Filosofía en español 
Filosofía en español

Individual, particular y general

Individual, particular y general

En la Naturaleza hay fenómenos individuales que, unidos en grupos, se rigen por leyes particulares. A su vez ya estos grupos están sujetos a leyes de un valor universal. Por ejemplo, el manzano y el peral, son dos especies individuales diferentes de vegetales. Pero entre ellos hay también mucho de común en la estructura de sus flores y frutos. Por eso, el manzano y el peral se unen en un mismo grupo particular o en un mismo género. El cerezo y el ciruelo son también dos distintas especies individuales, pero semejantes entre sí en la estructura de la flor y del fruto; ambos tienen un fruto jugoso con pequeño carozo; pero pertenecen a un género diferente al del manzano y al del peral. Los vegetales que forman en ambos géneros mencionados (el manzano, el peral, el ciruelo, el cerezo) tienen a su vez entre sí, rasgos comunes en la estructura de la flor que es el órgano más importante para determinar el parentesco entre los vegetales. Por eso, estos dos géneros se incluyen en la familia común de las rosáceas. En la Naturaleza, de esta manera, lo individual, lo particular y lo universal están ligados mutuamente. Lo universal y lo particular se hallan en lo individual y se manifiestan sólo a través de lo individual. “Lo particular no existe de otra manera que en la relación que lleva hacia lo general. Lo general sólo existe en lo particular, a través de lo particular” (Lenin). El conocimiento refleja esta relación objetiva. “Todo conocimiento real, cabal, radica sólo en que en nuestra mente abstraemos lo único de su singularidad y lo traducimos en una particularidad y de esta última en la universalidad” (Engels). Por ejemplo, la tesis de que la frotación produce calor será un juicio sobre lo singular, puesto que aquí se hace notar un hecho singular. La tesis: “el movimiento mecánico se transforma en calor”, será el juicio de lo particular, puesto que aquí se hace notar la forma mecánica particular del movimiento, que se transforma gracias a la frotación en otra forma particular del movimiento: en calor. Y por último, la tesis: “cualquier forma de movimiento puede y debe transformarse en otra forma cualquiera del movimiento”, será un juicio universal. Por consiguiente, lo singular, lo particular y lo general son formas del movimiento de los conceptos humanos, en los que se refleja el mundo objetivo. “Esto demuestra que las leyes por que se rige el pensamiento y las leyes porque se rige la Naturaleza se ajustan necesariamente entre sí, si sólo son correctamente concebidas” (Engels). El camino histórico del movimiento del conocimiento humano es el siguiente: de lo singular a lo particular y de lo particular a lo general. “Las ciencias naturales nos demuestran... la conversión de lo singular en lo general” (Lenin). Por ejemplo ya los hombres prehistóricos sabían prácticamente que la frotación produce calor. Después de un largo período que duró miles de años, los hombres se convencieron de que todo movimiento mecánico, mediante la frotación, puede convertirse en calar, y, finalmente, en la fase actual del desarrollo de la ciencia, los hombres supieron que cualquier forma del movimiento puede, bajo determinadas condiciones para cada caso, convertirse en cualquier otra forma del movimiento. De esta manera, el juicio de lo singular, de lo particular y de lo universal, nace de la práctica humana. “Las formas lógicas y las leyes no son una cubierta vacía, sino el reflejo del mundo objetivo” (Lenin).

Diccionario filosófico marxista · 1946:157-158

Singular, particular y universal

Categorías de la dialéctica lógica que reflejan el vínculo, la interdependencia y las transformaciones recíprocas de los fenómenos del mundo objetivo. El problema de lo singular y de lo universal ha sido siempre una dificultad para los idealistas y los metafísicos, que no comprenden la unidad y la oposición dialécticas de esos términos, su correlación y su interdependencia. Los idealistas subjetivos, que reducen los fenómenos singulares a complejos de sensaciones, niegan lo universal. Los idealistas objetivos, que consideran los fenómenos singulares como insignificantes, hacen de lo universal un producto del pensamiento puro.

En oposición a la filosofía idealista, el materialismo dialéctico sostiene ante todo, que los conceptos de singular, de particular y de universal reflejan hechos reales, aspectos determinados de la realidad objetiva. El mundo objetivo está compuesto de fenómenos individuales. Pero esos fenómenos, lejos de estar aislados, se encadenan los unos con los otros. En virtud de sus orígenes comunes, gracias a rasgos semejantes y a su interdependencia interna, los fenómenos singulares se reúnen en grupos homogéneos. Los conceptos filosóficos de singular, particular y universal, traducen este vínculo, esta comunidad. Es así como plantas y animales (lo singular) son reunidos en especies (lo particular) y en géneros (lo universal). Cada objeto o fenómeno de la naturaleza es material, y esta propiedad común agrupa a todos los fenómenos y a todos los objetos en un todo único. Ese todo “universal” es la naturaleza, la materia. Cada formación social se desarrolla de acuerdo con sus propias leyes económicas objetivas, pero al mismo tiempo, todas las formaciones están regidas por leyes económicas comunes que las ligan en un mismo y único proceso universal del desarrollo social.

