Filosofía en español 
Filosofía en español

Parte y todo

no figura

Diccionario filosófico marxista · 1946

no figura

Diccionario filosófico abreviado · 1959

Parte y todo

Categorías filosóficas que reflejan la relación y la conexión entre distintos objetos, sus aspectos y elementos. Esta conexión posee el carácter de un todo y los objetos, respecto a ella, aparecen como partes suyas. Aristóteles distingue por primera vez el todo de una mera suma cuantitativa de partes. En la filosofía premarxista se presentaron dos soluciones contrapuestas al problema de la totalidad: una aditivo-metafísica, según la cual “el todo es la suma de las partes, nada hay en el todo que no esté en las partes”; en la otra, místico-idealista, se considera que “el todo es más que la suma de las partes; es la esencia espiritual incognoscible”. En la filosofía clásica alemana (Schelling, Hegel), se establece una diferenciación entre el todo inorgánico y el todo orgánico, que se autodesarrolla; mas éste se vincula tan sólo al desarrollo del espíritu, y no a la materia. En el siglo XIX, son muchas las escuelas idealistas (neovitalismo, holismo, gestaltpsychologie, estructuralismo, universalismo, intuitivismo y otras), que utilizan en gran escala las especulaciones en torno al problema de la totalidad. La relación objetiva real “parte-todo” encuentra su expresión en los dos tipos más generales: el inorgánico y el orgánico. El todo inorgánico constituye la forma de unión de los objetos en cuyo seno los elementos que la componen se encuentran en una interconexión estrecha y estable. Las propiedades del todo inorgánico no pueden reducirse a la suma mecánica de las propiedades de sus partes. Ejemplos de tales formaciones íntegras: los átomos, las moléculas, los cristales, &c. En cambio, el todo orgánico (organismo vivo, sociedad, &c.) constituye tal forma de conexión de objetos que, con ella, la unión dada como un todo realiza su facultad de autodesarrollo, pasando por sucesivos estadios de progresiva complejidad. Los componentes del todo orgánico no sólo están relacionados por coordinación, sino, además, por subordinación, pues unos elementos surgen de otros en el transcurso de la diferenciación del todo. Fuera del todo, los componentes no sólo pierden varias de sus propiedades (como sucede en el todo inorgánico), sino que ni siquiera pueden existir. El tomar en cuenta la interacción dialéctica entre la parte y el todo es de gran importancia en el proceso del conocer. En los casos en que los fenómenos son complejos, resulta singularmente necesario tener en cuenta; 1) que es erróneo reducir el todo a la parte, ya que ello puede conducir a la pérdida de la comprensión del todo como determinación cualitativa subordinada a leyes específicas; 2) que es necesario considerar el todo en su íntegra complejidad, en la relativa independencia de los aspectos, elementos y partes de que consta, pues estos últimos pueden tener peculiaridades concretas no coincidentes de manera directa con el todo; 3) que el examen de los aspectos y partes como tales ha de tener como premisa el conocimiento (aunque sea preliminar, hipotético) de la naturaleza del todo, y viceversa, el estudio del todo ha de apoyarse en el conocimiento de las propiedades de sus partes componentes, de sus elementos.

Diccionario filosófico · 1965:352-353

Parte y todo

Categorías filosóficas que expresan la relación entre el conjunto de objetos (o elementos de un objeto) y el nexo que los une y conduce a la aparición en el conjunto de nuevas propiedades y regularidades no inherentes a los objetos aislados. A través de este nexo se manifiesta el todo, respecto al cual los objetos por separado constituyen las partes. Las categorías de la parte y el todo caracterizan también el avance general del conocimiento, que de ordinario comienza por una representación general sobre el todo, luego pasa al análisis, a la desintegración del todo en partes y culmina con la reproducción del objeto en el pensamiento en forma del todo concreto. El problema de la parte y el todo fue planteado en la antigüedad (Platón, y, sobre todo, Aristóteles) y desde aquel entonces se estudia por todas las corrientes filosóficas de importancia. Las corrientes materialistas, orientadas a la ciencia, estaban ligadas, por lo común, con la comprensión mecanicista del todo copiada de la mecánica (y más tarde, de la física clásica). En cambio, las concepciones idealistas hacían hincapié en la irreductibilidad del todo a la suma de las partes; en calidad de auténticamente íntegras sólo se estudiaban los productos de la actividad espiritual, mientras que las formaciones materiales se interpretaban como agregados mecánicos, muertos. Esta fue, en particular, la base de la contraposición del saber filosófico y el saber científico. La filosofía clásica alemana (Schelling, Hegel) distingue entre el todo inorgánico (mecánico) y el orgánico (en autodesarrollo), pero este último sólo se liga al desarrollo del espíritu, y no de la materia. En los siglos 19-20, las especulaciones sobre el problema de la relación entre la parte y el todo se utilizan ampliamente por muchas escuelas idealistas (neovitalismo, holismo, intuitivismo, &c.). Reinterpretando con espíritu crítico las tradiciones de la filosofía clásica alemana, Marx formuló los principios del estudio del todo orgánico: método de ascenso de lo abstracto a lo concreto, comprensión dialéctica del análisis, y síntesis, &c. Marx fundó también la metodología de la investigación científica de la sociedad como un todo. Al mismo tiempo, el materialismo dialéctico sintetiza los datos de las concepciones y disciplinas teóricas basadas en un enfoque integral de los objetos. El nuevo enfoque permitió explicar racionalmente la dialéctica de la parte y el todo. Se mostró no sólo teóricamente, sino también por vía experimental que en el caso de los objetos complejos, el todo es irreductible a la suma de las partes. El todo se caracteriza por nuevas cualidades y propiedades no inherentes a las distintas partes (elementos), pero que surgen en virtud de su interacción en un sistema determinado de concatenaciones. Esta peculiaridad de cualquier formación íntegra, que puede llamarse propiedad de la integratividad, es un importantísimo rasgo general de todas estas formaciones, que permite comprender también los demás rasgos específicos del todo. Se refieren a ellos: el surgimiento de lo nuevo en el proceso de desarrollo; la aparición de nuevos tipos de integridad; el nacimiento de nuevos niveles estructurales y su interdependencia jerárquica; la división de los sistemas íntegros en orgánicos e inorgánicos, basada en que las propiedades de las partes de un sistema inorgánico (átomo, molécula, &c.), aunque reflejan la naturaleza del todo, se determinan, no obstante, por la naturaleza interna de las partes, mientras que las propiedades de las partes de un sistema orgánico (sistemas orgánicos y mecánicos), por ejemplo, de los objetos biológicos y sociales, se determinan enteramente por las propiedades del todo. Los componentes de un todo orgánico, siendo productos del desarrollo de éste, no pueden ser disociados del mismo como partes externamente aisladas sin que pierdan su nueva naturaleza. El conocimiento contemporáneo resuelve también la famosa paradoja cognoscitiva: ¿cómo podemos conocer el todo antes de las partes, si esto supone conocer las partes antes del todo? La solución de esta paradoja tiene como base la unidad dialécticamente comprendida entre el análisis y la síntesis. El conocimiento del todo y de las partes es un proceso simultáneo: al discriminar las partes, las analizamos como elementos del todo dado, mientras que gracias a la síntesis, el todo aparece como dialécticamente desintegrado y compuesto por las partes.

Diccionario de filosofía · 1984:327