José Ferrater Mora · Diccionario de filosofía
Editorial Sudamericana · Buenos Aires 1951
 
[tercera edición]
páginas 698-700

José Ortega y Gasset

Nació en Madrid (1883), ha sido profesor de Metafísica en la Universidad Central y dirige actualmente en Madrid un Instituto de Humanidades. Discípulo de Hermann Cohen en Marburgo y educado, por lo tanto, en la tradición del neokantismo, sus primeras enseñanzas filosóficas no responden, sin embargo, al contenido y sentido de la dirección marburguiana. Ortega y Gasset comienza con una negación de las pretensiones del racionalismo europeo y, sobre todo, de las tendencias que acentúan la primacía del pensamiento sobre el ser; la superación de la ontofobia del criticismo, que Ortega resume en sus primeros tiempos con la tesis programática de la «superación del subjetivismo», es efectuada por él mediante una decidida afirmación del valor y sentido de las «cosas», entendiendo por tales el conjunto de situaciones que constituyen en la vida del hombre su circunstancia. Su primera tesis filosófica, «Yo soy yo y mi circunstancia», debe ser entendida, consiguientemente, como el primer grado de la mencionada superación y a la vez como un primer ataque contra la exageración opuesta a la del racionalismo: la unilateralidad de toda filosofía pragmática de la vida. La vida (véase), que forma desde los primeros tiempos el tema central de las meditaciones de Ortega y sobre la cual insiste constantemente, no es más que uno de los elementos de su concepción total, una concepción que sólo resulta completa cuando se le agrega el término razón. Razón y vida, esto es racionalismo y vitalismo, quedan, por lo tanto, integrados en su filosofía por medio de una síntesis que no equivale sino imperfectamente a un movimiento dialéctico, pues la unidad de la vida y de la razón no es el resultado de la síntesis de unos contrarios, sino la manifestación de una necesaria coexistencia. La vida, esto es, la vida humana es para Ortega, en el mismo sentido que la existencia de Heidegger, el objeto propio de la Metafísica, un objeto cuyo carácter no consiste en «ser», porque la vida es todo lo contrario de una substancia o de un ente: es algo cuya realidad consiste en «llegar a ser», en hacerse continuamente a sí misma en íntima comunión con su circunstancia. La vida es para Ortega «programa», bosquejo que se forma el hombre en el movimiento de aproximación a su mismidad o, si la vida es falsa e inauténtica, en su alejamiento de ella. Vida falsa y vida auténtica, vida frívola o vida preocupada son, pues, dos formas cuyo cariz ético queda englobado en su ser ontológico, en su radical y constitutivo ser metafísico. A diferencia de otros seres, la vida humana es actividad pura; tiene que hacerse a sí misma, consiste en una continua e ineludible elección. Por eso la vida es todo lo contrario de una naturaleza, cosa o substancia, y por eso también el conocimiento no le es consubstancial o connatural al hombre. El hombre se decide a conocer racionalmente cuando irrumpe en su vida cierta experiencia; el pensar y la idea nacen cuando la forzosidad de la elección continua en que la vida se cifra obliga a completar con ideas la insuficiencia de las creencias (véase). La identificación de la realidad con la creencia hace que, al producirse un hueco en ella, surja la necesidad del pensamiento racional. La justificación del pensar y de la idea, que implica una teoría de la libertad como elemento necesario de la vida humana, permite entender el papel que en la filosofía de Ortega y Gasset desempeña la razón, papel eficiente y, hasta cierto punto, instrumental: la razón es instrumento que la vida maneja para su realización y que, por tanto, hace de la verdad no una mera adecuación del intelecto y de la cosa, sino una coincidencia del hombre consigo mismo. De ahí la necesidad de elaboración de una razón vital, de una razón histórica como parte esencial de una filosofía raciovitalista. Esta filosofía está destinada a superar tanto el idealismo como el realismo, tanto el viejo racionalismo europeo como la ciega ignorancia de lo personal y de lo íntimo. La meditación de Ortega y Gasset sobre la historia y especialmente sobre la historia concreta de Occidente se halla en íntima relación con una filosofía que, al hacer de la vida el objeto metafísico por excelencia, permite completar las nociones apuntadas con otras dos fundamentales sobre las que Ortega viene trabajando desde hace algún tiempo: la noción de la temporalidad y la noción de la historicidad. La primera se revela ya en el primer análisis de la vida, cuando al descubrirse su carácter temporal, su esencial finitud y, con ello, su sentido, se llega a una teoría del tiempo en la cual recibe el futuro una absoluta primacía sobre el presente y el pasado. Esta primacía, descrita por Ortega con el nombre de futurición, constituye la índole más profunda de la vida misma y el fundamento de la preocupación. Sólo porque la vida está preocupada, es decir, sólo porque se ocupa previamente de las situaciones que se perfilan constantemente ante ella, puede recibir todo pasado su sentido partiendo del futuro. La segunda noción fundamental que con toda claridad encontramos en las meditaciones de Ortega y Gasset, la noción de la historicidad, se manifiesta en el carácter histórico de la vida humana. El descubrimiento de la historicidad de la vida representa, al mismo tiempo, por así decirlo, el descubrimiento de la esencial historicidad de la historia, historicidad que Ortega contrapone a la clásica concepción del hombre como naturaleza, íntimamente enlazada, en su aplicación moderna, con el auge de la razón física. De ahí que propugne insistentemente por una sustitución de la razón física por la razón histórica, por una «aurora de la razón histórica» en la que ve el sentido de los futuros tiempos. Las consecuencias de esta concepción, que se refieren a los temas concretos de la vida humana y especialmente de la historia europea del presente, concuerdan justamente con la primitiva actitud antiintelectualista de Ortega, con su horror hacia la utopía, hacia el racionalismo político, hacia toda actitud que no tenga en cuenta la fecundidad de la vida humana, que es tiempo, historia, preocupación, quehacer, elección y programa. Así llega Ortega a una teoría del ser en la que éste es concebido, más allá de un mero devenir, como un auténtico fabricarse. Más aun: la investigación de Ortega sobre el ser alcanza un estrato anterior y más hondo que el de la habitual discusión filosófica al preguntarse cuál es históricamente la figura humana que se preocupa por el ser y el fundamento de este preocuparse. El hecho mismo de la filosofía requiere así ser aclarado filosóficamente, porque la filosofía no es un mero saber, sino un verdadero hacer que el hombre emprende para salvarse del naufragio constitutivo de su existencia: la busca de una realidad radical no es, en última instancia, sino la busca de una certidumbre radical en la que la vida pueda asentarse y desde la cual pueda plenamente vivir.