Así, lo singular, lo particular, lo universal, lejos de estar aislados entre sí, son aspectos diferentes de un todo único. Sin lo singular no hay universal: éste sólo existe gracias a lo singular, a través de este último. Pero lo singular a su vez, no es sino un aspecto de lo general, y es inconcebible al margen de éste, al margen de la naturaleza en su conjunto.

De esta dialéctica objetiva se desprenden conclusiones importantes. Puesto que lo universal no existe al margen de lo singular, el procedimiento idealista que separa las nociones generales de los fenómenos singulares reales, que deifica los conceptos para hacer de ellos el substrato del universo, posee un carácter místico. Tal es el caso de Hegel (ver), por ejemplo. Por otra parte, puesto que lo singular no existe más que en función de lo universal, todas las tentativas de los idealistas subjetivos, antiguos y modernos, de considerar las nociones generales, por ejemplo, la materia, el espacio, el tiempo, como palabras “hueras”, privadas de contenido objetivo, son igualmente místicas y hacen el juego a la religión. El vínculo dialéctico de lo singular, de lo particular y de lo universal es importante desde el punto de vista de la lógica y de la teoría del conocimiento. “Todo conocimiento real, a fondo, no consiste más que en esto: elevamos por el pensamiento lo singular, de la singularidad a la particularidad, y de ésta a la universalidad...” (Engels, Dialéctica de la naturaleza, Ed. rusa). Al erigir lo singular en universal, el conocimiento revela la esencia, las leyes de los fenómenos. Así, la proposición “el frotamiento es una fuente de calor” es un juicio singular, la comprobación de un fenómeno definido. La proposición “el movimiento mecánico se transforma en calor” es un juicio particular, el pasaje de lo singular a lo particular, la comprobación de una forma particular de movimiento, la forma mecánica, que se convierte en otra forma particular de movimiento, en calor. Lo cual conduce a profundizar el conocimiento del mundo. Por fin, la proposición: “toda forma de movimiento se convierte en otra forma cualquiera de movimiento”, es un juicio todavía más profundo, un juicio universal. Por consiguiente, lo singular, lo particular, lo universal, son conceptos movedizos que reflejan el mundo objetivo, que profundizan el conocimiento, que condicionan el progreso histórico del conocimiento humano.

La aplicación de esta dialéctica es de una importancia primordial para la actividad práctica del partido del proletariado. Así, el internacionalismo proletario (ver) traduce la comunidad de intereses y de las formas de lucha de los trabajadores de todas las nacionalidades. Y en la acción que sostiene por su liberación, el proletariado de una nación determinada se halla estrechamente ligado al de otras naciones, siendo esta lucha un sector del frente común del proletariado internacional entero en lucha por sus intereses de clase. Los problemas especiales, concretos que se plantean ante la clase obrera de cada país, se hallan íntimamente ligados a los problemas internacionales de toda la clase obrera. Las tareas comunes encuentran su expresión en las tareas particulares, precisas que realizan los trabajadores de cada país. Oponer el proletariado de un país al de otros países es encaminarse directamente por la senda del nacionalismo burgués. Los bolcheviques habían criticado severamente al “Bund”, partido nacionalista de la pequeña burguesía judía, que oponía los intereses particulares de los obreros judíos a los intereses y a los objetivos comunes de la clase obrera de Rusia en su conjunto. En el curso de su lucha contra los enemigos de la clase obrera, los clásicos del marxismo ofrecieron en sus obras modelos de análisis de la dialéctica de lo universal y de lo singular, aplicado a la política del partido comunista.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:463-465

