (oscilaciones electromagnéticas, moléculas de las sustancias químicas, &c.) excitan la parte periférica del analizador: el receptor; la excitación se transmite, en forma de impulsos discontinuos, por las vías nerviosas a la parte central del analizador: la corteza del cerebro, donde surge la sensación. Resulta, pues, que la sensación es secundaria respecto a la realidad material. En dependencia del carácter específico de los estímulos exteriores, las sensaciones se dividen en varios grupos separados; visuales, táctiles, auditivas, gustativas, olfativas, &c. Cada grupo de sensaciones posee una modalidad específica o conjunto de cualidades no comparables con las cualidades de las sensaciones de otro grupo. Así, los colores no son semejantes a los sonidos, a los sabores o a los olores. Las sensaciones más desarrolladas son las visuales; siguen luego las táctiles, las auditivas, las gustativas y las olfativas. Entre las sensaciones y las propiedades de los objetos del mundo exterior que las provocan existe una relación caracterizada por el hecho de que a una misma calidad de sensación, pueden corresponder distintas propiedades de los objetos exteriores. El proceso de la cognición del mundo objetivo comienza con las sensaciones. En dicho proceso, las sensaciones cumplen dos funciones. En primer lugar, las sensaciones tomadas por separado actúan en calidad de señales. Por ejemplo, el color nos señala la temperatura de un metal incandescente. La fuente de nuestro conocimiento acerca de la temperatura del cuerpo dado no es el color mismo, sino la correlación existente entre color y temperatura, correlación que conocemos de antemano. La segunda e importante función de las sensaciones estriba en que, formando parte de la imagen dada en la percepción, transmiten nexos y relaciones inherentes al mundo objetivo. Las sensaciones (como también las otras formas de la contemplación sensorial) constituyen el único cauce por el cual el hombre se halla directamente unido al mundo objetivo. Lenin, en Materialismo y empiriocriticismo, hizo una crítica de la interpretación idealista de las sensaciones.

Diccionario filosófico · 1965:416-417

Sensación

Fenómeno psíquico elemental, que surge a consecuencia del influjo directo de las cosas del mundo objetivo sobre los órganos de los sentidos (analizadores) de los animales y el hombre, influjo que se siente subjetivamente como calidad propia de las cosas mismas, por ejemplo, “rojo”, “verde”, “caliente”, “frío”, &c. (véase Calidades primarias y secundarias). Los factores más diversos del medio exterior (ondas de luz y acústicas, moléculas de las sustancias químicas, &c.) influyen sobre la parte periférica del analizador, son codificados por este último y se transmiten en forma de impulsos electroquímicos por las vías nerviosas a la parte central del analizador –la corteza cerebral–, en la que surge precisamente la sensación. En el hombre, los más desarrollados son el analizador ocular y el correspondiente sistema de sensación. Luego siguen las sensaciones táctiles, acústicas, gustativas y demás. Cada grupo de sensaciones es específico: posee un conjunto de calidades que se transforman incesantemente unas en otras y son incomparables con las calidades de otros grupos de sensaciones: los colores no se parecen a los sonidos, sabores u olores. La sensación posee también intensidad. En el proceso del conocimiento, las sensaciones constituyen la base para la formación de las representaciones elementales.

Diccionario de filosofía · 1984:387