El pensamiento de Ortega y Gasset no está todavía concluso o, por lo menos, no lo está públicamente, de suerte que una exposición adecuada sólo podrá hacerse en la medida en que se conozcan los últimos desarrollos y en particular los que se refieren al tema de la razón vital como metafísica fundamental y al tema de la sociedad, bajo el análisis de la cuestión de «el hombre y la gente». En todo caso, su influencia es ya considerable, no sólo en la filosofía sino en múltiples aspectos de la vida cultural y social. Entre los que de modo más directo han sido influidos por él o han recibido sus enseñanzas puede citarse a Manuel García Morente, Joaquín Xirau y Xavier Zubiri (véanse), a quienes se han dedicado artículos especiales. Además, se han destacado: María Zambrano (Filosofía y Poesía, 1939; Pensamiento y poesía en la vida española, 1939; El pensamiento vivo de Séneca, 1943; Hacia un saber del alma, 1950), que ha desarrollado el tema de la filosofía y la poesía, y de la filosofía (o, mejor, la vida filosófica) y el cristianismo, así como el tema de la «razón mediadora» y las cuestiones que afectan al «saber del alma»; José Gaos, actualmente profesor en la Universidad de México (La crítica del psicologismo en Husserl, 1930; Dos ideas de la filosofía –en colaboración con F. Larroyo–, 1939–. Filosofía de Maimónides, 1940. – Dos exclusivas del hombre: la mano y el tiempo, 1943. – Pensamiento de lengua española, 1945. – Filosofía de la filosofía e historia de la filosofía, 1947. – Un método para resolver los problemas de nuestro tiempo, 1949), que ha formado, en España y México, muchos discípulos (algunos de ellos, como Leopoldo Zea, citados en el artículo sobre Antonio Caso). Gaos se ha ocupado principalmente del tema de la «filosofía de la filosofía» no sólo con vistas a una dilucidación de la estructura del «saber filosófico», sino también y especialmente con vistas a una comprensión de cierto tipo de vida humana propio del Occidente; de este modo ha llegado a veces a un historicismo radical, a una reducción de la filosofía a confesión y a personalidad, pero con la intención de dar una mayor y más plena «objetividad» al conocimiento: sus estudios sobre el pensamiento en lengua española y su interés por el examen de las raíces histórico-vitales de ciertas formas de pensamiento (distintas de la estrictamente filosófica) pertenecen también a la tendencia mencionada. Julián Marías (nac. 1914 en Valladolid), discípulo también de Zubiri, se ha distinguido no sólo en sus textos filosóficos (Historia de la filosofía, 1941; varias ediciones. – Introducción a la filosofía, 1947) y en sus interpretaciones del pensamiento de varios autores (La filosofía del P. Gratry, 1941. – Miguel de Unamuno, 1943. – La filosofía española actual: Unamuno, Ortega, Morente, Zubiri, 1948), sino en varios análisis originales (San Anselmo y el insensato y otros estudios de filosofía, 1944), así como en su aplicación del método de la razón vital en la citada Introducción. Luis Recaséns Siches (La filosofía del Derecho de F. Suárez.Los temas de la filosofía del Derecho en perspectiva histórica y visión de futuro, 1934. – Estudios de filosofía del Derecho, 1936. – Vida humana, Sociedad y Derecho, 1939. – Lecciones de Sociología, 1948) ha desarrollado los temas de la filosofía del Derecho a la luz de la filosofía de la razón vital y considera como tema de fundamental interés para el pensamiento contemporáneo la integración del existencialismo con la teoría de los valores.