Lo singular, lo particular, lo universal

Categorías filosóficas que expresan las distintas conexiones objetivas del mundo, así como los niveles alcanzados en su conocimiento. Las categorías citadas se forman en el transcurso de la actividad cognoscitiva práctica. Los objetos del mundo real poseen su peculiaridad, gracias a lo cual se distinguen entre sí. Por este motivo, el objeto se percibe como algo singular. No obstante, ya la práctica elemental descubre en tales objetos rasgos que se repiten, que les son comunes. Dicho de otro modo: resulta que lo singular posee también rasgos generales. Los rasgos y propiedades generales pueden ser inherentes sólo a un reducido grupo de objetos o a todos los objetos y fenómenos; en el primer caso, aparecen como lo particular; en el segundo, como lo universal. Lo singular, lo particular y lo universal se encuentran en conexión indisoluble, formando una unidad; su diferencia es relativa; pasan recíprocamente de uno a otro (véase Lenin, t. XXXVIII, pág. 359). La resolución científica del problema que trata de la correlación de lo universal en la conciencia, de su análogo en la realidad y de las propiedades singulares de los objetos, ha provocado grandes dificultades en la historia de la filosofía, Históricamente, se formó en primer lugar la representación ingenuamente perceptible de lo universal como lo parecido, lo que se repite. En ese momento no se plantea todavía la cuestión relativa a la fuente, a la causa de tal parecido, no se plantea el problema capitalísimo acerca de la naturaleza de lo universal, acerca de si éste refleja propiedades realmente existentes del mundo objetivo o tiene su raíz en la facultad de la conciencia generalizadora o en las propiedades de cierto absoluto espiritual. Los materialistas de la antigua Grecia eran partidarios de la primera idea acerca de la esencia de lo universal: Tales ve en el agua la base de todas las cosas, su universal; Heráclito la ve en el fuego; Demócrito, en los átomos. La concepción de lo universal como lo objetivo es propia asimismo de la mayor parte de los idealistas de la época clásica, pero en estos casos lo universal ya quedaba separado de la realidad material y se convertía en un mundo especial de esencias. Aristóteles criticó la teoría idealista de Platón sobre lo universal, pero no pudo resolver el problema. No considera lo universal como una esencia especial, aislada de lo singular. Según él, lo universal son, ante todo, abstracciones de la razón humana. Pero no quiere reconocerlas como esencias sólo pensadas, pues ello significaría negar su carácter objetivo. De ahí que Aristóteles considere también lo universal como esencia de los objetos singulares y como fin para el cual estos últimos existen. En el fondo se encuentra, en este punto, próximo a la idea platónica de lo universal. Con todo, si bien Aristóteles no resolvió el problema, lo planteó con precisión y ello explica que su doctrina sirviera de base para las discusiones entre nominalismo y realismo: las tesis contradictorias de la teoría de Aristóteles se convirtieron en la oposición de las escuelas filosóficas. La ciencia experimental de la Época Moderna, que se desarrolla en lucha contra la teología escolástica abstracta, dio origen a la protesta contra la interpretación teológica de lo universal. Vuelve a negarse el carácter objetivo de lo universal así entendido. Haciéndose eco de semejante posición, Locke entiende lo universal tan sólo como expresión verbal, abstracta, de la semejanza de los fenómenos y le niega toda realidad. Semejante criterio está en consonancia con la ciencia de aquel entonces, ante todo con la clasificación de los fenómenos en ella aceptada. El estudio, por la ciencia, de las leyes que rigen el mundo objetivo socava la concepción lockeana de lo universal. Ello se percibe ya en Kant y, sobre todo, en Hegel, quien diferencia lo “universal abstracto” como identidad, fijada en las palabras, de una serie de fenómenos (resultado de la simple semejanza) y lo universal auténtico, lo “universal concreto”, entendido como esencia interna, como ley de la existencia y del cambio de los fenómenos. Sin embargo, únicamente lo espiritual –el concepto, la idea– forman, según Hegel, lo universal auténtico. La concepción marxista de lo singular, lo particular y lo universal se basa en el reconocimiento de la idea de lo universal como reflejo de la unidad objetiva de los fenómenos del mundo. La semejanza esencial de los objetos o de los procesos no es más que una expresión de este profundo nexo objetivo. “La forma de la universalidad en la naturaleza –escribe Engels– es la ley... La forma de la universalidad es la forma de lo acabado dentro sí mismo y, con ello, de la infinitud; es la unión en lo infinito de las muchas cosas finitas” (Dialéctica de la naturaleza, 1955, págs. 186, 185). Por este motivo, lo universal plasma en sí la riqueza de lo particular, de lo individual, de lo singular. La dialéctica de lo singular, lo particular y lo universal expresa los nexos esenciales necesarios del mundo. La conexión objetiva de lo singular, lo particular y lo universal se encuentra expresada en el lenguaje, en la forma de explicación del objeto, en el procedimiento de investigación de los objetos. La relación entre lo singular, lo particular y lo universal estriba en su conexión, en el hecho de que lo singular no existe sin lo universal, ni este último sin lo singular; estriba en el hecho de que lo singular, en ciertas condiciones, se transforma en lo particular y en lo universal, &c. El análisis de estas conexiones dialécticas es de suma importancia, por ejemplo, para comprender las vías y leyes generales de la edificación del socialismo, su manifestación original y particular en los países singulares. Resulta, pues, que las categorías de lo singular y lo universal expresan, ante todo, los nexos esenciales del mundo objetivo y sólo por esto caracterizan también el proceso de conocimiento del mismo. La actividad práctica, orientada constantemente hacia los objetos singulares, aparece bajo una nueva luz con el conocimiento de lo universal, de las leyes, aspectos y propiedades que se repiten en estos objetos, y se concreta tomando en consideración las particularidades de las mismas.