Obras principales: Meditaciones del Quijote, 1914. Personas, Obras, Cosas, 1916. El Espectador, 8 tomos (I, 1916; II, 1917; III, 1921; IV, 1925; V, 1927; VI, 1927; VII, 1930; VIII, 1934). – El tema de nuestro tiempo, 1921. – España invertebrada, 1922. – «¿Qué son los valores?» (Revista de Occidente, 1924). – «Ni vitalismo ni racionalismo» (Revista de Occidente, 1924). – Kant. Reflexiones de centenario, 1924. – La deshumanización del arte, 1925. – Espíritu de la letra, 1927. – La rebelión de las masas, 1929. – Goethe desde dentro, 1934. – Estudios sobre el amor, 1939. – Ensimismamiento y alteración, 1939. – El libro de las misiones, 1940. – Ideas y creencias, 1940. – Mocedades, 1941 (incluye una parte publicada en Personas, Obras, Cosas). – Historia como sistema. Del Imperio romano, 1941. – «Apuntes sobre el pensamiento: su teurgia y su demiurgia» (Logos. Buenos Aires, I), 1941. – Teoría de Andalucía y otros ensayos, 1942. – Esquema de las crisis, 1942. – Dos prólogos, 1945 (contiene el prólogo a la Historia de la Filosofía de Bréhier, y el prólogo a Veinte años de caza mayor, del Conde de Yebes, ambos de 1942). – Primera recopilación de Obras (incompleta), 1935. La edición hasta ahora más completa, en orden cronológico, es la que ha aparecido en 6 tomos (I, II, 1946; III, IV, V, VI, 1947) con trabajos que antes no habían sido recogidos en volumen. Según Julián Marías (Ortega y la idea de la razón vital, 1948, p. 32, nota) la idea fundamental metafísica de Ortega se encuentra ya formulada en el artículo «Adán en el paraíso» (1910), pudiendo «tomarse como etapas sucesivas de su descubrimiento»: Meditaciones del Quijote (1914), «Verdad y perspectiva» (1916): publicado en El Espectador, I), El tema de nuestro tiempo (1923), «Ni vitalismo ni racionalismo» (1924); nota publicada en la Revista de Occidente); Kant (1924-29); la fecha de 1929 se refiere a la nota «Filosofía pura», apéndice al folleto sobre Kant); En torno a Galilei (1933): publicado luego en Esquema de las crisis); Guillermo Dilthey y la idea de la vida (1933: artículos aparecidos primeramente en la Revista de Occidente); Historia como sistema (el libro en castellano se publicó en 1941; pero el estudio es de 1936: se publicó en inglés en el tomo dedicado a Cassirer [véase]); Ideas y creencias (1940), «Apuntes sobre el pensamiento» (1941) y los dos citados Prólogos de 1942. – Véase: A. Sánchez Reulet, «El pensamiento de Ortega y Gasset» (Cursos y Conferencias. Parte I, vol. IX, nº 3, 1937. Parte II vol. XI, nº 6, 1937. Parte III, vol. XII, Nros. 7 y 8, 1937. Parte IV, vol. XII, Nros. 9 y 10, 1937 y 1938). – Humberto Díaz Casanueva, Das Bild des Menschen bei Ortega y Gasset und seine Beziehung zur Erziehungswissenschaft, 1938. – Joaquín Iriarte, S. J., Ortega y Gasset, su persona, su pensamiento y su obra, 1942. – Id., íd., La ruta de Ortega. Crítica de su filosofía, 1949. – José Sánchez Villaseñor, Pensamiento y trayectoria de José Ortega y Gasset. Ensayo de crítica filosófica, 1943. – David García Bacca, Nueve grandes filósofos contemporáneos y sus temas, t. II, 1947. – Miguel Ramis Alonso, En torno al pensamiento de José Ortega y Gasset (prólogo de J. Marías. Epílogo de M. Oromí), 1948. – Julián Marías, La filosofía española actual. Unamuno, Ortega, Morente, Zubiri, 1948 (y el libro antes mencionado sobre Ortega y la idea de la razón vital, 1948). – Manuel Granell, Lógica, 1949 (Parte IV, dedicada a la lógica de la razón vital). – También de Julián Marías, Ortega y tres antípodas. Un ejemplo de intriga intelectual, 1950 (análisis y crítica de los libros de Iriarte, Sánchez Villaseñor y Roig Gironella contra el pensamiento de Ortega).

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