Diccionario filosófico · 1965:424-425

Lo singular, lo particular y lo general

Categorías filosóficas que expresan las conexiones objetivas del mundo, así como las etapas de su conocimiento. Estas categorías se formulan en el curso del desarrollo de la actividad cognoscitiva práctica. Al comienzo, cada objeto aparece ante el hombre como algo singular. Ahora bien, la práctica elemental pone ya de manifiesto los indicios que se repiten en una serie de objetos, lo que permite agruparlos en determinadas clases. Los rasgos generales, propios de algunos objetos de una clase determinada, constituyen lo particular. Los otros, que se manifiestan en todos los representantes, sin excepción, de esta clase, se consideran como lo general. La solución del problema de la correlación de lo singular, lo particular y lo general en la conciencia y en el mundo objetivo, sobre todo el problema de la correlación de los conceptos generales y los objetos singulares reales, que se designan con tales conceptos, originó grandes dificultades en la historia de la filosofía. La representación visual, ingenua de lo general no plantea aún la cuestión de las fuentes, la causa de la coincidencia. Este punto de vista lo sostenían los materialistas antiguos griegos. Así, Tales ve la base de todas las cosas, de lo general en el agua; Heráclito, en el fuego, y Demócrito, en los átomos. La intelección de lo general como objetivo es propia también de la mayoría de idealistas de aquel período, pero ellos separaban lo general de la realidad material y lo convertían en el mundo especial de las esencias ideales (Platón). Aristóteles no consideraba lo general como ente específica, separada de lo singular, de los objetos del mundo real. Para él, lo general son, ante todo, abstracciones que utiliza la razón humana, pero, al mismo tiempo, constituye la esencia de los objetos singulares, la finalidad en aras de la cual existen estos últimos (aquí Aristóteles se aproxima a la interpretación platoniana de lo general). La doctrina de Aristóteles constituyó la base de las corrientes contendientes del nominalismo y el realismo (Realismo medieval). La ciencia experimental de la Edad Moderna, que se desarrollaba en lucha contra la teología y la escolástica, provocó la protesta contra la interpretación idealista de lo general. Expresando esta tendencia, Locke entiende lo general únicamente como expresión abstracta, verbal de la analogía de los fenómenos. Esta interpretación se concordaba con la práctica de las ciencias naturales de aquel entonces, sobre todo, con los intentos de clasificar los fenómenos. El desarrollo posterior de la ciencia teórica muestra la unilateralidad de la comprensión de lo general por Locke. Critican esta comprensión Kant, y, particularmente, Hegel, que diferencia lo “general abstracto”, como identidad de los fenómenos fijada en las palabras (la analogía simple de los mismos) y lo “general concreto”, lo general auténtico, entendido como esencia interna, ley de la existencia y cambio de los fenómenos. Al mismo tiempo, lo auténticamente general, según Hegel, aparece como algo espiritual: idea, concepto. El marxismo considera las categorías de lo singular, lo particular y lo general como medio de reflejo de las conexiones objetivas del ser. “La forma de la universalidad en la naturaleza –dice Engels– es la ley... La forma de la universalidad es la forma del carácter interno acabado y, con ello, de la infinitud; es la conjugación de muchas cosas finitas en lo infinito” (t. 20, pp. 548-549). Al poner de manifiesto, con ayuda de las categorías de lo singular, lo particular y lo general, la concatenación objetiva de las cosas y los fenómenos del mundo, la dialéctica materialista afirma que lo general plasma toda la riqueza de lo singular y lo particular, que lo singular no existe sin lo general, y este último sin lo singular y que, en determinadas condiciones, lo singular no está sólo vinculado con lo general, sino que también se convierte en este último. El análisis teórico y la reconstrucción de estas relaciones con ayuda de los conceptos tienen una importancia inmensa para la práctica, que, tratando los objetos singulares en condiciones específicas, se orienta por el conocimiento de las leyes universales que actúan como tendencia en estos objetos, y toma en consideración las peculiaridades que se determinan por las condiciones concretas. Así, en el curso de la edificación del socialismo y el comunismo se tiene que revelar la correlación de las regularidades universales de este proceso y las particularidades en algunos países, que se determinan por el carácter específico de su desarrollo histórico, su economía y cultura.

Diccionario de filosofía · 1984:394